Habían pasado ya treinta minutos después de la hora acordada, sentada en la misma mesa de la esquina contemplaba el buqué de flores con el que seria reconocida esta vez. Raquel era una mujer contemporánea, menuda, cabello largo y castaño, discretamente maquillada lucia perfecto sus 36, era mujer de atrayente personalidad, guapa aunque no precisamente bella, un vestido morado algo revelador cubría su huesudo cuerpo, ella amaba ese vestido a diferencia de Caro que a menudo le resaltaba la importancia de vestirse con clase.
Paciente espero su nuevo idilio, pero las incesantes miradas de los comensales empezaban a incomodarla un poco, ¿en que punto había dejado que Caro la metiera en esto otra vez?... se preguntaba. Había oído hablar de toda clase de historias de citas a ciegas con finales felices, una compañera del trabajo había conocido a su marido italiano ¡por Internet!, pero como buena mujer de poca fé no les daba mas de 1 año. Después de todo si alguien tenía experiencia en este tipo de asuntos era ella, y jamás había pasado de la segunda cita, demasiado gordo, flaco, bajo, frívolo, antipático, tacaño, simple una lista innumerable de descripciones si no poco favorables, totalmente alejadas a lo que esta ragazza requiere.
- ¿Raquel? Dijo el hombre que la contemplaba a su costado, era alto no muy apuesto, cabello oscuro y crespo, ojos marrón que apenas se veían entre toda esa maraña de pelo alrededor. Se quedo pasmada con la boca abierta unos segundos antes de contestar.
- Hola llegas tarde.
No era la primera vez que veía a este hombre o tal vez si, quizás Carolina ya le había contactado una cita con este galán troyano, pero de tantas ya ni recordaba. Carolina era la mayor, su madre murió cuando eran aun niñas y Caro asumió su rol de madre divinamente, una de sus frustraciones mas grandes era la de no lograr que Raquelita se estableciera y sentara cabeza, -la soledad no es buena para una mujer Raquel- solía repetirle. Raquel era una profesionista exitosa y en este sentido era una mujer realizada, vivía sola en un moderno loft al sur de la ciudad, el dinero para ella no era problema, además era culta en las artes, había estudiado ballet en su niñez. En cambio su vida social no era especialmente vasta, amigos no tenia en realidad y sus citas consistían en una serie de ir y venir de amigos de un amigo de un primo del esposo de Caro.
No pasaron más de unos cuantos minutos antes de que Raquel saliera del café argumentando que tenía un compromiso importante del cual no podía safarse, además ella había ya esperado bastante. Cruzo la calle rápidamente con ese característico ritmo que se tiene cuando se trata de huir y abordo un taxi dos cuadras abajo.
- ¿A donde?
- Al 1703 de la Calle de Las Palmas, por favor.
- Tomare el eje central a esta hora no hay tanto tráfico, nos tomara unos veinte o treinta minutos llegar allí.
- Está bien no tengo prisa de todas formas.
El camino fue silencioso, efectivamente el eje central estaba perfectamente despejado. Circundando el antiguo bocho 79 que la llevaba, se abría paso una selva de construcciones enormes, todos diferentes mezclándose lo moderno con lo de antaño, lo minimalista con lo rustico y barroco.
- ¿Como va cambiando la ciudad poco a poco verdad?
- Así es Señoriíta yo recuerdo cuando se podía caminar por las calles de esta ciudad sin miedo no había tanta gente, ni trafico y ¡que decir de la delincuencia! pero ahora es una selva esto ¿que no?...
- Uno también cambio con la ciudad no le parece
- Puede que si
Efectivamente veinte minutos después de abordar el taxi estaba ya en su oficina, brillante y limpia, cada cosa en su lugar, los papeles ordenados perfectamente tal como los dejo el viernes todos en folders acomodados verticalmente sobre el escritorio de diseñador. Mientras esperaba que arrancara el sistema de su ordenador, meditaba un poco como ella había ido evolucionando tal como la ciudad que se extendía a sus ojos. Una ciudad que jamás descansa siempre cumple dramáticamente su deber de proveer a los habitantes todas las comodidades y servicios necesarios para ser moderna, pero que va mezclando sus valores mas antiguos con nuevas filosofías, y estos acaban diluyéndose cada vez más. Por fin arranca el sistema y Raquel simplemente no quiere pensar más en el asunto, hay mucho trabajo que hacer.
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