Saltimbanqui

Saltimbanqui

 

Fue encontrado muerto en el estudio con siete fisuras en el cráneo, sellado por la empuñadura de su propio bastón, yacido sobre el suelo tapizado de borradores de poesías y fotografías de ella,  el proyector reproducía un filme muy viejo de risas y bailes, de viejos amigos.  Era mi amigo León, un cándido hombre que acaba de cumplir sus setenta años la noche anterior. Se había embriagado para luego descansar en la terraza de sus sueños y remembrar pasiones. Se dedicaba al amor doméstico que le debía a su esposa por haber ocupado muchos años de su vida a  otro amor: a la arquitectura, que lo había llevado a trabajar a Medio Oriente, a la India, a España…España, donde empezó a morir desde hace cuarenta y cinco años.

 

       Era un verano de calor infernal, León acostumbraba  dormir desnudo en alguna tumba del Cementerio General por las farras desaforadas que se daba cada día de descanso, según me contaba, amanecía junto a una mujer, ensopado por el balde de agua fría que le arrojaban las personas que iban a visitar al pobre cristiano sobre el que dormían. Era Barcelona, la infatigable,  con su Circo Dudu. Carpas de tonos oníricos, payasos, el mago y la saltimbanqui: Remedios. Era ver al ángel encarnado, a la primera bella, la aparición inmaculada del amor más puro…Remedios. Caminaba por el cielo, retando a los peligros más despiadados con una naturaleza que acabó por enamorar al vertiginoso León, tal vez eso fue, la naturaleza descabellada conque afrontaba la vida a su temprana edad, a sus catorce. Y a ésa edad ya tenía dueño, era el mago misógino, despotricado…un hijo de puta. A la niña se le habían muerto los padres, sin un rumbo claro se tomó de la mano del mago, y así vivían, qué mas daba.

 

      Después de una función León atisbó el sarcófago que usaba el mago en sus actos hundiéndose en la mar, tan profundo se hubiera hundido si León no hubiera tenido la curiosidad de preguntarse por su interior, se zambulló sin pensar dos veces, aleteando como presintiendo lo que descubriría al quitar la barra que atoraba la cerradura: Remedios dando sus últimos aires. La llevó a la superficie, la luna le pegaba de lleno, era transparente. La llevó al hospital a que le curarán su sexo herido, luego a su apartamento a quererla y consentirla, y ya cuando la niña estaba dormida se dio cuenta que la amaba como no había amado a mujer alguna. Consiguió la dirección del mago por una tarjeta que traía la niña, se introdujo con sigilo y le cortó de tajo los cojones.

 

     Se fue a vivir con ella a Madrid, ahí transpiraban su amor con la ventana abierta mientras los niños rezaban su angelito de la guarda. Era amor y sólo amor lo que se respiraba en la casa. Después de uno de esos amores fue cuando ella quiso demostrar su habilidad en la cuerda, salió por la ventana tan segura como en cualquiera de sus anteriores actos, tal vez ahora perturbada por su primer amor, tambaleándose como nunca. León sólo alcanzó a escuchar el eco que produjo su cuerpo en las baldosas del patio.

 

     Cuarenta y cinco años después León se acordaba bien de Remedios, a su casa habían llegado invitados para celebrar su cumpleaños, hubo un gran banquete con bebida y música, bailaron y rieron hasta saciarse, después fueron alojados en las cuatro habitaciones dispuestas para ellos, sólo no había espacio para Mariana, hija de unos amigos, que fue alojada en el estudio.  León lloró en silencio a lado de su esposa, ya el amor por ella se le había acabado y anhelaba como nunca a Remedios, se levantó al baño, luego fue al estudio y se encontró con ella. Mariana era muda, después escribiría mil veces en un cuaderno: “Remedios querida, déjame encontrarme contigo de nuevo esta noche, sólo esta noche”. Embriagado la tomó cariñosamente, como tomaba a Remedios; acabó y la dejó dormir, salió a la terraza que tenía el estudio a pensar como piensan los borrachos, entró y se puso a ver fotografías de sus buenos tiempos en España. La esposa se levantó, vio que el esposo no estaba, fue al baño y de paso a revisar a la niña, entonces se le revolvió el estómago,  tomó el bastón del esposo y lo agitó con violencia.

 

JPVV
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Comentarios:

Escrito por: K       28/12/07 18:19
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Es un buen cuento, debo decir que la historia es interezante y por supuesto, el final es increible, impredecible en cierta medida, pero tambien esperado para los siempre morbosos como yo. sin embargo tengo que decir algunas criticas, creo que un cuento corto debe concetrarse en la accion y tu narracion se enfoca demasiado en la descripcion de personajes y de situaciones.
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