Plecostomus 23

PL 23

 

El día que vino a continuación no pudo llamarse de otra manera sino de terror absoluto. Un terror blanco, brillante y silencioso.

 

El aire estaba frío y el sol, aún cuando llego a cenit, no terminó por calentar el ambiente. Ese día consecutivo a la segunda pesadilla, sin que en realidad nada sucediera -como cuando los tiburones merodean aparentando indiferencia con sus ojos vacuos- Mikel encontró en cada rincón una nueva interrogante y un motivo para el sobresalto, sobre todo cuando desde muy temprano las horas matutinas acumuladas le ordenaron prepararse para ir a la escuela.

 

Ahí, de seguro, se iba a topar con aquel muro de fuego que la noche lo había atormentado.

 

Cualquier cantidad de cosas pasaron por su cabeza, la mayor parte de ellas irrealizables y que se convertían en muy poco tiempo en callejones sin salida aparente. Mikel, entonces, sin la supervisión adulta que jamás había requerido, decidió no ir a la escuela ese día. No tenia caso ir y caer en los invencibles engranajes de lo irracional de una ridícula parvada de jovenzuelos que solo debería estar buscando vengar una afrenta inexistente.

 

Esa mañana, cuando el resto de los muchachos de su edad y en realidad todo aquel en edad escolar, Mikel la invirtió en su casa, descubriendo cuánto temor y estrés le provocaba el hecho de que su madre, en una situación completamente hipotética, regresara en cualquier momento y lo descubriera ahí, perdiendo el tiempo y perdida el alma en día hábil.

En realidad no sabía que resultaba peor, si el cobijo de un aula escolar aparentemente hostil o el silencio trepidante y acusador de su casa.

Lo cierto es que tuvo mucho tiempo para pensar en toda aquella temporada de espanto que estaba atravesando y a la cual no se le veía fin aparente. Quizá en algún momento se desquebrajara cualquiera de paredes espirituales que lo rodeaban y él pudiera recuperar parte de la antigua tranquilidad, pero nada de eso se notaba ahora posible.

 

En todo caso debería disminuir al máximo su exposición al medio hostil que lo rodeaba. Alguna salida debería de existir.

 

Soportando de lleno el peso de cada sombra y rincón de su amado domicilio, Mikel espero y consiguió atravesar la barrera del medio día, momento en que ya no resultaría raro encontrarlo ahí adentro en el todavía supuesto caso de que Garaitz regresara de improvisto. Pero sin presentarse ninguna noticia adversa la tarde arribó y Mikel, con sus sentidos distraídos en el fondo de la televisión, ignoró la llegada de la noche y con esta, a su madre al fin atravesando el quicio de aquella puerta muda que él imagino abriéndose mil veces durante el transcurso de ese día.

Para su sorpresa, no compartida, Garaitz regresaba con una sonrisa en el rostro.

 

- Mikel, tengo la respuesta.-

 

El muchacho la miró con sus sentidos adormilados.

 

- Tu primo Lander, ¿Lo recuerdas? Vive del otro lado de la ciudad, le frecuentamos poco, pero hoy, ¿Puedes creerlo? Me lo he topado en la calle...-

 

Mikel miraba a su madre al tiempo que intentaba hacerse una imagen de todo eso que estaba diciendo ¿Lander? Claro, lo recordaba de hace mucho tiempo. ¿Pero no era apenas alguien de su edad? ¿De qué respuesta hablaba ella?

 

- Pensando en lo que dijo el doctor, seria bueno que intentásemos que lo acompañaras durante las tardes. Me cuenta que acaba de abrir un pequeño negocio y le ha encantado la idea de que le ayudases después de la escuela...-

 

Mikel reaccionó poco a poco. Claro que recordaba a un muchacho no más grande que él, pero eso había sido la última vez que lo había visto, ¿Cuánto? ¿Más de cinco, seis años? Además le parecía que la idea que tenia de la edad del primo no era del todo correcta. Había ya echado a andar un negocio, eso tal vez no lo podría todavía hacer Mikel en cinco años a partir de ese punto. O tal vez, si, no sabía. Pero en el fondo, algo no le quedaba claro todavía.

 

- ¿El primo Lander? ¿Qué tiene que ver eso con lo que dijo el doctor?-

 

Garaitz sonrió para sus adentros. Ya esperaba una pregunta como esa. Es cierto que no tenia que ver gran cosa en lo inmediato, pero ella se figuraba que si Mikel pasaba más tiempo con una figura masculina -el primo Lander tenia veintisiete años a ese momento y pasaba de manera incipiente con el estereotipo de macho que tanto abundaba en aquella zona- llegarían la punto en que su hijo comenzaría a orientarse en la perspectiva de un corazón mucho más maduro y masculino.

 

- Tiene que ver con el asunto de distraerte y poner los pensamientos en cosas distintas a las que ahora están sucediendo.-

 

Mikel no supo reaccionar, no en lo inmediato. La idea de salir y estar con un familiar que le resultaba prácticamente un extraño no le apetecía demasiado, tanto como a una cualquiera que no tiene capacidad de elección le incomoda toda decisión que sobre él se tomé, pero cuando lo pensó con algo de cuidado, notó que comenzaba a dejarle de parecer mala idea casi al instante. Estar fuera de la casa por la tardes, escapando de aquel opresivo ambiente era una ventaja por donde se le viera. Eso dejaría a la escuela como el único escenario en contra que afrontar.

 

- ¿Cuál sería el trato? ¿Qué ganaría yo con todo eso?-

 

Garaitz lo miró y sonrió. Su hijo estaba cediendo. Si Mikel hubiese anticipado un NO rotundo de inmediato aquello tomaría un tanto de negociación, pero si de antemano comenzaba a buscar cualquier beneficio suyo, aquello sería coser y cantar.

 

- Ganas estar fuera de casa como te gusta y realizar algo de provecho, algo que cambie el panorama de tus tardes.-

 

Mikel solo necesitaba oír eso, nada más.

Ambos concluyeron que era una excelente idea, Mikel con más énfasis que Garaitz, aunque ella creyera lo contrario.

 

- Hay que tener valor, Mikel... eso es lo único que en realidad tienes...-

 

Garaitz miró a su hijo aún recostado frente al prácticamente mudo aparato de televisión. Mikel en respuesta la miraba profundamente sin comprender la verdadera densidad de lo que ella estaba diciendo; tampoco podría en ese momento comprender la profundidad de sus palabras, o en todo caso, las consecuencias inmediatas y a largo plazo a las que tal asunto los conduciría.

 

- ¿Tú estas contenta con eso? ¿Con que yo vaya con el primo Lander?-

- Así es... me quedo mucho más tranquila...-

- Bien, entonces no se hable más del asunto.-

- Mañana después de la escuela tienes que ir a buscarle. Ahora mismo debo marcarle por teléfono para que me de la dirección. ¿Me acompañas?-

 

Mikel pensó de inmediato en el teléfono público que se encontraba a unas cuantas calles de distancia. No había salido de la casa en todo el día, así que aquello resultaba una buena escapada.

Se levanto y fue junto de Garaitz.

 

Quince minutos después estaban regresando a casa, una tranquila y el segundo expectante, como si las sombras que se movieran a su alrededor escondieran toda clase de enemigos.

 

Continúa...

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: helenstephenson       12/06/08 21:17
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
No se por que me siento tan identificada con tus dos protagonistas que por momentos me asusto, y no es que yo haya vivido una situación así en mi vida, pero las actitudes de los dos me son muy afines.
Un abrazo
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar relatos