Sin cuerpo a cuestas

 

    Esto es como digno del más dulce de lo sueños. Finalmente es mi parte física la que lleva a cabalidad el peso. Soy parte del sistema de los tercios caidos...

    Esa vez, la recuerdo,  vagaba por el valle de las pesadillas, y las piernas me temblaban. Pese a mi deseo de vivirlas y superarlas, y substituirlas por sueños de sensaciones placenteras, cedí a la derrota de mi cuerpo.

    Otra ocasión existío en que perdí el control de mi cabeza, no de mi mente, cual llena de tan maravillosos pensamientos que nunca salieron a flote por el mal manejor químico que mis partes superiores sufrieron.

    Las manos se rindieron ante el miedo; el estómago no pudo más; las zonas erógenas se esfumaron entre oscuras desilusiones cegadoras.

    Esta vez el cuerpo, de la cabeza a los pies, en perfecto estado anda mientras el alma atraviesa la agonía de su propio dolor, y la mente suplica ayuda a un cuerpo que antes fue tan odiado por ella...

 

Soy parte del sistema de los tercios caidos cuyas fracciones mucho les han suplicado a aquellas que tanto las han odiado. 

 

 

 

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