Me mira desafiante. La gente grita para que nos matemos y voy a darles espectáculo, porque no sé hacer otra cosa, porque la adrenalina corre por mis venas y la huelo en el aire, voy a darles lo que tanto desean; sangre sobre la arena, espada contra cornamenta.
Está parado, inmóvil, está esperando que sea yo el que haga el primer movimiento; el silencio del público es inquietante, la calma que precede a la tormenta.
Corremos el uno hacia el otro, la gente se pone de pie y grita; corremos para matar o morir.
Estoy bañado en sangre, no sé si mía o suya, he roto la espada, él está de rodillas, muere mientras lloran las mujeres, gané yo matador.
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