


| Escritor: | verathegreat |
| Públicado: | 26/09/2007 |
La lluvia caía incesantemente y por momentos el camino parecía desdibujarse ante mis ojos. Seguía, no obstante, pensando en el encuentro que tendría lugar luego de tantos preparativos y expectativas.
La noche se había convertido en mi compañera hacía ya una hora. Ella desplegó la magia que suele acompañarla, desde ese preciso momento en que opacara la luz del día y circundara mi ansiedad con su halo misterioso.
Consulté una y mil veces la dirección pactada de manera de no equivocar el destino. Ya a esa altura no necesitaba consultar el mapa, lo tenía escrito en mi mente; sabía de memoria el trayecto que me llevaría a comprobar que el destino no siempre se equivoca, que las aventuras más arriesgadas siempre obtienen pago justo.
Entre esos pensamientos me encontraba cuando el cartel que me anunciaras apareció a mi derecha. Mi corazón aceleró su ritmo y por más que quise acallarlo para impartir mesura a la ocasión, hizo caso omiso y por un momento le sentí en mi boca.
Aún en la penumbra de la entrada del hotel, pude distinguir tu figura. Tu impermeable me pareció transparente, sólo vi lo que había visto tantas veces, tu robustez, tu piel
No sé cómo se detuvo el auto, lo único que recuerdo es cómo salí de él y cómo fuiste a mi encuentro con tus brazos abiertos, ávidos, prestos, dulces Ese abrazo, tantas veces anunciado y soñado, había llegado. Sentí que cada fibra de mi ser se deshacía en tus manos. Recorrimos con nuestros labios nuestros rostros hasta fundirnos en un beso profundo y merecido. Lloramos, reímos, pronunciamos nuestros nombres como si no lo hubiésemos hecho antes; después de todo, no los habíamos susurrado al oído piel con piel.
¿La lluvia? No fue impedimento para permanecer en su cobijo, sino el toque de la naturaleza que quiso acariciarnos, cuando supo que nuestras almas se encontrarían ese día.
Las palabras no hicieron falta para celebrar que nos teníamos. Hablaron los principales protagonistas, nuestros cuerpos. Se entendieron como si se hubieran conocido desde siempre. El placer no se hizo esperar y ya no pudimos resignarnos a estar ausentes para el otro.
Como todos los días, desde ese sublime momento, hacemos de cada despertar un nuevo comienzo y revivimos la bella sensación de sabernos cómplices de un desafío diario: el cultivar lo que el azar nos regaló al conocernos.
Feliz Aniversario Mi Amor.
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