SER AMANTES

 

 

Nunca me había ocurrido esto con mujer alguna. Para mí, era una sensación nueva, pero lo cierto es que estaba metido en un atolladero. Dábamos por hecho el que nuestra relación fuera provisional, sin formalidades y sin formularnos promesas para que éstas no fueran incumplidas más adelante.
 
Esas eran las reglas del juego que habíamos admitido, pero al amarnos demasiado, una confusa incertidumbre se volvió el centro vital de nuestros desencuentros. Así, surgieron de manera inevitable muchas preguntas incómodas que no pudieron quedarse guardadas.
 
Un día, a la mitad de una de esas charlas que suceden tras el acto amoroso, nos referimos a él mientras recuperábamos el aliento, y luego de un silencio breve, aquilatamos todo el peso de las palabras que agregaríamos. Tienes razón tal vez; no deberíamos seguir con esto, es absurdo.
 
Fue ahí donde el tercero en discordia tomó un papel sobresaliente. Ella comprendió que era una situación injusta y que no podía seguir mintiéndose a sí misma. Yo me había quedado impávido, había sentido un repentino bochorno en las orejas, y me había mordido la lengua sin advertirlo hasta más tarde.
 
Tensa, a la espera de algo, no sabía exactamente qué, ella se acribillaba en ese instante con la palabra lealtad, entre otras cosas; lealtad a otro hombre y a una moral desarticulada que se presentaba traducida en remordimientos. En sus ojos veía que hablaba terriblemente en serio, y con una expresión de austeridad sobrecogedora, me hacía saber que no estaba bromeando.
 
Probablemente él ya había efectuado sobrios avances con anterioridad. Quizá ya le había dejado caer abusivas indirectas, o le había ido dejando veladas alusiones a sus estados alternos de ánimo, a sus respuestas ambiguas y equívocas. Estábamos en un terreno donde las suposiciones tomaban relevancia. Ambos nos miramos como descubriéndonos.
 
Luego, ella hizo un intento por explicarme todo lo que le debía a él, todo el agradecimiento que debía profesarle por su ayuda y todo el apego que la obligaba a mantenerse a su lado. 
 
Traté de tomarlo con entereza, como si él estuviera presente en nuestra plática, como si de pronto compareciera al principio de mi Apocalipsis personal. En mí se abría paso un decoroso estupor mientras mi cigarrillo se consumía imprudente, unos segundos antes de levantarnos de la cama para vestirnos en medio de un mutismo interminable. Su pronunciamiento había sido sincero y fatal.
 
Al salir del hotel, nos cubrimos de la lluvia y en el camino tratamos de suavizar nuestras objeciones, nos despedimos con un pacífico beso y fuimos aplazando esa discusión sin saber el futuro inmediato que se avecinaba.
 
En el transcurso de los días fuimos barajando soluciones y resoluciones por separado, fuimos tocando con pinzas el tema sin atrevernos a desmenuzar o planificar el futuro, tratando sólo de habituarnos a la idea de amarnos en secreto; dando por hecho asimismo, no hacer demasiadas locuras ni demasiadas sensateces.
 

Sintiéndome hipnotizado por su cuerpo desnudo, por sus dichosas piernas y su cintura seductora, ella me hacía traspasar las barreras del suspiro descarado.

 

De repente, los dos íbamos rodando inermes hacia un placer persuasivo como pocos y, sólo entonces, nos entregábamos otra vez al dulce contacto de nuestros sexos azorados por el acoplamiento para descubrir que ser amante consiste muchas veces en callar, en respetar el laconismo del otro, en arropar al otro con nuestro silencio, en entender que eso es lo que se necesita en ese preciso momento, sin que ninguno de los dos lo pida o lo exija.
 
No era una cuestión de principios, no; eso salía sobrando. Simplemente, habíamos entrevisto que muchas veces un encuentro se constituye mejor con los silencios oportunos, que con las confidencias intempestivas. No era necesario intercambiar peripecias ni narrarse novelas leídas hace mucho, ni discutir los desamores, sacando conclusiones de experiencias pasadas, ni mucho menos analizarse ideológicamente.
 

