Tu madre te había dado a luz en el baile que la tierra da sobre el cálido ecuador, el agosto perdido pero recordado, en donde el peso de sus entrañas se convirtiera en dolor y en las cicatrices pétreas de la cesárea. La felicidad se postergó por la convalecencia, pero tu abuela impaciente te recibió en sus brazos de matrona y benefactora mirándose a si misma a los ojos claros y desobligados. La mirada del niño que nació con los ojos abiertos era intrigante, mezcla de inocencia y tristeza, tanta tristeza, que algunas veces llegas a pensar que naciste siendo viejo y que tu vida es un pacto sincero con la soledad (como diría García Márquez) en tus acciones y en tu mismo ser. La reencarnación senil te hará un poco común leo dominado e insociable. Te gustará leer a Pamuk, Cortázar y Borges y escuchar el Blues de Janis Joplin y las oberturas de Paganini, casi siempre sentirás que tu futuro está en el pasado, siempre buscando tu futuro en un verso de Borges o en un acorde limpio de la guitarra de Jimmy Page.
Serás un niño pequeño y aislado desde un principio, el niño al que le gusta el frío porque se puede proteger de él con un abrigo y detesta el calor porque no hay ninguna forma de quitárselo de encima más que por un momento. Habrás olvidado ya la casa de tus abuelos en la calle doce de Bolívar, cuando tu madre iracunda declarase independencia después de las constantes riñas con tu tía por sus divergentes formas de pensar, es más olvidarás incluso los aterradores días en los que veías a las dos adultos lanzarse injurias y achacarse responsabilidades por incidentes menores, pero especialmente olvidarás como no entendías que dos personas tan gigantescas como ellas peleasen, si los adultos para ti estarán programados servilmente todos a favor de todos, cuando un adulto se enojaba era que algo terrible pasaba y te ponías a llorar preocupado. La inexperiencia y la inocencia de los niños creaban conflicto, no la madurez del adulto. ¿Acaso tu madre y tu tía seguirían siendo unas niñas?, la pregunta que nunca recordarás para lamentar su respuesta o para lamentar incluso no recordarla
Te despertarán dulcemente ese día con los mismos dedos tibios que te acariciaron la noche de los estreptococos y a ti te parecerá que soñabas con un perrito. El opaco sol de la mañana te indicará que salió recientemente y que nunca antes lo habías visto tan joven como en ese momento. Poco después escucharás a tu madre animándote con su dulce voz y te verás a ti mismo sonriente en el espejo del baño. Será un momento mágico que se repetirá cada mañana, casi surrealista, la conexión con el cielo en donde los santos caminan por encima de las nubes como te había dicho tu abuela, mirando cada acto impropio del ser humano para comunicárselo a Dios, tal vez estén entre las nubes de vapores densos del baño caliente como los suaves dedos de tu madre (una nueva esperanza), el sulfato de magnesio o entre el shampoo y el cardamomo. Jugarás a buscar a San Francisco entre los productos de limpieza, a San Martín de Porres por debajo del sanitario o a Santa Elena tu protectora de nacimiento en medio del aire viciado, conocerás a los santos y los olvidarás, porque eso es lo que se hace en el fastidio de la costumbre y la cotidianidad. Entonces te llevará tu madre sosteniéndote firmemente de la pequeña mano, después de vestirte con un mameluco de color verde claro con la carita de un payasito. Será un edificio verde como tu mameluco y que estará lleno de pequeñas personas como tú. Buscarás encontrarte con tu madre nuevamente pero ya no estará a tu lado esta vez, te dejará solo por primera vez en tu vida y no lo resistirás, te ha dejado de querer, te ha dejado como a esos otros niños encerrados en el edificio verde, verde sinónimo de abandono. La angustia te subirá por la garganta en una mezcla de lágrimas y flemas comprimidas por el peso del dolor, los grandes ojos verdes se dilatarán para dar paso a la materialización de lo que te sube por la garganta. Lloras inconscientemente, como si tu vida dependiese de ello, una necesidad primitiva que ni el asceta más frugal podría contener. Una personita se te acerca: ¿Por qué llora niño?, te tomará del brazo y te dirá venga, vamos a jugar, no podrás creer que alguien tolere estar allí, ¿con que disculpa su madre lo habría dejado? Pero a esa personita con grandes dientes y piel cobriza poco le interesan los motivos de su madre, disfruta del contacto humano, algo que te costó mucho tiempo entender, ni siquiera parece importarle que te sientas incomodo por tu berrido. Los carritos que te mostrará ahuyentarán de tu mente el abandono, hasta que tu madre llegue y te vuelva a amar como antes de dejarte allí, sin su compañía, jugando con aquel pequeño niño que te dedica una sonrisa complaciente al ver que dejas de llorar.
