Recuerdos familiares



“Me temo que tendremos que dejarlo ir Salazar. La reingeniería en la empresa desgraciadamente no contempla la posición que usted ocupa ahora y no podemos reubicarlo” me dijo Yépez jefe de Recursos Humanos, usando su jerigonza burocrática para anunciarme que estaba despedido y sin lugar a reclamo. ¡Me quedé sin chamba carajo!
Grave problema, salí de su oficina y me dirigí al baño ofuscado. Al entrar miré al espejo y observé atentamente mi imagen; el examen me dejó satisfecho. Estaba convencido de que me sería muy fácil encontrar un mejor empleo.
La mañana de un viernes recibí la llamada de mi amigo Ricky, mejor conocido como“Rucardo”, ejecutivo de marketing como yo, y  por su afición a las chicas;
-Hola Raymundo ¿qué planes para esta noche?
-¿Qué hay Rucardo? Normal nomás, no he pensado todavía en nada ¿y       tú?
-¿Te animas a ir a un sitio nuevo? Se llama TÁRTARO y tengo dos invitaciones.
-Pasa por mí a las 11, nos vemos.
Sonaba un poco raro el nombre y jamás lo había escuchado pero como no tenía nada mejor que hacer acepté. Una noche de viernes sin juerga no es fin de semana.
-¿Listo Ray?-Listo, oye ¿qué sabes del lugar, que clase de mujeres van ahí?
-Nada de nada. El pata que me regaló las invitaciones dijo que es chévere. Es todo lo que sé. ¿Tienes guita?
-Claro, estás misio y como es quincena me llamas para ayudarme a reventar mi sobre. ¡Qué conchudo eres! Tú no cambias compadre.
-Préstame, después te pago. ¿Alguna vez te he fallado?
-Bueno pero sólo te doy doscientos cincuenta, tómalos de una vez y si no te alcanza, piña pues guón.
-Gracias Ray, te pasaste.
Tomamos La Marina, llegamos a San Miguel y luego entramos a la Universitaria hasta llegar a una ancha avenida repleta de avisos multicolores. Una marea humana se desplazaba en ambas direcciones. Un espectáculo alucinante, mismo Las Vegas pensé absorto.
-Ya falta poco.
-¿Dónde estamos?, hace rato me perdí.
-Ray, estamos en el famoso Bulevar. ¿Nunca habías venido a Los Olivos?
-No, nunca.
Entonces noté que hacia la mitad de una de esas cuadras iluminadas con exageración, destacaba un muro grande pintado completamente de negro. Resaltaba porque era el único que no tenía luces de neón, sino un pequeño farol de luz mortecina arriba de una puerta roja flanqueada por dos enormes morenos. Imponían orden a una muchedumbre que pugnaba por entrar. TÁRTARO decía una pequeña placa de bronce al lado de ésta.
Pagamos el taxi y nos dirigimos resueltamente hacia la entrada mientras la multitud lanzaba gritos y silbidos de protesta Al llegar hasta los dos gigantes, éstos nos observaron desde sus alturas con expresión risueña y segura de quien domina la escena. El más grande nos dijo en tono cachaciento; “jóvenes, a la cola por favor”. Rucardo mostró orgulloso los dos pases que tenía en la mano y enseguida cambió la actitud de los cancerberos; “Perdón señores pasen por aquí”, dijo el más grande con una mueca de decepción, mientras nos permitía ingresar. Una vez sumergidos en sus abismos debimos quedarnos inmóviles pues estaba tan oscuro que no veíamos siquiera nuestras manos.
-¿Ves algo Rucardo?
-Ni mierda hermano. Mejor quedémonos quietos hasta que nos acostumbremos a la luz.
-A las tinieblas querrás decir, huevón.
-Sí, sí, eso mismo.
Luego de un par de minutos apoyados contra un muro, nuestros ojos empezaron a habituarse a la penumbra y notamos que estábamos dentro de un largo corredor curvo que desembocaba a una enorme estancia de varios niveles repleta de gente. Daba la impresión de ser un templo o un teatro antiguo con balcones. En lo que debía ser el centro de la estancia había un alto escenario con varios instrumentos en el piso. Era evidente que se presentaría una banda. A ambos lados de la escena había barras con cantineros ocupados sirviéndole a la multitud de sedientos feligreses que clamaba sus tragos a gritos. Todo el mundo parecía hablar y reír al mismo tiempo y el ambiente era decididamente eufórico y contagiante. Nos acercamos a una de las barras y pedimos. La encargada, una impresionante morena, nos sonrió divertida y en menos de  un minuto hacíamos el primer salud de la noche.
