La joven profesora iluminando, los rostros de sus púberes estudiantes, con sus bellos ojos pardos; les comunica que con motivo de las glorias navales, les ha tocado representar la gloriosa epopeya del "Combate Naval de Iquique".
-Los que participen deben venir con atuendo de marineros.
Les advierte.
El grupo de niños perteneciente a una escuela básica de una población marginal, se emociona y comienzan a soñar con la vestimenta que usarán, los parlamentos que dirán y la hazaña patriótica que han de desempeñar.
Esa tarde Armando camino a su casa, reunía valentía para anunciar a su madre con determinación que esta vez sí participaría. Ya que siempre su madre aludiendo a los pocos recursos con que contaba no le permitía participar de los actos del colegio.
Esta vez era distinto- pensaba Armando - Esta vez yo mismo me voy a confeccionar el traje y así no tendrá pretextos.
Dicho y hecho. Llega anunciando a la casa su decisión y su madre le entrega dinero para que se compre algunas cartulinas.
Pero una vez frente a la cartulina y el pegamento, cae en cuenta que el nunca ha visto un marinero. Trata de recordar alguna película o alguna ilustración donde apareciera alguno.
Y recuerda que en el cajón del velador tiene una revista de caricaturas que guarda como un tesoro. Esperanzado y con el corazón casi saliéndosele del cuerpo se abalanza a abrir el cajón y la encuentra: Sí!!!!! Aparecía uno de los personajes vestido de marinero.
Comienza el trabajo, recorta por aquí y por allá; pega por aquí y por allá, hasta conseguir su atuendo de marinero. Corre a mostrárselo a su madre y ella lo felicita por tan buen trabajo. El se acuesta deseando que llegue pronto el día para poder lucirse con su traje de marinero. Sueña que Claudia, la niña que siempre le ha gustado, lo admirará cuando el se presente en el escenario, por que sin duda será el más gallardo marinero que se haya visto jamás.
Llegado el día, Armando recorre las calles de su población rumbo a su colegio, con una sonrisa imaginando los aplausos y los elogios de su profesora, con su traje marinero envuelto bajo el brazo.
Y al acercarse a sus compañeros escucha la voz de la profesora que dice: Cuando el locutor diga: ¡Al abordaje muchachos! ustedes deben desfilar hacia el escenario como se los enseñé, así que empiecen a arreglarse.
Armando mira hacia sus costados con superioridad y observa atónito que los atuendos de sus compañeros, seguramente comprados en alguna tienda, no se parecían si quiera al suyo.
¿Pero como? ¿ Acaso el Pato Donald no era marinero?.
Y escucha con desesperanza la señal: ¡Al abordaje muchachos!. Pero Armando no entra al escenario, sale corriendo hacia su casa tratando de contener las lágrimas.
|
Imprimir |
Enviar historia |