Mucho tiempo después, cuando el siglo en el que naciste terminara por el paso indiscreto del tiempo, aquel niño bonachón que te acogerá en su amistad sincera, habrá de despedirse de ti para volver a nuestra tierra en común. Nunca sabrás muy bien porque hizo lo que hará a continuación, pero te darás cuenta de que a mucha gente en Bolívar y en Colombia, le hace falta amor, si fuera así no habría tanto suicida, suicidas en los techos, suicidas buscando las ruedas de un bus, suicidas en las puentes, suicidas con pistolas en las sienes, suicidas, suicidas, solo suicidas. Tu amigo será un suicida por desesperación, después de huir de la policía por los inhumanos entrenamientos, buscará amor, en sus padres, sus amigos o su novia, sabía que le esperaba una temporada en la cárcel por esto, pero sus padres estaban muy ocupados, sus amigos acababan el colegio a duras penas y su novia lo dejaba por un maricon sin dos dedos de frente, falta de amor, solo falta de amor y por añadidura atención. Habrá de salir corriendo de su casa con el dolor en la punta de los dientes, recorrerá el pueblo gastando hasta sus últimas reservas de energía, tomará una cerveza de la mesa de sus amigos, abrazando a uno de los más que querrá, sin hacer más escama que mirarse la mano morada por el dimetil y comentar: Ve John mirá me morí hijueputa, me morí.
Abuelito de ojos cerrados y perdidos, ¿qué hubiera hecho yo sin ti?, tus consejos enmarcados en frases sabias, tu suave café molido, tu sabor a campesino de los andes. Abuelito de las arruguitas en las frente prominente y blanca, no me dejarás nunca si te lo pido ¿Verdad? desde aquí sin tus consejos o tu sabiduría me siento solo y desprotegido, extraño el olor del aire de tu campo, el azadón que rompe la tierra del edén, extraño hasta el más anodino rescoldo de tu casa veraniega en Toledo lo extraño todo abuelito, lo extraño todo. Aunque en la guerra de la vida tu vayas a perder, te aseguro que tu nieto hará honor a tu apellido y lo enmarcará para siempre, para que tu vivas abuelito, por encima de mi, porque lo mereces más que yo que solo te imito y te admiro, eso es lo que hago yo, admirarte e imitarte como hombre ejemplar, espero que tu amor me de el sustento para seguir el resto de vida que necesito para lograr lo que quiero, porque el odio es grande abuelito, y lo peor es que te puedes odiar a ti mismo con la misma facilidad con que te odian otras personas, abuelito no te vayas, quédate a mirar mis actos como los santos, mírame por favor, mira el comienzo de mi lucha contra la muerte, mírala por favor!!!, no creo que sea mejor arder de una vez que quemarse lentamente.
Tu abuelo te regalará una guitarra cuando tu madre te la niegue. La vieja guitarra del abuelo será amada hasta que te sacies de tu vanidad armoniosa y pasarás tus dedos por las cuerdas emocionado, el regalo más agradable de tu niñez. La guitarra es tu última necesidad, la guitarra es la puerta que abre ante tus ojos al mundo, la creatividad, el pensamiento, el amor Sus seis cuerdas resumen la historia occidental, la esencia de tu mundo, el ser ontológico perfecto que encontraste cuando practicabas los sonidos más simples de sus escalas, buscas el sonido perfecto, el que te permite hacer sin rehacer, la última y más emocionante de las artes que probaste y en la que también fallaste, pero no te importará siempre y cuando disfrutes del contacto con tu dedos y tus rodillas, las cejillas que te producen dolor entre F y F#, los punteos que tu maestro hace en clase, esperando que tu le imites. ¿Quién no disfruta de un pueblito viejo en Am? como lo tocarás, nadie lo hará. Eres libre, eres grande, eres el niño que sueña y logra, el suertudo al que su abuelo le regaló una guitarra.