-Rucardo, ¿te has fijado en la gente?
-Sí, hay demasiada, pero está bien, buena onda ¿no?
-Sí, pero no me refiero a eso, ¿no te has dado cuenta que todos visten de negro y la mayoría hasta tiene las uñas y labios pintados de ese color?
-¡Verdad! No me había dado cuenta, con razón el que me dio la invitación me dijo que era un concierto gótico, cultura dark dijo.
-¿Dark, que es eso?
-Estos patines pues, se visten todos de negro, alucinan con la muerte y toda esa mierda.
-Mira la cantidad de argollas que tiene esa chiquilla, debe ser incómodo tener tanto metal en las cejas. Debe pesar.
En esas estábamos y  ya habíamos ordenado la segunda copa cuando de pronto un ritmo de tambores comenzó a taladrar la atmósfera, seguido de un violento riff de guitarra eléctrica. Uno a uno se unieron los demás instrumentos en un crescendo ensordecedor. El escenario se hallaba completamente oscuro y no se veía a los artistas. El público rugió y todos corrieron hacia el  tablado y los de los balcones se colgaron para poder ver mejor. Ricky y yo nos miramos intrigados y también tratamos de acercarnos. Cuando el ritmo había cautivado por completo a la audiencia y todos estábamos pegados a la música, se escuchó una explosión y desde una nube de humo apareció sobre las tablas una figura de negro que comenzó a cantar con una fuerza que no parecía humana. La aparición me dejó asombrado y caí de inmediato como en trance. No podía apartar mis ojos de esa mujer. Tenía un formidable cuerpo que se notaba debajo de la ropa ceñida como si fuera una segunda piel. Sus ojos oscuros brillaban igual que sus dientes y su crespa melena negra lanzaba destellos rojos y azules. De pronto me encontré suspendido en el aire y cientos de manos me sostenían y me lanzaban hacia delante hasta que quedé a los pies de la diva que me miraba desde lo alto de sus largas piernas. Mi apariencia desubicada debió llamar la atención y el humor de Virginia ya que después de hacerme un guiño me pateó fuera de escena. Sentí la necesidad de conocerla. Encontré a Rucardo muerto de risa y feliz en compañía de dos hermosas chicas cargadas de metal y la verdad es que no estaban nada mal. Al verme soltó una carcajada y me dijo:
-Vaya Ray, así que conociste de cerca a la gran Virginia. Y te dejó su marca, ¡qué afortunado eres! Dicen que solo patea a quienes les caen bien.
-¿Quién es ella, la conoces?
-Yo no, pero Dalia y Marce sí. Chicas, saluden a mi amigo Ray.
-¿Cuál es Dalia?
-La rubia que es mía, si quieres agarra a la otra, me dijo en voz baja para evitar que ellas pudieran escuchar.
-Hola chicas, gusto en conocerlas. ¿Qué me pueden decir de lo que pasó ahí arriba? La verdad es que fue tan rápido que no me di cuenta, pero me duele todavía el golpe contra el piso.
-Querrás decir del tabazo que te metió la Virginia, dijo Dalia mostrando unos bellos dientes al sonreír. Le habrás gustado porque por lo general son los “911”los encargados de sacar a fierrazos a los que se trepan al escenario y a ti te atendió personalmente.
-¡Pero si yo no me trepé sino que me lanzaron allí! Y creo que sí, que efectivamente la cojuda me arrimó un tremendo tabazo. ¿La conocen? ¿Quién es?
-Claro que la conocemos, somos del mismo barrio ¿no es lo máximo? Dijo Marce, una pelirroja alta que estaba también buenísima.
 
