recuerdo

Categoría(s): cuento

Se encontraba sentada en el piso, en una esquina de la sala. La luz del atardecer le daba reflejos extraños a su rostro. Parecía enferma. En su rostro se reflejaba el sufrimiento de varios días.

El cabello entre castaño y negro. La verdad era que no se sabía el color de su “greña”.

De en vez en cuando miraba hacia fuera, a través de las persianas metálicas blancas.

En la casa, todo era un gran amontonamiento de cajas y cajas.

Sobre la pared los cuadros, que narran un poco sus historias y la falta de limpieza.

Los diplomas universitarios de ella y el, solitarios en una pared pintada de un blanco hueso.

Los rayos de luz de la pequeña lámpara de porcelana, que tanto los acompañaba, alumbraba poco sobre el piso y aun menos la alcanzaban a ella. En realidad no sabia que hacer con ella. Pero de algo estaba segura, no se la iba a devolver.

Los libros de el que todavía seguían ocupando un espacio en el librero, daban a conocer su profesión y gusto por la lectura.

El recuerdo de lo felices que fueron el día de su boda, en la imagen de una fotografía sobre la mesa.

Recuerda aquella noche en la que ella le hablo de los milagros y el le respondió,- el verdadero milagro es nuestra ciega creencia en los milagros.

El libro: “los hermanos Karamazov”, que tanto los acompaño en sus viajes, servia como estabilizador de aquella mesa coja.

Al fondo, al lado de la gran vitrina de su comedor de lujo, orgullo de su bienestar, estaba el retrato de sus difuntos padres.

Se levanto con desgano y camino entre los bultos. Parecía perdida entre las cosas.

En una foto sobre el suelo, se ve ella con el en un pueblo de nuestro país. Conocían todo el país. Desde los pequeños pueblos del Este con sus ingenios y sus braceros. Con su calor agobiante y sus casas con ventanas y puertas protegidas por telas metálicas para combatir los mosquitos; los tranquilos pueblos de la zonas montañosas, con sus casitas de madera aisladas por grandes árboles.

Comenzó a revisar las habitaciones para ver si todo estaba recogido y allí, en el cuarto de el, su antigua “oficina” estaba aquel viejo baúl de hierro.

Siempre fue un misterio para ella ese viejo baúl. El nunca dejo que ella lo abriera. Siempre estaba cerrado con aquel candado grande. Sin embargo cuando el recogió sus cosas lo dejo. Durante unos días, los primeros, no se había dado cuenta de que ahí estaba. Era tanta su sorpresa, su dolor, su ira… que no se había percatado de su presencia. Pero después, cuando hubo que continuar con la vida, hacer labores cotidianas y sobre todo sonreír, allí en el fondo de su pecho parecía que le pinchaban agujas…

Cuantas veces había creído que allí se guardaba el dinero que todo el mundo decía que el tenia. Al fin iba a encontrar ese dinero.

Busco algo con que forzar el candado.

Cuando fue al baúl se dio cuenta que el candado se encontraba abierto.

Tuvo miedo al destaparlo, pero lo hizo.

Miro ávidamente… allí solo se veían papeles y libretas… hojeo algunos y descubrió poemas, cuentos y muchas cosas mas, escritas por su marido.

Leyó algunos poemas y la mayoría dedicados a ella… descubrió, al leer sus escritos, que su marido sufría mucho en su interior.

Y ahora todo había terminado.

Simplemente. El tenia que realizar ese viaje con aquella mujer que tanta maldad, por muchos anos, le había hecho a ella… así le había dicho. No podía seguir con esa vida dividida. Y ella debía continuar.

Solo le queda el recuerdo del accidente donde su automóvil estallo.

   

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