No querrás salir más de la olvidada casa en la calle doce, pero tu madre tampoco te seguirá queriendo allí. Cada mañana muy temprano saldrá por la alta puerta de la calle, dejándote en compañía de tus abuelos y a veces de tu tía. Eras demasiado joven demasiado niño para llegar a la escuelita franciscana al borde de una quebrada caudalosa y maloliente. Te sentirás discriminado y ultrajado, pero poco después de que tu madre te dejase en casa, te verás allí parado, en la enorme puerta de hierro, con un pantalón de tela café y una camiseta habana como si fueras un café con leche de los que tu abuela te traía molidos de la huerta del tu abuelo .Un indio fornido y elegante será tu rector y aunque su voz de trueno te asustará, no podrás dejar de sentir respeto por él, un respeto especial, como el que se siente por un cura o un obispo. Tu abuelo te llevará el primer día, él será tu figura paterna a falta de un padre que te eduque y que no sólo te alimente. Tu madre te sentará en la última silla del salón, con un cuaderno de cincuenta hojas y un lápiz mongol para que dejes de molestar, seguramente pensará en tu berrinche y aunque su tolerancia de madre le permite contenerse, hubiese deseado darte una que otra nalgada por tu comportamiento en el edificio verde. Sentado en el último lugar, te sentirás como el más aplicado e inteligente de los estudiantes, aislado de tus compañeros marcarás el cuaderno, dibujos informes, letras al revés, todo escrito diagonalmente sobre la hoja sucia, abstractos, tal vez lo mejor que escribiste y dibujaste en tu vida. Muchos años después buscarás inspiración en el cuaderno, la creatividad perdida de tu antiguo ser, el que dejaste perder con facilidad, ese niño fastidioso y soez que los maniaco depresivos intentan eliminar de su personalidad, el maldito perro del demonio.
La escuelita será un lugar de paso, no desarrollarás en ella mucha agilidad y conocimiento, pero no te imaginarás la vida sin pasar por sus paredes de rojo y blanco, sin vestir su uniforme de café con leche, sin asistir a las clases que tu madre dará con la dureza clásica que solo ella puede tener. Miles de escenas borradas por el tiempo pasarán cuando recuerdes a los amigos de la infancia. Alguna vez subido a una columna de hierro habrás de lanzarte al vació esperando saltar más alto que cualquier otro, más alto que las nubes, que el honor mismo de tu Dios, pero la acción imprudente de la gravedad te llevará nuevamente a la tierra y te herirá, habrás de ganar el juego, pero perderás la funcionalidad de tu pierna izquierda, la que se doblará dolorosamente sobre su empeine, desacomodando el tobillo, tu lo volverás a su lugar con un horrible crujido, y soportarás estoicamente todas las sesiones de masajes con un curandero local, aguantándote a tu empeine con lágrimas en los ojos cristalinos, con un bastón de viejito y tu madre exigiéndote cordura . Alguna otra vez caerás a un río y tus amigos harán todo para salvarte, te sacarán con el estomago lleno de agua que te tragaste junto con uno que otro renacuajo despistado que encontrará la muerte entre tus jugos gástricos. Alguna otra vez, caerás sobre el borde de unas gradas de hormigón, rompiéndote la piel de la frente hasta el hueso, tu madre te recriminará por tu estupidez, y no hará más que desinfectarte la herida con un limón cortado hasta descubrir que la herida era profunda y la sutura era inevitable. Todos encuentros cercanos con tu muerte, todos en la más básica de las academias humanas, causado todo por tu atolondramiento de niño curioso, ¿Cuánto tiempo pasará hasta que te arriesgues así nuevamente?