La verdad es que ambas estaban como para meterles cabe y cepillarlas allí mismo sobre el piso y sin mayor trámite.
 
-¿Cómo hacemos para conocerla? ¿Será posible no?
-Claro hermano, después iremos los cuatro a buscarla, ten paciencia y pide unos tragos más para las chicas que están sedientas.
-Perdónenme es que todavía no me recupero del golpe, ¿qué están tomando?
-Ricky nos invitó vodka y nos ha gustado
-¡Cantinero! Perdón, cantinera quise decir, ¡una ronda de vodkas triples!

El concierto continuaba pero yo no escuchaba la música y solo recordaba la mirada de esos ojos centelleantes sobre el escenario. No podía atender a mi amigo y a sus chicas y solo movía la cabeza como asintiendo y sonreía sin entender nada de lo que decían. Parecía que el tiempo se hubiera detenido en el instante en que recibí el golpe de su mirada junto claro está, con la patada que la acompañó.
 
Las chicas consiguieron que Virginia finalmente se acercara a nuestra mesa y nos la presentaron. Resultó ser aún más atractiva y divertida y en sus ojos se notaba cierto aire perverso, conversamos mucho y caí rendido a su encanto. Rucardo logró sacarme del TÁRTARO como a las siete de la mañana del sábado, luego de que le hiciera prometerme que volveríamos en la noche. Ese día no pude dormir pues no logré sacarme de la cabeza la fascinación que se había apoderado de mí y la tertulia que sostuve con mi nueva amiga. Pertenecía a una extraña comunidad y aunque no fue muy específica, deslizó algunas teorías acerca de la muerte, la purificación por la sangre y su pasión por el color negro. Me mostró su espalda llena de tatuajes y me explicó el significado de cada uno de ellos. Tenía una espalda bellísima y su piel era suave al tacto, como pétalos de flor. Su cuerpo despedía un penetrante olor a pachulí que embotaba un poco los sentidos. Su presencia se sentía aún de lejos y su voz suave y calmada era muy diferente cuando conversaba. No parecía pertenecer a la misma persona que había cantado sobre la tarima. Es que la chica que se acercó a nosotros no era la misma que se había presentado en la escena. La de arriba era la estrella de rock, esta era la persona real.
A las ocho y media de la noche ya me encontraba vestido y listo para reemprender el camino al TÁRTARO y llamé a Ricky para apurarlo. Me contestó que era aún demasiado temprano y que lo dejara descansar un par de horas más. Quedé en que pasaría a recogerlo a las diez en mi carro.
-Habla Ray, ¿por qué estás vestido todo de negro? ¿No se te habrá muerto alguien no? Me dijo cachaciento a forma de saludo.
-No loco, no se ha muerto nadie y siempre me ha gustado vestirme de negro.
            -Claro, me había olvidado. Esa Virginia no tiene nada que ver ¿no?
            -Ya huevón, déjate de joder que bien sabes que me gusta mucho.
            -Si hombre pero ten cuidado, creo que te estás templando. Te conozco y anoche la mirabas con una cara de huevonazo y le celebrabas todas las cojudeces que decía. Solo te digo que te cuides.
-Ya, no te preocupes que sé cuidarme y además para eso eres mi amigo ¿no huevón? Sabes que por eso te llevo; para que me cuides       
-Bueno loco, tá bien, pero suave nomás porque no pienso pasarme toda la noche despierto otra vez, además ¿para qué llevas tu carro? ¿No piensas chupar acaso?
-Es por si acaso vamos a otro sitio, Virginia me dijo que habría una reunión en la casa de una amiga y estamos invitados.
-Me lo has debido decir pendejo. Tu sabes muy bien que esas huevadas no terminan hasta mediodía por lo menos ¿y yo qué voy a hacer mientras tú te tiras a la rarita esa?
-Pues tírate a las dos de anoche que estaban rebuenas. Yo te financio el telo.
-Ahora sí tienes plata ¿no huevón? Y anoche me carajeaste por un par de lucas, agradece que soy tu amigo y no te mando a la mierda. 
La reunión resultó fantástica para mí, pues terminé con Virginia en un hotel. Me enseñó que el dolor es capaz de dar placer y que la frontera que nos separa de la muerte  es muy sutil. Al principio me preocupé cuando sacó de su mochila la jeringa, las agujas y el cuchillo, pero una vez que probé el piquete nada más importó. Al ingresar al torrente sanguíneo aquella sustancia llevó a mi cerebro un vendaval de colores y sensaciones extrañamente placenteras. Desapareció toda noción de tiempo o espacio y solo existimos ella y yo por una eternidad. Nos fundimos en un solo elemento y alcanzamos universos lejanos, de nuevas dimensiones.
Me despertó el insistente tañido de mi celular. Era Ricky.
-Ray por fin contestas carajo. Hace dos días que te busco, ¿dónde mierda te has metido?
            -Habla Rucardo, ¿dos días dices? ¿Qué día estamos?
-Miércoles huevón y ya he avisado en tu chamba que estás enfermo, pero te conviene presentarte lo antes posible. Parece que tenías una presentación o algo así y tu jefe está hecho un pincho.
            -Gracias hermano eres un buen amigo, más tarde te explico. Chau.

