--No me gusta que mal interpreten mis silencios. No me gusta, en este tiempo, sentirme sola; aunque paradójicamente, amo la soledad. Tampoco gusto sentirme herida, enferma o floja, continuó. Luego volvió el silencio.
--De ti ¿qué te gusta? ¿Será lo mismo que a mí?
--Mi cuerpo no tolera el frío. Pero me gusta. Después de todo, es mío. Un regalo del cielo. Me gustan mis manos, mis ojos, y cómo miran; mi cuello largo de cisne negro, mis piernas de garza real, que por cierto no son no tan flaquitas
Mi ombligo, mis caderas, mis pies
Ya ves, seguiría haciendo una larga lista.
(...Porque cuando tú callas,
Tus silencios son míos... -continuaban en mi mente aquellos versos, interfiriendo la comunicación perfecta que yo me esforzaba por establecer-)
Me gusto toda, por fuera y por dentro. Me gusta ser sensible a lo que sucede a los demás; dar una mano, escuchar; más que hablar, consolar antes que ser consolada, mimar, pero también que me mimen un poco. Soñar con un mundo mejor.
Después de un breve silencio y un suspiro casi imperceptible: me gusta imaginar que podremos amarnos incondicionalmente alguna vez ¡Vaya, sí que me haz hecho hablar!
-Amarnos tú y yo, incondicionalmente, es lo que hemos hecho, dije, entre inocente e interrogativo. Quería seguir escuchándola.
-No decía eso: me refiero a la Humanidad. ¡A que pudiera dar ese salto evolutivo! En cierta forma, a la Humanidad le falta muy poco para ser perfecta: mírame a mí.
Yo me quedé observando una vez más aquellos ojos verdes, casi celestes, aquellas mejillas que en el día tenían los colores de las heliconias. El largo cabello liso y brillante, ese torso de diosa y aquellos pies menudos, angelicales.
-- Tampoco quise decir eso. Cierra los ojos. Te daré una mano: me gusta bailar, pintar, escribir, cantar. Soy curiosa, aventurera, romántica, idealista; fuerte en apariencia y muy blanda por dentro. Amiga de guardar secretos, de poner el hombro, el cuerpo o lo que sea para acompañar o auxiliar a un amigo. A diferencia de la Humanidad, amo física, emocional y espiritualmente. Sobre todo, me gusta el mundo esotérico. ¡Soy bruja! Bueno
algunas cosas descubrí de mí.
Conforme ascendía la luna y la noche se iba haciendo más clara, surgía sobre las con mayor intensidad la fosforescencia del seno de las aguas. Las olas se alejaban cada vez más, dejando un murmullo sobre las arenas pobladas de fósiles y caracoles vivientes, de cangrejillos y pequeñas aves nocturnas de largas y delgadas zancas.
Empezaba a hacer frío.
Acercándose... me abrazó.