Te calzarás con botas pantaneras y te colocarás un gran sombrero de tu abuelo, el sombrero te tapará los ojos hasta la boca y olerá a campo y a agua de lluvia. El terreno está lodoso, la pelota blanca pasa sobre el fango a velocidad de rayo y tu levantas la vista hacía la pequeña cancha de metal, te agitas, sientes como te intoxicas de gloria, la hora a llegado, de pronto te das cuenta de que todo es una farsa: ¡Quítese Yamir, que lo estampillan!. Tu extraño atuendo para jugar fútbol nunca inspiró mucha confianza de cualquier forma, nunca entendiste como lograbas ver alrededor con los ojos tapados por el sombrero. Dejas el deporte porque te parece cruel y denigrante bueno, en realidad porque siempre te viste como un baboso jugando alguno. La noche estará oscura y se esconderán fácilmente en un hueco junto a la carretera cerca a una de las últimas casas coloniales, nadie los encontrará, mientras que uno por uno correrán hacía la iglesia protestante para salvarse del infierno. El cielo está estrellado, mucho más que de costumbre, tus amiguitos ríen como diablillos tapándose la boca con las manos sucias, las sombras no existen, solo el destello de los grandes dientes del negro Danilo que parecen flotar en el aire etéreo, hace un frío calcinante que aumenta su intensidad paulatinamente, alguien intentará moverse pero se dará cuenta de que están inmovilizados por el frío que empezará a ponerse sobrenatural. Lo que sucedió a continuación te aterra, porque no reacciona frente a ninguna de tus ciencias y es que: de lo alto de un poste de luz, caerá una figura hermosa, de color blanco perlado, más brillante aún que los dientes del negro, todos miran entre esos pliegues sobrenaturales, la silueta de lo que parece una mujer hermosa y tremendamente alta, volaba con una gracilidad inusitada, como bailando con los astros, sin mirar a los vivos apeñuscados en aquel hoyo, alguien dijo: Se parece a mi abuela Dorita, cuando estaba joven, pero aquello sonó tan lejano, tan extraño a la situación que lo ignoraron como algo que se dice a mil kilómetros de distancia, sólo querían seguir volando con aquella figura y tuviste la extraña sensación de que esto te había pasado antes, en algún lugar de tu corta vida, y la viste más allá, esa noche te produjo la sensación de recordar lo que nunca antes habías recordado, por eso a veces sientes que algo ya pasó aunque nunca antes te hubiese pasado, te imaginas muerto, te imaginas vivo. En el bus yendo hacía la universidad o en una morgue después del choque. En un hospital salvando vidas o en una cama muriendo infectado. En un avión volando hacía Bogotá o en una selva con lo órganos del abdomen sobre tus manos una dicotomía extraña la de la muerte y de la vida, y es que el destino está escrito en un computador por eso se puede borrar y volver a escribir con facilidad, ya sea por nosotros o por otras personas, los accidentes no existen, sólo los errores. La mujer pareció volar por mil años más, hasta que de pronto cayó a la casa colonial, alguien allí gritó aterrado y les despertó del sueño en que habían estado, el negro se reirá histérico y el terror los cubrirá como una manta, entonces correrás más rápido que cualquiera, sólo quieres huir de ese tenebroso lugar.
El declamar es un arte que se perderá con el tiempo en Bolívar, para alivio tuyo en la modernidad no hay nada más contradictorio, pero recordarás para toda la vida los parcos aplausos de la gente, la muerte lenta en los momentos de dubitativa memoria literal, un comienzo y un final triste del poeta, él que nunca llegó a ser reconocido, sólo menospreciado duramente y presionado para que su memoria no fallara y produjera lo que nunca antes nadie produjo, intentarás ser un poeta, pero morirás en el intento.
Varias veces odiarás a los hombres que quisieron hacerte su hijastro, el problema que tendrás será con respecto al dolor de la perdida, y es que tu madre será de entre los pocos seres influyentes en tu infancia. Cada noche en que alguno de esos hombres llegue a tu casa para verla, intentarás las más horribles venganzas, pero callarás hasta que el dolor alcance su máxima expresión e histérico buscarás insulsamente una explicación. Ahora sólo piensas en los caprichosos pensamientos asesinos de un niño, y es que el estado más puro e inocente es muy peligroso, incluso llegaste a pensar en su muerte, eras un niño extraño, nunca lo olvides, nada te importaba más que tu mundo céntrico familiar, dulce pero odioso, el niño dual: fastidioso y destructivo pero amoroso e inteligente. Un día verás a tu madre llorar por tu insensatez, ese día cesarás cuando pienses por primera vez en la felicidad de otros seres, no más pensamientos maquiavélicos, después de todo tu madre triste no te sirve para nada, no resistirás un sufrimiento causado por algo tan simple, olvidarás como olvidas tantas cosas