Una espontánea y solidaria complicidad capaz de borrar el desamparo de haber sido expulsados del paraíso, era lo único que demandaba, en rigor, la posibilidad de ser amantes.

 
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: carito       19/05/08 04:02
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
ALE LOS AMANTES JUEGAN UN JUEGO DE SEDUCCION CONSTANTE, SE ENCUENTRAN SE MATAN EN UNA CAMA AL PRINCIPIO TODO BIEN …PERO LUEGO DEL TIEMPO CUANDO YA LAS AHUJAS DEL RELOS INDICAN QUE ES LA HORA DE LA DESPEDIDA …MMMMM AHÍ ES LO TERRIBLE .
QUIEREN MAS TIEMPO PARA COMPARTIR Y SIEMPRE SE TERMINAN AMANDO …NO EXISTE EN UNA PAREJA DE AMANTES SOLO EL SEXO ES MENTIRA …
LLEGADO EL MOMENTO SE MESCLAN LOS ROLES UNO DE LOS DOS RECLAMA MAS TIEMPO ,PREVALECEN LOS CELOS Y TANTICIMAS COSAS MAS.

NO ES LINDO EL ESCRITO ES EXECENTE AMIGO…UN BESOTE CON MUCHOOO RUIDO CUIDATE CARITO.
Escrito por: Pamy       14/05/08 05:11
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Hermoso Ale! una historia real, que seguramente le esta pasando a muchos amantes, la narracion perfecta!, no se te olvido nada..y termino diciendo (arresteme Sargento y pongame cadenas!) jaaaaaaa a buen entendedor...jiji
grande Ale~!!!!!!!!
Escrito por: Zero       14/05/08 02:39
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Comprendíemos por nosotros mismos lo que pasa, y como en un momento, de todo puede pasar si uno quiere.

Se establece aunque fuera por un momento como me lo decían, una conexión, un apego, una necesidad. lo que se busca si lse puedo encontrar, y que es una lástima no poderlo conservar junto a mí, pero si es posible lo que se creía imposible, improbable, y extraño.

Aunque después de los momentos te vuelves a quedar vacio otra vez, son solo momentos que no sabes si van a pasar otra vez, no sé que es más truncado si la rutina marcada y la aburrición constante, o solo momentos con tantas expectativas a la final, como resultado de lo inesperado y posiblemente la decepción, aun lo espero, pues llevo días, meses, en una constante búsqueda de no aburrirme y de encontrar cualquier excusa para no pensar en vos, para no pensar, planear y hacer cosas con vos, si me distraigo de la manera que sea es más fácil para mí seguir adelante, pero no estoy agusto, igual me estoy sintiendo vacía llevando mi vida por este rumbo, siempre quiero algo más que al otro día no está allí, no lo voy a intentar mas, no voy a buscar mas excusas, no voy a seguir haciéndolo, pues cuando se llega al punto de no estar agusto y preguntarse si esto es todo?
Escrito por: omenia       13/05/08 21:23
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
No es fácil ser "amante", pero creo que si al principio puede agradar, con el correr del tiempo las cosas cambian y la palabra "amante" queda grande porque la rutina ocupa el lugar y ya nada es igual. Buen escrito.
Escrito por: salvino       13/05/08 20:06
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
"No era una cuestión de principios...En fin:El sexo, el amor callado, ¿de que estamos hablando? Son preguntas que me hago y no te involucro. El placer de pocos, la desdicha o el limbo de (muchos inocentes) que creen en la gente. Lo de siempre, el animal humano. Excelente composición aunque como amante de Rulfo la encuentro un tantito ostentosa. Hay que exigirse en la síntesis y dejar que afloren los caracteres. No lo señalo a un cualquiera, se trata de una "tinta" que brilla como pocas en estas páginas.El gran abrazo uruguayo de siempre.
Escrito por: MinaLeNuit       13/05/08 19:56
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Interesate propuesta de lo que significa ser amantes. Muy bien narrado.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar relatos