Promesa de Lealtad a la Bandera

Categoría(s): Historias

En mi barrio, eventualmente podía ver a algún niño alistado para ir a su escuela. Cada 20 de Junio, que se celebra el Día de la Bandera, era sólo un día más.

Pero este fue un año diferente para la gente de mi barrio y también para mí. Este año la flamante escuela y los niños que asisten a ella nos cambiaron la vida y la rutina; comenzó una nueva historia.

Nuestro barrio, antes poco transitado, un poco olvidado, inclusive hasta “en medio de la nada”, necesitaba vida. La Escuela Gobernador Fernando Pedro Riera se la dio y lo conectó directamente con el resto de Las Talitas.

Y este año, para mí diferente a todos -insisto- con hijos adultos, con nietos pequeños, hasta alejada del folclore escolar, fui motivada por esos niños que pasaban con delantales blanquísimos recordándome a mis propios niños. Me llegué a verlos en su acto de Promesa de Lealtad a la Bandera.

Me sorprendió la organización, su impecable protocolo. Un equipo de audio, presentadores, sillas para padres y familiares hacia un lado, los alumnos formados frente a ellos.

El desfile sincronizado de estos niños volvió a recordarme a mis hijos. Hasta los imaginé a mis nietos.

Luego, presté atención a la toma de promesa que se leyó:

“Niños: La Bandera blanca y celeste –Dios sea Loado– no ha sido atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la Tierra.
“Niños, esa Bandera gloriosa representa a la Patria de los argentinos.
“¿Prometéis rendirle vuestro más sincero y respetuoso homenaje, quererla con amor inmenso y formarle, desde la aurora de la vida, un culto fervoroso e imborrable en vuestros corazones; prepárándose desde la escuela para practicar a su tiempo, con toda pureza y honestidad, las nobles virtudes inherentes a la ciudadanía; estudiar con empeño la historia de nuestro país y la de sus grandes benefactores a fin de seguir sus huellas luminosas; y a fin, también, de honrar a la Bandera y de que no se amortigüe jamás en vuestras almas el delicado y generoso sentimiento de amor a la Patria?
“En una palabra: Prometéis lo que esté en la medida de vuestras fuerzas para que la Bandera Argentina flamee por siempre por sobre nuestras murallas y fortalezas, en lo alto de los mástiles de nuestras naves y a la cabeza de nuestras legiones y para que el honor sea su aliento, la gloria su aureola y la justicia su empresa?”

 

Pues bien, ante el vigoroso “¡Sí, prometo!” de aquellos niños, casi lloré.

Pero por las decenas de flashes de improvisados fotógrafos -hace 30 años no  se veían tantos en una escuela-; los aplausos emotivos de sus familiares y por las bombas de estruendo, que me tomaron desprevenida, tuve que disimular mis lágrimas.

En aquella tarde nublada, para mí salió el sol cuando los niños promesantes hicieron flamear en alto sus banderitas en guantes blancos.

Esa tarde de 20 de Junio presencié el acto patrio más emotivo de mi vida, en mi barrio, en escuela nueva y rodeada de horizontes vírgenes.

De nuevo tuve esperanzas.

 

Texto ya publicado en Revista El Puente (25 de Junio de 2006)

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