


| Escritor: | Testigo_Mudo |
| Públicado: | 25/06/2008 |
PL 26
- Comenzaremos las entregas la próxima semana, el lunes de seguro. Creo que ya he convencido a un acuario en las afueras de cambiar de proveedor y preferirnos. De cualquier manera tengo que ir a verlos nuevamente. ¿Te gustaría acompañarme? Sería bueno, sabrías cómo llegar y te presentare con ellos.-
- Claro, no hay problema ¿Cuándo?-
- Tal vez mañana, según tengamos tiempo. ¿Estarás ya disponible todos los días verdad?-
- Si, no hay inconveniente por eso.-
Entre plática y acto, Mikel aprendió ese día a soldar, a instalar una junta, sellar herméticamente con silicato y a construir con hojas de poli-carbonato una pecera con capacidad de cuarenta litros. Escuchó atentamente cada indicación del primo e incluso tomó algunas notas mentales respecto a sus siguientes pasos a tomar: había que conseguir un pie de cría de Artemia Salina, fuera lo que fuese, a buen precio y con la mayor de las garantías. Tenían que interconectar todas las peceras del muro norte en el que habían estado trabajando esa tarde con tal de aprovechar el uso y potencia de un solo filtro de agua de uso industrial que Lander había conseguido en alguna parte y conseguir algunos termómetros extra.
Para cuando comenzaba a anochecer Lander se dejo caer en cualquier parte y permitió que Mikel terminara de levantar la herramienta que habían dispersado en el suelo tras el día de trabajo.
- ¿Te parece que a esta hora concluyamos la jornada de trabajo? A menos que alguien tenga una crisis y requiera de quinientos guppys de manera urgente para alguna clase extraña de ritual o pervertida actividad nocturna, no veo caso en permanecer abiertos después de esta hora.-
- Bien, de acuerdo.- respondió Mikel sonriendo.
- Una última cosa primo...-
Mikel miró como Lander se incorporaba con rapidez y desaparecía parcialmente detrás de un pequeño mostrador que compartía su naturaleza con la de una enorme base que sostenía una pecera de no menos doscientos litros. Inmediatamente Lander salió de ahí con una pequeña bolsa de tela. Anteriormente habían contenido alimento en hojuelas y aunque ya vacía, cuando se la extendió a Mikel, emanó un olor seco a pescado y a otras cosas indefinibles.
- ¿Caminas a casa, Mikel?-
- Bueno, en realidad llegue aquí en transporte público...-
- ¿Pero en algún momento te mueves a pie?-
- Pues, si, en algún momento... ¿Por qué?-
- Necesitamos piedras, muchas, para el asiento de las peceras.-
- ¿Piedras?-
- Si. No más grandes que un guijarro. Preferentemente blancas o rojizas, son más atractivas.-
- Pero ¿Qué tipo de piedra?-
- Resultara más productivo que recojas las que puedas y aquí las seleccionemos. Describirte o intentarte indicar en la teoría lo que necesitamos es una perdida de tiempo. ¿Qué dices? ¿Apoyas la moción?-
Mikel estaba realmente sorprendido con la solicitud, pero no tenía manera de no involucrarse en ella.
- Claro. Solo espero traer las correctas.-
- Espero lo mismo. Ahora, Mikel es hora de que vayas a casa.-
Mikel asintió y tras lavarse las manos en la parte trasera del local se despidió y salió de ahí.
La noche agrandó el llamativo marco en el que se encuadraba el centro de la ciudad que el muchacho cruzó de camino a casa. Luces de neón coronaban las alturas mientras que el alumbrado público parecía enfrascado en hacer descender al nivel del suelo tal fluorescencia. La gente no aminoraba su transito a pesar de la hora, incluso parecía haberse intensificado, como si ahora se mezclaran pasajeros en transito y compradores reincidentes.
Mikel se movía con soltura, como quien disfruta de algo que pese a todo, escapa de su control. La sensación de prisa por ir a casa era reblandecida con la plena autorización para estar ausente de ella. Cada sombra y rincón oscuro le resultaba cómplice y le invitaba a detenerse en el siguiente aparador de los pocos que encontró al paso y gastar algunos minutos en este, importando exclusivamente la contemplación que ahí pudiera generarse. Y nada más, en lo absoluto.
