SILENCIO (Segunda onda sonora)

 

SILENCIO

 

Érase una vez una ciudad post-moderna, oscura, fría, maldita, horrorosa, caótica, desenfrenada, rápida… érase una vez un tipo llamado Juan Carlos, un tipo al que me gusta llamar “yo interno”, con el que en ciertas ocasiones me cruzo por mi cabeza y me fastidia el rato. Érase una vez los amigos del tipo, todos, igual de cansados de la ciudad post-moderna, decidieron dejarlo todo e irse de viaje.

 

Encontraron, como salido de sus propios sueños un lugar en medio del bosque y atravesado por un riachuelo donde podían sentarse a hablar y en el que mientras todo el mundo caía a pedazos (cosa que eventualmente podría pasar), ellos tendrían la posibilidad de ignorar el Apocalipsis y quedarse allí para toda la eternidad.

 

Los amigos se sentaron frente a frente, formaron un circulo y como en un poema bucólico cantaron canciones de cuna con destino a sus compañero mas próximos, mi “yo interno” por primera vez era feliz, la ciudad lo había abandonado completamente y el ruido que siempre lo atormenta se había disipado, se podía acostar y mirar como el cielo azul se le iba acercando y mientras tanto, las nubes deseosas de llevarlo a un éxtasis aun mayor, lo masturbaban rítmicamente, y el se quedaba en el limbo del orgasmo que nunca acababa y que era perfecto.

 

Mi “yo interno” finalmente despierta, abre los ojos y mira hacia todos lados, sus amigos descansan bajo la oscuridad de la noche, ya no es feliz, decide caminar entre los árboles que lo rodean. Desde el otro extremo del bosque se escucha un canto, allí, en otro claro del bosque unos niños con ruana entonan canciones sentidas acerca de su vida, mi “yo interno” los escucha atentamente, de nuevo es feliz, sin embargo el canto se vuelve repetitivo, los niños se transforman en bestias de color amarillo que a los lados tienen una inscripción que versa: “transcooltran”, emiten gases por válvulas que tienen en su parte superior, otra inscripción dice “NUEVA MUZU-CENTRO-CHAPINERO”, un ruido gutural sale de sus gargantas, se paran sobre sus patas traseras y pitan frente a Mi Yo Interno que no puede hacer nada por apartarse de su camino, las bestias metálicas se acercan hacia el y con su maldito tono salvaje cantan repetidamente “aserrín acerran, los maderos de san Juan, piden pan no les dan, piden queso les dan hueso”, Yo Interno se revuelca en el piso, las bestias han pasado sobre su pierna, esta sangrando.

 

De pronto ve como las bestias vuelven a su forma original, los niños siguen cantando, han pasado un par de horas y ya esta amaneciendo, Mi Yo Interno se levanta y lentamente saca un cuchillo de su bolsillo, el dolor a causa de su pierna herida es insoportable, sumado a esto el ruido apalea su mente constantemente provocando una migraña insostenible para un hombre común y corriente, la canción es horrible incluso siendo la dulce melodía que cantan los niños, Yo Interno abraza a uno de los niños y cuando este abre la boca para cantar Yo Interno le acuchilla la lengua en un movimiento rápido y agresivo, que se ve contrastado por la lengua ensangrentada que cae suavemente hasta chocar contra el césped bañado en roció.

 

Repite exactamente los mismos movimientos a cada niño uno de los niños, que para ese momento tratan de correr pero son alcanzados por la furia indómita de Yo Interno, que al terminar su tarea sigue caminando por el bosque hasta llegar al campamento donde sus amigos duermen en paz.

 

Yo Interno se sienta y cierra los ojos, esta furioso y quiere calmarse, no obstante la respiración de sus amigos, sin ningún tipo de ritmo, desordenada, desenfrenada, fuerte e inconcebiblemente ruidosa no lo deja concentrar, Yo Interno desenfunda de nuevo el cuchillo y despedaza las distintas narices sin ninguna misericordia, sus amigos se levantan gritando y buscando por el suelo el miembro perdido. Pero es muy tarde para ellos y también para Yo Interno que se revuelca en el piso sin encontrar salida a su paranoia sonora.

 

El riachuelo, los árboles, los animales, todo suena, la noche es un personaje mas que se mueve con tremenda facilidad, esta en todas las direcciones infundiendo miedo en el cerebro de Yo Interno, las ramas se quiebran, es una metamorfosis continua, todo, absolutamente todo en el universo lo fastidia, sin misericordia. Al fin y al cabo esta realidad sale de los limites de lo humano o quizás ese ecosistema es demasiado humano como para escuchar a un semejante, la única solución lógica para Yo Interno es convertirse en un Edipo moderno y cortarse las orejas, por otro lado eso suponía tener que escuchar su  propia conciencia y quizás todo terminaría aun peor de lo que había comenzado si escribía un cuento acerca de lo sucedido.

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       06/10/07 21:32
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Me pareció un ingrediente fragmentario de novela, pero para el objetivo que propone, sugiero repasar su composición y eliminar palabras de más, haciendo más ágil la lectura. La historia lo merece. Es mi opinión. Saludos K.
Escrito por: claudia_ciru       27/09/07 20:06
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No me gustó mucho, la verdad, y empezaba curioso con la ciudad postmoderna. Rescato: la idea de cortarse las orejas a lo Edipo haciéndole pasar de ciego a sordo, la creación del personaje Yo interno.
Descarto: que se me hizo un pesado el rollo gore aunque lo de los amigos buscando los miembros me gustó. Luego sigo leyéndote porque hace tiempo leí cosas tuyas que me gustaron mucho más.
Escrito por: EITILEDA       26/09/07 14:16
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esta mejor desarollado que el anterior, estaría bueno q cada tanto le digas Juan Carlos, queda muy colgado que lo nombres así una unica vez al principio, se feliz
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