Sólo hay dos tragedias en la vida; una es no conseguir lo que uno quiere, la otra es conseguir lo que uno quiere.
Este es un proverbio difícil. En los cinco años que se los leí a los niños de sexto año, sólo dos dieron enseguida con la respuesta acertada. Me los quedé mirando como caídos de otro planeta, ya que por la experiencia que tenía, les costaba mucho a los niños entenderlo. Cuando veía que no acertaban, les dividía ese proverbio en dos partes.
Les decía: Vamos a ver, no conseguir lo que uno quiere puede ser una tragedia ¿no? Todos estaban de acuerdo con esa afirmación. Entonces seguía: ¿pero donde puede estar la tragedia en conseguir lo que uno quiere? Y después de luchar con la falta de entendimiento de los niños, en donde trataba de hacérselo lo más fácil posible, al fin después de una ardua lucha, alguien salía con la respuesta acertada, de que conseguir lo que uno quería podía ser malo para esa persona. ¡Bueno al fin se consiguió! Como ejemplo ya para disuadirlos de comenzar con drogas, usaba el de un jugador de fútbol muy conocido, que lo único que consiguió con su dinero y fama es volverse alcohólico y drogadicto y entrar y salir para el resto de su vida de hospitales ya que su mente fue deteriorada por ambos vicios. Y le marcaba claramente que ni el dinero ni la fama eran perjudiciales, sino la forma como se empleaban.
Muchas veces deseamos algo, y si tenemos la mala suerte se nos hace realidad ese sueño. ¿Quien de nosotros no tiene uno o más sueños? El tener un coche, o suficiente dinero, o aquella mujer u hombre con los cuales suspiramos, o cualquier otra cosa que deseamos. Pero en realidad, ¿nos hace felices ese deseo cumplido? Si claro, al principio tocamos el cielo con las manos, saltamos de alegría en una pata y depende de quien hasta llora de felicidad. Al coche lo cuidamos, lo lustramos, nos amargamos por cualquier manchita, ni hablar de rasguño que vemos en
Por eso una máxima muy sabia dice: cuánto menos bagaje llevamos con nosotros, más liviano viajamos. Uno cree, que sin eso o aquello no se puede vivir, o ser felices. Llegado el momento de un accidente de cualquier índole o una enfermedad, en donde nuestra vida está en peligro, salvado el mismo, nos damos cuenta, que sí podemos vivir sin eso o aquello, que lo más precioso es la vida misma, que no tiene precio.
|
Imprimir |
Enviar historia |