Los hombres de barba poblada y muerta han llegado al pueblo con un atronador grito de guerra. Las paredes crujen por una fuerza invisible derivada del grito, las almas de los hombres valientes se acomodan en sus locus listas para disparar, ha llegado la hora de pelear por la libertad, por la gloria inmarcesible y por el júbilo inmortal, pero sobre todo por la vida y por el honor que te quitan aquellos hombres muertos como su barba. La masa de metal que debería servir para calentar la lumbre, se levanta majestuosa como un cohete sobre las cabezas de las almas vivas, mientras la almas muertas se alejan esperando que la fortificación inexpugnable caiga, quitándole al cuerpo la ventaja de tener una alma viva que te sostenga en tus aspiraciones y sueños, la masa de metal ni siquiera se molesta en tocar la fortificación inexpugnable, ella, en su inmensa ignorancia, ataca a los inocentes, pero a aquellos hombres muertos no les importa si las almas de los inocentes son arracadas de cuajo, solo les importa las almas vivas y valientes de los defensores de la fortificación. Habrán soportado toda una noche de dolor y penas el día en que la muerte y la vida alcanzaron las casas de los valientes. Las almas vivas que penden de un hilo ahora yacen inermes sobre el asfalto de una plaza cuadrada y caída, sus rostros tristes de vencidos están sucios y cortados, listos para morir físicamente aunque su alma siga igual de llameante que siempre, las almas muertas se regodean en si inmundicia, disfrutando del dolor de sus contrapartes. Los inocentes, ahora odian a la muerte. Una pequeña mujer se ha encargado de curar las heridas y el espíritu de un valiente, pero un hombre muerto se interpone: Déjelo ahí señora, no le permito más cuidados con este, la pequeña mujer ahora está enojada y lo aparta de un manotazo: ¿Qué no ve que el pobre está sufriendo? El alma muerta se cohíbe, es la primera vez que alguien le vulnera la autoridad de su arma. Los inocentes comienzan a buscar un consuelo para la desazón después de la destrucción, entonces las almas muertas deciden llevar a cabo su misión enfrente de todo ese dolor. El frío metal ha sido puesto sobre las sienes en un gesto amenazante, justo al frente de una cruz tan antigua como ese mismo dolor de muerte injustificada, los inocentes todavía están pensando en todo lo perdido, pero al ver el ajusticiamiento se acercan preocupados: ¡Dejá esa escopeta y casquemonos!, cobarde, les grita entonces el más valiente de los inocentes. ¿Cómo se les ocurre hacer algo tan horrible?, sigue la pequeña mujer que vulneró la autoridad del arma. Señora, esto es la guerra y nada más responde un hombre muerto, y eso es todo lo que dirán cuando se les pregunte por sus motivos. Pero entonces ¿Por qué de la guerra?, volverá a preguntar la mujer que vulneró la autoridad del arma, pero el alma del hombre estará tan muerta que responderá lo mismo: Es la guerra y nada más. Y ¿No les corroe la conciencia preguntará nuevamente la mujer que vulneró la autoridad del arma. Es la guerra y nada más. La pequeña mujer que vulneró la autoridad del arma seguirá preguntando, pero el hombre muerto responderá los mismo Es la guerra y nada más como si la lengua se le hubiese achicado a estás seis palabras. El pueblo está iracundo, todo el mundo les atacará sino tienen nada más para decir, la muerte no puede explicarse en seis palabras Pero entonces ¿Por qué destruyen nuestras posesiones? preguntará desesperada por última vez la mujer que vulneró la autoridad del arma Es la guerra y nada más. El pueblo no permitirá lo que está pasando, necesitan una explicación, por más mínima que sea, ¿por qué les arruinaron sus vidas? ¿Por qué destruyeron todo lo que le daba valor al lugar? ¿Por qué luchan? ¿Acaso sus motivos justifican todo el daño que les han causado?, pero sobre todo, ¿por qué matar a esos hombres valientes que intentaron evitar que se hiciesen esas preguntas? Es la guerra y nada más, palabras muerta que los que tienen el alma viva no entienden.
El lugar entero ha rodeado a la muerte, cientos de voces anodinas contrastan con el silencio de las almas muertas. No la quieren allí, quieren que se vaya, que no siga perturbando el albedrío, las almas muertas tomarán entonces a sus rehenes, ¿Por qué se los llevan?, Es la guerra y nada más. Los inocentes no lo entienden, y siguen vulnerando la autoridad de sus armas. Las almas muertas han subido a una camioneta cuatro por cuatro, desde tu casa puedes ver como han tomado el camino hacía la selva con sus rehenes, a seguir muriendo, para no revivir nunca. Los inocentes siguen atacándolos, hasta que de pronto un acto de vida sale de toda esa muerte, de la camioneta son bajados todos los valientes, y son dejados inermes pero a salvo sobre el asfalto nuevamente. Ese día los inocentes celebraron por lo alto, su pueblo estaba destruido, sus espíritus heridos, sus hombres más valientes abandonados inermes sobre el asfalto, pero su corazón flameaba con una ira renovada, el día en que el terror no triunfo, y nunca más volverá a triunfar sobre ellos, porque se pudo sacar vida de la muerte, alegría de la tristeza, el día más hermoso de la historia.
