SIGLOS DE MORTAL SILENCIO , pero llegó el momento cuando su Majestad sintió que sus hombros no podían seguir soportando el peso de la historia recién contada En su desesperación, el Rey se levanta del asiento de la reunión cumbre, y con la voz quebrada por el peso de culpas echadas al viento, da un bramido de toro acorralado. Con el ojo ardiendo y espuma en los labios, exige a gritos aquello que la Inquisición y sus antepasados habían hecho cumplir a sangre y fuego con los esclavos de sus imperiales dominios en América: ¡CÁLLATE LA BOCA!