Con el pasar de los días, el peso en la conciencia de sentirse cómplice de la fechoría cometida meses atrás había mermado, sus nombres no aparecían con tanta frecuencia por los medios de comunicación y ello le daba la tranquilidad necesaria para deleitarse con el producto del robo: dos obras pictóricas de un autor sumamente reconocido. No obstante, el influjo que recibía de uno de los cuadros era cada vez más tormentoso, no resistía la tentación de admirar la obra el tiempo que fuese necesario, todo el colorido psicodélico que inundaba su ambiente lo llevaba a transportarse por cualquier aventura del Capitán Centella, sentir con alto grado de excitación los poderes de algún rey mesiánico. El maleante carecía de decisión propia, su vida giraba en torno a un derroche de colores que evocaban nostalgia, tristeza y desesperación, tan notable era su entrega que no dudó en gritar fuertemente cuando su cuerpo llegó a paralizarse por completo para iniciar una fusión con el protagonista de la pintura.