A vos te va bien en la escuela porque sos el hijo de la profesora Cielo, esperáte a que llegués al colegio te dirán muchos de los niños en la escuelita, tu te cohibirás siempre que puedas. Esos niños serán mucho mayores que tú y aunque te morirás por demostrarles que se equivocan, pronto te darás cuenta de que la verdad es que no piensan así. Y es que los rencores en un lugar pequeño se pasan de padres a hijos, pero sólo si el hijo tiene un carácter manipulable, prueba de ello es que una noche después de la acostumbrada reunión de padres de familia, tu madre será atacada por una mujer que fue su compañera de estudios pero que siempre envidió el éxito de tu familia relacionado al incansable trabajo y sufrimiento, por el contrario su hija será una gran amiga tuya y entornará ante ti siempre que pueda su mirada amistosa y leal. Es una energía intensa que se filtra por los huesos de las personas de mediana edad de algunas familias que confundieron las oportunidades con los obstáculos que les puso la vida, es un concepto triste, pero cierto y esa es otra razón para abandonar la tierra, para huir de la miseria de sus habitantes y desviar la energía que te arrastra a ser mediocre como ellos, a gritar: ¡Uribe es un paraco! o ¡Que viva Uribe!, dependiendo de la situación. La principal diferencia que habrá entre la generación de tus padres y a tuya será la incapacidad de sentir rencor de muchos de los individuos de la última, eso no crea mediocridad, crea tolerancia, una virtud poco conocida y que es burlada fácilmente.
Estarás cada vez más confundido por no encontrar en ese lugar lo que acostumbras, y es que con diez años eres un gigante, el chico de quinto grado que veía a primerito como la guardería, la edad en que el ser humano es poco más que primitivo y se dedica a formar lo que en un futuro hará de su presencia en la tierra algo justificable. La gente es indiferente, y pasarán por donde estás parado sin dirigirte la mirada más que para observar algo que tu no ves a pesar de que sea parte de ti, una mujer hermosa suspirará quedadamente y te jalará de la mejilla derecha: Que ojitos tan bonitos tienes tú te sentirás incomodo y volverás la mirada rápidamente, la chica se ha ido y descansas de sus piropos estúpidos con de un retortijón de estomago, unos hombres enormes pasarán lanzándose entre si una pelota de tenis, miren el nuevo jardín, dirán y uno de ellos te despeinará con sus dedos llenos de una tierra negra dejándote una desagradable sensación entre las raíces. Los separaron desde un principio y buscarás algún tipo de aceptación, las cosas son distintas, la gente está dispuesta a hablar de su experiencia, los profesores son uno para cada materia. El mundo es un lugar pequeño, no es una naranja, es solo una de millones regadas por un espacio vació, algo que no entendiste hasta estar allí.
La primera impresión de tu mejor amigo será la de un chico pendenciero y atrevido, nunca conociste a alguien como él, un digno rival. Su pensamiento será abierto y listo para competir contigo, algo que será emocionante. Le saludarás ese día para buscar su amistad y por alguna razón sonreirá, la tapa de tu lapicero se ha caído al suelo y la levantará con parsimonia Gracias, Omar le dirás extendiendo la mano para recibirla de nuevo, Mira esto, te lo voy a enseñar y como un karateca romperá la punta de la tapa Así está mejor ¿o no?. Y es que su carácter será volátil, nunca sabes exactamente que es lo que está pensando, un ser impredecible que expresa sentimientos y pensamientos de la formas más originales, un loco, un científico, un ingeniero en potencia, la conocida dualidad del depresivo. Su cuerpo estará enfermo desde mucho antes del momento en el que le conociste, no sabes muy bien si su dualidad también influye en sus miles de enfermedades, pero parecen activarse con sus estados de animo, el asma llega con la tristeza, los múltiples dolores a lo largo de cuerpo con las preocupaciones, los quistes con el dolor y el sufrimiento, a pesar de todo siempre será tu amigo, aunque tu no entiendas su complicado mundo y siempre termines por parecer un ignorante frente a su brillante inteligencia emocional, y tú lo toleras, tú disfrutas de su dualidad, ese será el secreto de vuestra amistad, simple acomode de condiciones y olvido de rencores.
