Por amor a mis libros.

Categoría(s): Columna literaria, relato.

 

     Escribir sobre los libros que elijo y conservo es confesar un amor sublime, incondicional. No recuerdo exactamente cuando tuve el primero entre mis manos, pero sé que aprendí a leer con UPA.
     Mi madre era maestra normal y gran lectora (igual que mi padre). Guardaban los suplementos literarios de La Nación y La Prensa de Buenos Aires, que venían en rotrograbado y aún recuerdo su color y olor. Los estantes de la biblioteca familiar estaban llenos de volúmenes, y las habitaciones de mis padres y hermanas mayores, de revistas ilustradas, como Mundo Argentino, LIFE (en español), la didáctica LA OBRA, Leoplán, Maribel, y las novelas de época.
    
     Crecí rodeado de libros: los clásicos cuentos de la niñez y las revistas de mi adolescencia, como Misterix, El Tony, Rojinegro, Rayo Rojo y Puño Fuerte. Frontera y Hora Cero eran la vanguardia de la época, con guionistas como Héctor Oesterheld, de quien recuerdo algunos de sus personajes: Ernie Pike (corresponsal de guerra), que andaba con una pequeña máquina de escribir colgada del cinturón; El Sargento Kirk y Ticonderoga. También es de Oesterheld una novela que luego de muchos años fue reeditada y pude conseguirla: El Eternauta.
     Una obra maestra del género historietístico es El Corto Maltés, con guión e ilustraciones de Hugo Pratt. Admiraba a Pratt y a aquellos míticos dibujantes que formaban “los doce famosos artistas” de la Escuela Panamericana de Arte. Aún recuerdo sus nombres: además de Hugo Pratt (un italiano radicado en Argentina y luego en París), estaban Alberto Breccia, Narciso Bayón, Ángel Borisoff, Enrique Vieytes, Carlos Roume, Joaquín Albistur, Carlos Freixas, Rodolfo Claro, Tito Menna, Joao Mottini y Adolfo Mazzone. Después vino una serie muy interesante que  coleccioné y aún guardo: El Huinca y Fabián Leyes, saga criolla con ilustraciones y guión de Enrique Rapela. Todos ellos despertaron mi vocación y me lanzaron a temprana edad en mi carrera literaria.

 

     De niño y adolescente leía mucho, se habrá ya visto, y lo hacía viviendo dentro del libro (aún lo hago). Cuando no se ha leído en la niñez, creo, queda una imperfección incorregible en el alma, como si le hubiese faltado en época oportuna un alimento vigorizador.
     Hoy se desdeña la imaginación, sin embargo, todo cuanto han realizado de bueno los hombres ha sido antes un sueño. Un sueño en apariencia inútil de su fantasía.

 

     Cuando cumplí los diecinueve años dejé mi hogar paterno para radicarme en Villa Mercedes. Una amiga de mi familia, doña Marta Belaunde, por razones familiares, se ausentó por dos años a la ciudad de Mendoza y me confió el cuidado de su propiedad. La casa de las rejas verdes y su dueña tenían, por entonces, los mismos rasgos de prosapia que las distinguía.
     Ya no existe Doña Marta y las paredes no son las mismas, pero de muchacho moré esa casa invadida de viejas novelas de autores europeos. Ahí conocí tempranamente a  Lorenzo Sterne, Guy de Maupassant, Oscar Wilde, Erico Verissimo, Zamacois, Melville, la Baronesa de Orczy, Stendhal,  Somerset Maugham, Anatole France, Marcel Prevost, Eça de Queiroz, Alberto Moravia y A. J. Cronin, entre otros,  y sentí que ya nunca podría separarme de ellos.

 

     Todo lo recuerdo como un sueño feliz. El mundo de los libros era para mí un fanal maravilloso destinado a guardar seres valientes, románticos, invencibles personajes de ficción que gustaban conmigo del encanto de vivir. Pero todo pasó, todo se fue hundiendo en los abismos del tiempo. Sin embargo, Dios me ha dado el consuelo de poder evocar cuando quiera aquel mundo mágico. No tengo más que recurrir a mi biblioteca, donde aún guardo mi colección de Fabián Leyes y  El Huinca, la primera edición de El Sargento Kirk y los viejos volúmenes que fueran de la casa de las rejas verdes, para que, repentinamente, corra un estremecimiento de dicha por mi alma y vea surgir ante mis ojos con todo su embeleso la primavera de mi vida, e imaginar la voz y el rostro de aquellos personajes que hoy evoco.
     Muchas veces me he preguntado después, en el curso de mi vida, ¿cuál será el mundo “verdaderamente” real? ¿Aquél que yo veía en mi infancia? ¿O este otro que hoy contemplo a través del velo tejido de bajezas, perfidias y ruindades que los años colocaron delante de mis ojos?  Ya sé que para la mayoría de la gente el asunto no es dudoso. Sin embargo para mí sí lo es. Para mí y para aquellos eternos autores de mis viejos libros de la casa de las rejas verdes.-
Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Norberto       13/10/07 03:56
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Gracias Silvina porque me comprendes y aceptas la experiencia ajena.
Escrito por: sgrassimeli       13/10/07 02:08
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Que bonito texto. Seguro que la mayoría comparte esa afinidad por la lectura y escritura en este sitio. Me fuí con la mente hasta mi propio arcón de los recuerdos. Es interesante tu pregunta final. De hecho creo que no hay UNA realidad verdadera. Lo era la tuya, pura, ante los ojos de niño y lo es también la "contaminada" que enfrentan tus ojos de adulto. Y te entiendo, porque fui criada "en cajita de cristal" y permanentemente trato de disfrutar de la vida sin rollos más allá de esa tristeza existencial que nos pega cuando nos conectamos con el dolor del otro. Salu2. Silvina.
Escrito por: Norberto       12/10/07 23:04
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Tu comentario Esperanza es toda una pieza literaria. Te comprendo por cuanto me dices. Me impresiona gratamente el recuerdo de tu papá leyéndoles la Biblia, la mayor obra literaria de la historia. No pudiste tener mejor base. Tu comentario fue hecho con todo el sentimiento, si eso en parte despertó tu lectura reciente me siento realizado. El agradecido soy yo.
Escrito por: Norberto       12/10/07 22:54
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
animalson, Jorge Luis, gracias por recorrer mi rincón. Seguramente también vos vives a diario cosas queribles, muy queribles, y sin darte cuenta las vas guardando en el arcón de los recuerdos, para el mañana, cuando de estas cosas sólo te queden ellos, los bellos recuerdos, la nostalgia.
Escrito por: Hope       12/10/07 05:20
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Sabes tienes un gran tesoro en tu corazon de todo lo que has aprendido leyendo,
Recuerdo que Papa leia constantemente y le gustaba hacerlo en voz alta para que oyeramos todos...Su libro era la Biblia...Viviamos en las afueras de la ciudad
y muy humildes era dificil tener acceso a los libros...Pero El de esa forma nos enseño aparte de valorar a cada ser humano tambien valorar las cosas que Dios nos ha dado. Asi pude saber que leer no era suficiente habia que indagar mas profundo sobre lo leido y visualizar los corazones.
Hoy dia es mucho mas sencillo encontrar libros por todos lados pero lo importante es sentarte y leerlos simpre dejan algo valioso en nuestro pensamiento.
Gracias Norberto...Mi capacidad no da para mucho pero me agrada mucho lo que has escrito aqui...Seguire leyendote...de seguro...Un saludo y perdon por mi periodico jaja!...Esperanza
Escrito por: animalson       12/10/07 04:34
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Lecturas que nos marcan, y que aún en el tiempo suelen ser refugio.
una parte más de ti en las letras.