Al colgar el teléfono miré en torno a mí. Me encontraba en una habitación de hotel totalmente solo. No recordaba nada de  lo que había pasado. Solo a Virginia, pero no sabía como o donde encontrarla, solamente sabía que el viernes se presentaría en TÁRTARO. La espera de tres días sería desesperante.
Finalmente llegó el viernes, pero Ricky se negó a acompañarme. Por más que traté de convencerlo no hubo forma y más bien él me quería persuadir a mí de que no fuera.
-Por tu bien te lo pido Ray, no vayas más, ése no es tu mundo, la estás cagando. Hasta tu chamba está en peligro, me han dicho que no te perdonan el plantón que le diste al cliente el lunes.
-No pasa nada amigo. Bueno, si no quieres acompañarme entonces iré solo. Gracias por tus consejos pero todo está bien, en serio.

Encontré a Virginia y se repitió todo lo de la última vez, solo que ahora supe que lo que nos inyectábamos era heroína. No me importaba, solo sabía que ella me llevaba a Virginia. Poco a poco ambas fueron adueñándose de mí. Su compañía se convirtió en una adicción y el negro en mi color. Empecé a frecuentarlas a diario, es decir cada noche y las dejaba sólo para ir al trabajo. Aunque cada vez llegaba más tarde, pero lleno de una energía desbordante que al principio fue atribuida al entusiasmo y responsabilidad. 
A las tres semanas de conocerla fui invitado a la reunión en la oficina de Yépez, luego de la cual entré al baño. La imagen reflejada en el espejo era la de un típico peruano normal, miraflorino ario-nórdico-germano, impecablemente vestido de terno y corbata, zapatos inmaculados y hasta pañuelo en el bolsillo, todo de color negro, con aspecto algo extravagante pero fino. Pálido. De piel casi transparente, con los ojos pardos inyectados de sangre, con grandes ojeras violáceas y el pelo negro con alguna mecha colorada, tiesa y puntiaguda como si acabara de recibir una descarga eléctrica. Las marcas en las venas estaban convenientemente cubiertas por las mangas. Un ganador. 

Si, definitivamente no será mayor problema conseguir un nuevo empleo.