Recordarás a tu primer salón como una catacumba bolsiverde, el lugar en donde los presos de la antigua cárcel se reunían a pasar sus tristes días lejos de la civilización, un gran faro halógeno iluminó siempre el lugar y recordarás que por primera vez desde que tu madre te bañaba con sus tibios dedos, eras feliz. Las clases son simples y no necesitas de un gran esfuerzo para mantenerte, después de todo es tu única responsabilidad, te sentirás un adulto en el cuerpo de un niño, estás en el Colegio y ya nadie te lo quita, cuando estabas en la escuela, solo fantaseabas, en ese momento sigues hacía arriba, sigues ganándole terreno al tiempo y querrás ser grande de una vez por todas, llegar al segundo piso en donde estará inalcanzable el salón del último grado. Te sientes feliz porque ganaste independencia, te sientes feliz porque cambiaste, te sientes feliz porque crees que en seis años imitarás a tu amiga Marta que ahora hace lo que nunca podrás en la facultad de medicina de unicauca.
La casona tendrá unas treinta salas de enseñanza, la mayoría al lado de un gran patio iluminado por el sol benévolo del lugar. Te gustará ese patio, y es que desde ahí se puede ver el cielo en su estado más puro, si está enojado, si está feliz, si algún santo quiere asomar la cara lo puedes ver sin necesidad de aumento. Muchos años después regresarás a la casona abandonada para mirar ese cielo y te volverás a sorprender por su franqueza. Los baños al lado de ese primer patio estarán dañados en su mayoría, solo un par de ellos parecen sobrevivir al tiempo y al vandalismo, pero muchos años después, te sentirás muy triste al ver que ya no existen de ninguna forma y parecerá como que las tazas fueron arrancadas salvajemente por alguien que no podía usar bien una barra. Y bajando por una última escalera tan árida como la vida de un anciano, estarán las catacumbas. La antigua condición de cárcel no le quedará bien al colegio, pero allí pasarás un año completo de tu vida, con el sol permanentemente tapado, de no ser por una pequeña ventana por la que entrará luz que se bifurca sobre el vidrio creando un arco iris que muchos años después permanecerá increíblemente. Pero arriba dejando de lado las escaleras áridas de las catacumbas se encontrará el lugar más hermoso, un mirador desde donde se verás limpio el sur de la ciudad que parecerá gigantesca desde ese lugar, pero rodeado por una malla de metal, parecerá poco más que un gallinero que encerrará a los de octavo B mientras los profesores se esfuerzan por enseñarles, siempre quisiste estudiar allí.
Por aquel tiempo llegará la tecnología a Bolívar, y con ella tu necesidad de conocer algo que es nuevo para ti, y estarás los próximos tres años desarrollando algo que te gustó desde el primer momento, algo que no pudiste explicar porque nunca entendiste y es que en un pequeño añadido que ya olvidaste verás a tu profesor ordenándole que hacer a una máquina, está respondía de forma instantánea, calculando una cifra complicada, escribiendo por añadidura lo que él olvidó escribir, e incluso produciendo movimiento en sus pésimos dibujos de Paint. La tecnología es un escape del colegio en donde las cosas son demasiado sencillas para entonces, no entiendes nada de la extraña habilidad de tu profesor, pero ha producido en ti la necesidad de saberlo y muchos años después cuando hayas olvidado íntegros esos tres años de tu vida, terminarás por buscar ese conocimiento en la universidad, una necesidad paralela y menor que deberá convertirse a la fuerza en algo vital, esperando que no llegues a olvidar los próximos cinco años de tu vida también.
Tu madre te regalará aquella máquina para que sigas practicando sin olvidar esos tres años de tu vida, pero a ti no te interesa recordar y pronto te fustigará por ello, te exige responsabilidad que tú no tienes y te culpa por sus fallas, tú te sientes mal por alguna razón, esa máquina te ha hecho su esclavo, solo quieres deshacerte de ella, desearás nunca haberla tenido porque solo te causa molestia y preocupación. Omar a tomado su acostumbrado primer lugar de entre las mentes, y tú te sigues hostigando, no volverás a competir con el desde entonces por lo menos no de manera directa, no hasta que te lleves aquella gran frustración. Repararás la máquina al fin y tu madre se sentirá complacida, nunca más te presionará por aquella máquina y será feliz, sin tenerle miedo a la tecnología, pero temiendo siempre que te llegue a matar de forma lenta como lo estaba haciendo.