Un abrazo.Hasta pronto.
Escrito por: Norberto       11/10/07 23:16
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Gracias, Guadalupe. Creo que hay un momento en nuestra existencia donde sucede algo, a veces una sucesión de hechos, que nos hacen replantear todo lo ya vivido. A mí me ocurrió y me puso a escribir (ya lo hacía, pero más débil); y no me refiero al hecho en sí (al menos no conciente, que subjetivamente ha de ir), sino que esa circunstancia que nos marcó nos sirvió de acicate. No creo, por tu sensibilidad y la de mis nuevos amigos que me leen, que no lo hayan percibido ya. Un abrazo.
Escrito por: Norberto       11/10/07 23:03
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
También yo me siento muy a gusto contigo, Abedul, y con quienes hice mis amigos en escribeya. Te devuelvo el abrazo, con todo sentimiento.
Escrito por: guadalupe40       11/10/07 22:52
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Lo repetiré una y mil veces, es un gusto especial el leerte...ya en otra historia mencionas a Marta y su casa de las rejas verdes, realmente te ha marcado al igual que todo lo que has leido, es tanto lo que atesoras...gracias muchas Guadalupe de Santa Fe ( 11/10 17 ,43 hs.)
Escrito por: Abedul       11/10/07 02:30
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
También atesoro libros, me encanta leerlos y releerlos, siempre descubro algo nuevo:
Algún detalle, alguna frase que me viene bien o simplemente un párrafo olvidado
Que rico es sentarse cada noche un ratito a leer sus escritos y relatos y sentir que no estoy sola en esto que puedo conectarme con personas como tú a través de la literatura.
Un abrazo,
Paula.
Escrito por: Norberto       11/10/07 01:10
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
...y gracias a vos por tus poesías, Ruth, que ya te comencé a leer y hablas con tanta simpleza del amor en tus poéticas palabras, exactas, y que haces de la soledad belleza. Gracias por tu visita a mi rincón.
Escrito por: ruthsoto       11/10/07 00:52
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Interesante y curioso para recordar el momento de que tomas un libro y te cuesta dejarlo, que vives un instante en sus paginas hasta que terminas de soñar con el final, yo apenas llevo 2 años escribiendo historias, aunque leyendo llevo muchos años mas, pero desde que despegue los pies de la realidad, leer te da una forma diferente de vivir. Gracias por tus relatos.
Escrito por: Norberto       10/10/07 23:57
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Gracias Dilcia, que dices en tu pefil que lees poco y mal y nunca y demuestras que no es cierto y dices que trabajas mucho, demasiado e inutilmente y te equivocas, pues nada se pierde, todo se transforma (y no lo dije yo) y que te prefieres sola que acompañada y hoy te pregunto si sigues pensando igual. Una bella mujer no puede estropear sus uñas arañando las paredes... ¿Qué tiene que ver esto con tu comentario? No sé. Fue el subconciente... Por tu comentario y leerme, Gracias.
Escrito por: Norberto       10/10/07 23:19
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Gracias sombreroazul, de quien aún no sé nada, ni tu nombre, y lo sabré muy pronto leyendo cómo escribes y qué escribes, para luego ver tu perfil. ¿Acaso somos contemporáneos? Lo pregunto por tus recuerdos.
Escrito por: DILCIA       10/10/07 22:47
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me gusta la historia simple que nos cuentas, hace poco me hicieron una pregunta, desde cuándo leía?, y tb, evoco recuerdos de mi infancia, desde los 8 años, de los 10 cuando quise hacer un trabajo de escuela, con Las Crónicas Marcianas, y a nadie le interesaban. Creo que no importa mucho si este o el otro es el mundo real, lo importante es que lo estamos viviendo. Gracias por tus recuerdos, que se cruzan con los míos.
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poesía