 

Siempre es una pena perder a alguien querido e ingrata es la tarea de revisar y arreglar sus cosas, más aún cuando se trata de una persona que vivía sola, pero es algo que se debe hacer y en esta ocasión me tocó a mí con las cosas del tío Emilio. Es internarse en un mundo personal y se llega a conocer mucho acerca de la persona que a lo largo de su vida poseyó y coleccionó esos objetos. Encontré muchas fotografías antiguas en las que pude reconocer a mi padre, sus hermanos y a otras personas muy jóvenes, los nombres de todos estaban anotados en el reverso,  pero lo que más me llamó la atención de entere todas esas cosas, fue un cuaderno, una especie de diario en el que mi tío había hecho anotaciones sobre diversos temas, probablemente como argumento para una de sus novelas. Encontré referencias acerca de una pareja de la que había escuchado hablar en mi casa, un trágico caso muy sonado en su momento, comencé a hojearlo.

Raymundo, decía en la primera carilla, en verdad no era fácil contentar a Virginia, todo le parecía poco y pedía más amor, dinero y sobretodo más aguja. Poco a poco fuimos desarrollando una fuerte interdependencia y pasábamos la mayor parte del tiempo, juntos y también poco a poco los piquetes eran más frecuentes. A la semana de perder mi trabajo en la agencia y después de frecuentar el mundo en que se movía y reinaba, había ya comprendido que no podría continuar sin ella y que habíamos nacido para estar juntos. Vivimos en grande y tomé una suite en uno de los mejores hoteles donde dábamos recepciones casi todas las noches. Duraban hasta bien entrada la mañana siguiente. Llegué a ser muy popular en el mundo Dark y todos querían ser mis amigos, especialmente los dealers de droga, ya que nunca puse límites para atender a mis invitados. Fue como una pesadilla, noches eternas sin recuerdos. Al principio yo no lo notaba pero fui cambiando lentamente, dejé de frecuentar a mis amigos, me ausentaba por largas temporadas de mi casa y llegaba tarde a la agencia. Después lo más desesperante fue no conseguir trabajo luego de los dos últimos que perdí. Parecía que el mercado se hubiera cerrado definitivamente para mí, como si existiera un complot en mi contra. La primera vez tuve suerte y me llamaron de otra agencia que hacía tiempo procuraba mis servicios, me hicieron una oferta excelente. Naturalmente acepté, pero no pasaron ni tres semanas antes de que empezaran nuevamente los problemas por cuestiones de tardanzas. No podían entender que me era imposible estar en la oficina antes de las once o doce de la mañana, aunque siempre cumpliera con entregar mis encargos y de que no tuvieran queja de sus resultados, simplemente me decían que se trataba de disciplina y que si me lo permitían a mí, tendrían que hacerlo con todos los demás. Las relaciones fueron enfriándose y el desenlace fue el previsible; yo estaba libre en el mercado una vez más.
En contraste, mi vida amorosa era diametralmente opuesta y nunca había sido tan feliz. La juventud y el dinero nos permitían toda clase de excesos, ni ella ni yo nos molestábamos en poner límites, vivíamos al día y cada uno que pasaba era uno menos del resto de nuestras vidas, pero  ¿quién teme llegar a viejo cuando se tienen ambas cosas? Pero el tiempo no espera por nadie, continúa corriendo y eventualmente los dos se acaban. Yo aún no me preocupaba pues confiaba en mi prestigio profesional y no bajé el ritmo. Dos meses después aceptaron darme una cita en otra importante agencia y llegamos a un buen entendimiento, aunque no en las condiciones a las que había estado acostumbrado, pero había que cubrir los gastos y me vi obligado a ir reduciendo la velocidad de nuestro tren de vida, que para ese momento era más bien un Expreso. Ella existía en su propio universo y no notaba las diferencias en su entorno, cada mañana la tomaba como una nueva aventura, o sería más adecuado decir cada noche pues ya casi no conocía el aspecto del día. Mi placer era amarla, vivía para ella y para poder cumplir con ese destino tuve que aceptar la proposición que me hicieron aunque no fuera de mi agrado, pero al poco tiempo también llegaron los problemas. Creo que para esa época ya estaba demasiado enganchado y mi aspecto se había tornado un tanto raro. Yépez, esa rata, me lo dijo cuando me despidió, ¿te acuerdas? y hasta tú amigo, que siempre estuviste a mi lado, me evitabas y reprochabas por no hacer caso a tus consejos.