La verás todos lo días en clase y nunca la olvidarás: sus largos cabellos rubios, su boca con labial de cereza, sus ojos tan azules como el mar, su olor suave y delicado, su manía de tomar los libros de esa forma, su inteligencia, su amor, el suave murmullo de su ropa rozando su cuerpo, el ángel que le acompaña a todo los lugares y que ilumina las catacumbas con entendiendo, sus senos saltarines que pudiesen caber perfectos en una copa de vino, su silueta de reloj símbolo de fertilidad, bajará por las escaleras hasta las catacumbas con la gracilidad de un ángel que a alcanzado la perfección estilística, así mi amigo será, y tu buscarás venganza ¿Acaso un empujón por las escaleras será suficiente?, si, nadie lo notará, sólo un empujón y te habrás vengado de la profesora de matemáticas, por ese cuatro nueve que debió ser un cinco.
El colegio dejará la casona con la nostalgia de doscientos años encima, para ti será un momento feliz, la nueva sede es moderna y la perspectiva de cambio es tentadora para un niño de once años, ese día comenzará un éxodo pintoresco, en donde cientos de personas jóvenes llevan sobre sus espaldas los pupitres que les han servido fielmente durante ese año, desde el cielo los santos vigilarán la fila india de las pequeñas hormigas que suben cumpliendo un ritual pautado, pero de vez en cuando rompiéndolo por un automóvil o por un impulso pueril. La nueva sede es más pequeña pero mucho más moderna, tendrá ventanales más grandes que dos de tus compañeros parados uno sobre otro y la pintura será viva y variada, lista para despertar la inspiración más dormida, en ese lugar pasarías muchos de los años subsiguientes, cuando las matemáticas y las ciencias duras aprietan tu cerebro desarrollando o matando el amor por el conocimiento, un año más a pasado y te sentirás feliz cada vez que eso ocurra.
En Bolívar se hacen globos gigantescos de papel, los pegan con almidón de yuca o de papa y los elevan algunos los artesanos jóvenes que se atreven a servir de Ingenieros de Vuelo. En sus carnavales, pueden llegar a componerse de miles de estos papelillos, tanto así que se dice que el globo más grande llegó a tener en su estructura cerca de seis mil. En el colegio fabricarás muchos de estos, pero es un trabajo arriesgado y debes estar dispuesto a perder tu esfuerzo en una bola de fuego, el primero se elevará majestuosamente a pesar de su fealdad, el segundo mucho más estilizado irónicamente padecerá la inclemencia del clima pero el tercero y más hermoso se ha elevado, y no caerá hasta que la tierra lo decida, ya que quiso de alguna forma hacerlo suyo, algo que hicieron tus manos está con la tierra y nunca bajará, tu espía con los santos.
El tiempo pasará como un bólido ante tus ojos, entre los carnavales de globos gigantesco, las borracheras de tus compañeros hedonistas y uno que otro narcotraficante heliogábalo, pero tu seguirás allí inmaculado, sin cambiar en tu pensar, como el niño de once años que tomó su pupitre esperando el cambio en el nuevo lugar. El día de la despedida verás la borrachera de tus compañero, y sus tristezas: Yo ni me quiero ir Tenemos que volver a reunirnos, pero te darás cuenta de que tu no lo lamentas como ellos porque esperabas ese momento desde mucho antes, algunos vomitan otros se preparan para una explicación, otros buscan inútilmente algo para hacer, tu sólo te frustras y piensas en tu nueva carrera y te paras abruptamente en seco. Si hubieses tenido un poco más de tiempo, si el tiempo no pasara como un bólido ante tus ojos Quizá. Uno de tus compañeros ha destapado una botella de alcohol etílico, y se lo toma mezclado con un poco de agua.
No sentirás felicidad, el día de tu grado, solo recibes el diploma y te marchas hacía Popayán, a seguir con tu vida obligada, con tus compañeros de universidad que parecen no disfrutar a un médico en Ingeniería de Sistemas y con un promedio de 66.77 te olvidas de tu última oportunidad de ser feliz. Este día, el sueño terminó y nunca entenderás tenlo por seguro, porque los sueños se tienen que acabar.
Popayán, 10 de Marzo de 2008.
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