¿Por qué los ángeles se caen del cielo?

 

En muchos libros alrededor del mundo, libros "sagrados", hablan de ángeles que se han "caido" de su cielo, seres tan perfectos y hermosos que es imposible imaginarlos fuera del paraiso pero, ¿por qué se caen?
Un día nublado es el motivo que me lleva a escribir sobre esto y sólo tengo una ligera idea del por qué.

Todos (o en su gran mayoría, tal vez), dicen que el amor es el motor de todo, las cosas se hacen por amor, las familias se forman, crecen y rompen por lo mismo, ¿alguna vez alguien se ha sentado a pensar que los ángeles se caen del cielo por amor?
Yo conozco la historia de un ángel, perfecto y hermoso desde cualquier par de ojos que se posaran en él. Un día este ángel sentado entre las nubes, quiso observar la tierra, la gran esfera azul que nunca paraba de girar por el universo. Allí, vio de todo, los seres humanos eran criaturas espléndidas, con pensamientos, razas, edades, ciudades, y sentimientos, todos diferentes el uno del otro pero, esto no fue lo que captó su completa atención; una demonio caminaba por ahí, una demonio de cabello rubio brillante como el de los mismos ángeles pero de puntas negras para demostrar su diferencia de los demás; sus ojos eran dorados, de piel pálida y labios rosas. No fue la gran belleza de esta demonio lo que hizo que el ángel posara su vista en ella, sino la forma como ésta convivía con los humanos, completamente inocente de este mundo, caminando entre ellos con los ojos brillandole de curiosidad. Poseía un aura infantil que atrajo al pequeño gato celestial de tal manera que este se esmeró en ver mejor pero no podía, no desde tan lejos y quería conocerla sin importar que fuera una demonio, al fin y al cabo, ella sólo paseaba por la tierra sin hacer nada malo.
Miró a su alrededor y, antes de que cualquiera pudiera detenerlo, se lanzó al vacio del espacio.
El viaje fue corto, le bastaron pocos minutos para llegar a la tierra azul y quedar dentro del cuerpo de un humano común y corriente.
El cambio fue chocante, las cosas eran muy diferentes aquí, la vida era más...difícil, o eso pensaba él que no era humano.
Pero, aunque la vida no era tan complicada como pensaba, sí hubo algo que no pensó sería tan difícil: encontrar a la demonio de ojos dorados. Le tomó años hacerlo, tantos, que la paciencia se le estaba acabando y la existencia humana se le hacía menos atractiva con cada día que pasaba.
Justo cuando estaba a punto de darse por vencido el destino le recompensó el tiempo perdido y la demonio cruzó frente a él. Su perfume le llenó los pulmones, su belleza le inundó la vista y su presencia le hizo quererla por completo. Se sentía tan afortunado, tan único, que una ligera sonrisa le adorno el rostro.
Por desgracia, el destino es famoso por sus alardes de jugueton, y dicha sonrisa se convirtio en risas incontenibles y el ángel fue rechazado por la burla.
¿Qué iba a hacer ahora? Había perdido el amor tan pronto como lo conoció.
La voluntad de regresar al cielo gritó en su mente que eso era lo que debía hacer, debía regresar con el Creador y dejar esos juegos para siempre, ya había estado mucho tiempo por fuera, le extrañaban pero, ¿quién no se ha quedado sordo por querer a alguien más? Esos gritos no tardaron en convertirse en susurros sin sentido hasta que finalmente se callaron.
El ángel pensó que ya estaba en el cuerpo de un humano, que su demonio por fin estaba en su mismo camino de vida, ya nada importaba, nada salvo estar con quien quería.
Corrió tras ella arriesgandolo todo. Sabía que en ese cuerpo debia asumir muchas consecuencias, más de las que alguna vez tuvo que enfrentar, no tenía poderes, no tenía sus alas, sólo carne y huesos, un alma perdida y un corazon enamorado, esas eran sus únicas defensas. Y todo estaba en su contra, todo parecia conspirar para alejarlo de la demonio, como si la misma vida le dijera que no debía acercarse tanto a esos seres diabolicos; él corría hacia ella, la vida tiraba hacia el lado contrario. Sus energias se acababan, la voluntad se le venía al piso, simplemente, por ser humano, no podía luchar contra todo.
Y en el último momento, en el suspiro en que lo abandonaba todo y se dejaba llevar por las decisiones de otros, un beso le regresó la vitalidad, ¿qué fue un beso comparado con miles de voces ordenadole y manos golpeandole?
En simple beso, un toque de labios inocente, tierno, cálido y por sobre todas las cosas, humano, no era nada comparado con las cosas que como ángel conocía. Pero ese calor, ese toque inocente, esa ternura era lo único que no conocía. Los intentos del destino, los juegos y las ordenes lo único que lograron fue que el ángel dejara de querer a la demonio, aquel sentimiento por ella desapareció; ya no la quería, la amaba.
El ángel ya no podía regresar al cielo porque el único requisito para entrar en él, es desear estar ahí y, en pocos años, esa voluntad se perdió. La sola idea de separarse de su demonio le aterrorizaba y las lagrimas inundaban su rostro en pocos segundos. Nadie soportaba ver un ángel llorar, mucho menos sus propios hermanos y la expulsión del paraiso, su "caída" del cielo, fue la mejor de las recompensas.

Un ángel se cayó del cielo por enamorarse de un demonio, un demonio que nada tiene que ver en la historia porque pudo haber sido un humano cualquiera pero que fue igual de afortunado al recibir el amor de un ángel.

Un día nublado me trajo a recordar esta historia, una que empezó por amor y terminó igual, quien sabe que habria salido si estuviera despejado.

 


>>>>Diana Escobar<<<

 

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