Por amor al arte.

Categoría(s): Columna literaria

  El arte es lógica, física y metafísica, y es una cosa espiritual. Es lo más grande que conmueve al hombre. Es como las olas del océano. Uno no puede recortar la ola perfecta y apropiarse de ella. Está siempre en movimiento; y el arte, como el movimiento, es parte de la raza humana.
Esto que digo no es abstracto. Es la realidad. Lo irreal es toda esa gente que vive en un mundo de ostentación, llegando a parecerse a sus elevados cargos públicos o negocios, olvidados de su ayer y con poco valor espiritual, que se rasgan las vestiduras hablando de las necesidades del pobre, las que desconocen cuando logran su objetivo; llenándose los bolsillos, esclavizándose por ese último peso y jugando a la competencia y a ver quién tiene más. Se están perdiendo el sentido de la vida en grandes escenas de egolatría. Pero el arte lo explica todo mejor.  Lo vemos en un cuadro, en la poesía, en la música: la gente se hipnotiza hasta retroceder a su esencia, que es positiva, pura; como en la niñez, cuando nos sentíamos naturalmente eufóricos, en las alturas; y en ese debilísimo punto predicaban nuestra formación.

Se necesita la liberación del espíritu. Sentir que fluye como el ascenso de la marea, nos eleva hacia un mundo diáfano y contacta con otras almas. Cuando estamos en esas alturas vemos con más claridad, no pensamos en el dolor ni en herir al prójimo.

No tengo forma de saber cuantas vidas pasará mi espíritu. Cuantas veces morirá en mi cuerpo y renacerá. Pero sé que el arte gravita en él con mayor fuerza que ninguna otra sensación.
Así aprendí a librarme de una indignación, de una pena, usando un lápiz y un papel. Lo supieron también, para mí, desde Jonathan Swift o Emilio Salgari hasta Marcial Lafuente Estefanía o Héctor Oesterheld; desde la Editorial Tor o la Acme Agency hasta la Editorial Bruguera o la Editorial Columba, que todos ellos me lanzaron a temprana edad a mi carrera literaria.
Pero el arte me dio una compensación en la vida. La descubrí y comencé a ponerla en práctica: cuando tengo algo en el alma, así sea la preocupación por un familiar querido, amores contrariados, amor propio herido, rabia incontrolable por la traición de alguien a quien creía leal, en fin, cualquier emoción fuerte o duda, me basta con escribirlo, utilizándolo como tema verosímil de una ficción o adorno de un escrito, para, si no olvidarlo, sobrevivirlo, como sobreviví ya a muchas cosas. Me siento así un hombre libre.-

 

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Comentarios:

Escrito por: Norberto       14/11/07 00:43
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Si vos lo decís... me haces sentir colorado... ¡Guadalupe! Realmente no estás equivocada con sombreroazul (tu coterráneo pintor y poeta), es muy buena su escritura, un verdadero poeta; y también tengo la sensación que es una bella persona. No nos equivocamos en ello.
Gracias, querida amiga. Hay reconocimientos que son impulsos a continuar sin pausa; más cuando vienen de la sencillez de un pensamiento expresado... como dices, dejándote llevar. Un abrazo-
Escrito por: guadalupe40       13/11/07 17:13
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Haciendo honor a lo escrito y aplicando ello a Escribe ya, siento liberada mi alma al leer poemas e historias de los Sres. Sombrero Azul y Norberto no sólo por la calidad sino por la humilde sencillez que los distingue; todos somos buenos escribiendo, unos menos, otros más, pero están las excelencias que son varios pero ustedes dos son lo más y no se la creen Masters de la Poesía y de la Prosa... me dejé llevar, pero hoy no me importa lo siento desde el vamos.
Guadalupe
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