Mikel además y de alguna manera conciente tenía presente el asunto de las piedras del primo, tanto que prefería mantener en la mano la bolsa que este le había dado. De vez en vez adentraba la vista en la oscuridad e intentaba encontrar algún guijarro que resultara útil pero al momento no había tenido suerte. Todo resultaba difuso y no se atrevía a levantar cualquier cosa del suelo.
- Mañana, con luz...- se dijo a sí mismo sin desentenderse del todo del asunto.
A unas pocas calles es que se encontraba el lugar en donde debía abordar el transporte público, quizá a unos diez minutos de camino al paso que iba, ritmo marcado como deseando encontrarse un mono con traje de soldado francés del XVIII y un silbato aullador para aplaudir y bailotear a su alrededor.
Se sentía completamente tranquilo y relajado.
Entonces la sombra se movió detrás de Mikel a unos veinticinco metros de distancia.
Primero lo hizo dubitativamente, luego con un paso más decidido. Mantuvo la misma velocidad de avance, cosa que no resultó difícil al moverse en una densidad de gente idéntica. Lo contemplaba de lejos, reconociéndolo cada vez más y afinando los detalles que en el primer golpe visual solo fueron datos inconexos.
Estuvo un par de ocasiones a punto de perderlo pero Mikel siempre reapareció de entre la gente, mostrando su espalda y cabeza distraída en detalles que a cualquier otro hubiesen pasado ya por insignificantes. Luego tras un recorrido no tan largo pero que el muchacho alargó de manera innecesaria, la sombra miró como Mikel esperaba por y abordaba el autobús que se movía por ahí.
Lo contempló mezclarse entre la gente sobre el transporte iluminado su rostro por el fuerte resplandor al interior del mismo.
Si, era él. No había duda. El mismo que había golpeado a Fernando hace poco en la calle, y que después había desaparecido "bajo las faldas de su mamá"; Así habían dicho los chicos, Arnalt, Xuan, Oscar, el mismo Fernando, quienes desde entonces lo habían estado buscando con poca prisa en realidad, pero con esa constancia del que no precisa fechas para saber que de una u otra manera las cosas han de sucederse sin remedio. Hasta ese momento se les había escabullido de buena manera, notablemente casi podría decirse, pero la ciudad resultaba ser pequeña y todo podía llegar a saberse; cosas como en dónde podría encontrarse aquel extraño muchacho sin amigos en una tarde como esa, solo y distraído, lento y vulnerable.
Todo tenía su precio, por mínimo que este fuera.
Si la sombra lograba quedarse a solas de nueva cuenta con Arnalt y este tenía deseos de "sobrepasarse" otra vez, bueno, posiblemente una vez que ambos se hubieran subido los pantalones y calmado el tacto se sentiría en ánimos de contarle que había visto al chico blandengue en el centro de la ciudad.
Le pediría además que no lo lastimase demasiado, cuando menos no para dejarlo estúpido, como dicen que ya sucedió antes.
El transporte avanzó chirriando las llantas en contra de su estructura y se movió de tal manera que rápidamente se posicionó frente a la sombra a moderada velocidad.
Entonces el rostro de Mikel se dibujo perfecto bañado de luz.
No había duda, era él.
Si el muchacho hubiese puesto atención a los detalles a su alrededor hubiera notado que en la calle, del otro lado de las ventanillas del vehículo, una jovencita apenas uno o dos años más grande que él lo miraba fijamente, inyectados los ojos con curiosidad destilada al 100%. Un mero atisbo hubiera señalado que ella pensaba en algo que la emocionaba en un estridente sentido físico y el hecho de que no llevara sujetador o cuando menos corpiño alguno no ayudaba en lo absoluto a mitigar tal percepción.
Ella regresaría al día siguiente, y también al que vino después. Necesitaba corroborar su historia y de manera efectiva el carácter de Mikel, siempre en busca de la estratificación y la rutina, como la raíz de todos los corales, le ayudó sobremanera.
Continúa...
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