Ricardo, no me reconociste cuando subiste a mi taxi ¿verdad? me dijo Raymundo mirándome por el espejo, eso fue un par de meses antes de su muerte. Era verdad, no lo había reconocido. Él que siempre fue la imagen del éxito era ahora poco más que una sombra, flaco, en exceso demacrado y mal vestido, con enormes bolsas debajo de los ojos apagados, como de muerto. De su contagiante sonrisa no quedaba nada y no tenía ya, ninguna razón para reír. ¿Recuerdan lo alegre que era? Les juro que me partió el corazón verlo en ése estado, pero no me pidió nada y ni siquiera quiso aceptar que le pagara la carrera. Tuve que insistir mucho para que recibiera el dinero. Me dijo que no acostumbraba cobrarle a los amigos ¿se imaginan lo que sentí cuando dijo eso?

El reducido cortejo fúnebre avanzaba lentamente hacia el lugar de reposo de Raymundo Salazar, lo conformaba media docena de antiguos compañeros de trabajo y amigos que habían pagado entre todos por el entierro en Las Praderas de la Paz. Ricardo, me dijo el señor Yépez, no se olvide de avisarme cuando vayan a traerlo que yo también quiero colaborar con los gastos, pobre muchacho yo lo estimaba bastante, ¿sabía usted?
-Gracias señor él se lo agradecerá mucho donde sea que ahora esté, querían estar juntos para siempre y cumpliré su último deseo. Se lo prometí.

Pero Ricki ¿qué más te contó? ¿Qué fue de Virginia, cómo murió?, bueno, dijo que después de perder el segundo trabajo ya no le fue posible volver a encontrar nadie que lo quisiera contratar ni siquiera como free lance y que le echaron la cruz para siempre en la industria.

Recuerdo bien la primera vez que fuimos a Los Olivos, él estaba impresionado. Esa fue la noche en que la conoció, a veces pienso que yo soy el culpable de todo por haberlo llevado allí.
Eso lo afectó mucho ya que su dinero se le estaba terminando y ni siquiera su familia lo quiso ayudar. Tengo que reconocer que cuando empezó todo tampoco yo le di una mano, pero es que él no se dejaba ayudar ¿no? Estaba dominado por completo, se convirtió en un paria marginado, robaba todo lo que podía y en verdad lo único que respetó y no olvidó fue el amor que sentía por Virginia. Hasta su último pensamiento fue para ella. ¿Sabían que murió en sus brazos? si así fue, él nunca la dejó sola ni un instante. Ni cuando la operaron. Insistió tanto que los médicos lo dejaron entrar al quirófano y luego no se movió del hospital hasta que la sacaron para el Ángel y se pasó una semana al pié de su nicho hasta que lo internaron con pulmonía. Después de eso vivió como pudo, se recuperó en algo de su adicción y por último se metió de taxista en un carro que le alquilaba un amigo. Después de encontrarnos lo seguí frecuentando y lo ayudaba, pero ya no era igual. ¿Recuerdan que una vez fue considerado el mejor publicista del país? La heroína lo echó a perder y lo peor de todo era que él lo supo todo el tiempo pero no podía dejarla, por ella, que ya era adicta cuando la conoció. Como no pudo sacarla, terminó por hundirse también él.

