En ese instante, todos supimos que jamás volveriamos a vernos. Con la voz entrecortada, un nudo en la garganta y una pequeña lágrima a punto de salir, nos dimos el último abrazo, la separación era inevitable, cada quien tomaba su rumbo, después de tanto tiempo juntos los inseparables amigos tuvimos que decir adios, por siempre adios; nunca más volveríamos a vivir lo que ese verano pasó, nunca enfrentaríamos la vida juntos, sólo cada uno sabía cuanto le dolía, esa noche cada uno tomó el tren que lo llevaría a su nueva vida, sin saber que al final el destino era inevitable, todos murieron esa noche, todos excepto yo.