Emilio fue uno de mis tíos más cercanos, conversábamos mucho y creo que me contagió su pasión por la literatura. He decidido conservar las fotos y el diario que encontré. Podrían serme útiles algún día. Veamos lo que tenemos; Una narración acerca de un entierro, triste como todos y escasamente concurrido como pocos, el de un compañero de Emilio, Raymundo el joven sonriente sentado a lado de mi padre en una de las fotografías.
 La mesa está servida con todos los ingredientes necesarios para una buena historia, ahora lo que hace falta es combinarlos bien y no meter la pata. ¿Pero por dónde empiezo?
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Rina       02/12/07 17:29
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me encanto. La vida de Raymundo me impactó y llegó. Me imaginaba su comienzo y final, creaste buenas imagenes sobre los sucesos que pasaron. Ese amor que sintio por Virginia, esos excesos. Tambien me gusto ese modo tan natural de las conversaciones, buenos dialogos.
Nos estamos leyendo
Besos
Escrito por: Piegrande2       22/11/07 22:27
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
La verdad me costó seguirlo en un momento, aunque es bien atrapante. Al final entendí lo que me faltó comprender al comienzo. Tus cuentos son casi novelescos, por su narrativa, extensión y desarrollo. Felicitaciones!
Escrito por: Abedul       22/11/07 14:11
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
A veces pasa, nos sentimos culpables de las desgracias de otros o no sentimos artífices de su felicidad, pero lo cierto es que no somos ni lo uno, ni lo otro. apenas somos personajes secundarios. Mero espectadores de las tragedias, las odiseas y los ires y venires de lo que amamos o apreciamos. Buen relato.
Escrito por: crizangel       21/11/07 23:45
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Amigo mio!!, las historias largas son lo tuyo... quede sumergida yo tambien desde el comienzo, no pude dejar de leer, y mira que la guarde para leerla de nuevo, todo el relato de una vida para comenzar una historia ah?, eres envidiablemente bueno al detallar, siempre me quedo con la duda si es alguna historia real de alguien a quien conociste o solo es producto de tu imaginacion.
Muy buena, ahora dejame apludirte a ti.
Un abrazo.
Escrito por: Mariela       21/11/07 19:01
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Muy buen relato. No tenés que empezar por ningún lado, ya está contado.
Escrito por: mariarosa       21/11/07 03:07
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Muy buena historia. Un gustó leerte.
Escrito por: Venatrix       20/11/07 14:15
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Lino, que buena historia. Te soy sincera, me costò mucho comenzar a leerla por que el inicio no me llamaba mucho la atenciòn, pero unos parrafos despues y no pude parar,me gustò mucho.
Un abrazo.
Diana
Escrito por: LizAhumada       19/11/07 22:27
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Tu narración me invitó a compartir la delicia de una mesa familiar. escribes muy bonito. saludos cordiales.
Escrito por: ricardo48       16/11/07 23:13
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Que linda historia me encanto le das un tono hermoso. Esta muy bien narrada. Un abrazo amigo.
Escrito por: Aurelio       16/11/07 22:05
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Así que esta es la continuación de “Sumergido en el Tártaro”, interesante; sin embargo, Lino, sigo pensando que le das muchas vueltas al asunto de las mujeres y los excesos juveniles. No dudo de que la temática se preste para entreverar historias de todo tipo, pero a veces es mejor bosquejar algo totalmente distinto, para que de esta manera el horizonte sea más amplio. No me mal interpretes, me gustan tus historias, me identifico en parte con ellas, en cuanto a los excesos, claro está. Las mujeres no son mi prioridad, así que desde ese aspecto tal vez sea un poco menos pasional que tú. ¿Habrá más secuelas? Si es así, podrías empezar complejizando lo más simple que encuentres. Saludos.
Escrito por: Jadi       16/11/07 19:01
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Tu narrativa me encanta amigo. Lo sumerges a uno en otro mundo. Te felicito.

Un abrazo amigo Lino,
Jadi
Escrito por: animalson       16/11/07 16:29
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Muy bien narrado, y con historias así uno nunca sabe por donde empezar, hay tanta riqueza en las historias familiares...que se hace díficil.
Muy buena tu narrativa.

Un saludo.
Escrito por: sgrassimeli       16/11/07 03:27
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Recuerdos familiares...como para una mesa de Domingo de familia italiana...no en serio, bueno, muy bien escrito e interesantes descripciones. Me gustó la historia y el final, todo girando sobre cómo hacer una historia de ello...Felicitaciones.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar relatos