


| Escritor: | Testigo_Mudo |
| Públicado: | 23/05/2008 |
PL 19
Mikel profundizó en aquella mirada que sorpresivamente encontró a su paso tanto como pudo, tanto como la consideró desconocida y a la vez neutra, amigable. Pero solo un momento después el fondo de aquellos ojos que tenía frente a sí cambió y un algo que Mikel pudo entrever, algo de naturaleza plenamente irracional -aunque tan debilitado como la conformación misma de un laxante suave- se adueñó de las acciones de aquel cerebro con el que intercambiaba contactos visuales.
El brazo completo del señor "Voy A Follarte Duro" se movió rápidamente asiéndose del cuello de la camisa de Mikel. De inmediato una opresión invasiva se esparció por sus sentidos a partir de la inmediata y comprimida piel del cuello y sólo como un reflejo defensivo Mikel llevó las manos en dirección del brazo que lo confrontaba.
- ¿Qué haces aquí? ¿Qué no sabes que por estas calles camina gente decente?-
Mikel colocó en el rostro un
gesto de sorpresa y pasmo a
- ¿Qué pasa? ¿Los mariquetas te han comido la lengua? ¿Te la han comido en todo caso?-
Lo siguiente que supo Mikel es que algo en medio de aquella improvisación sin sentido, un algo de consistencia rígida y violenta se acercó con toda rapidez a sus genitales. Contrajo y apretó las piernas por instinto apenas con la reacción suficiente como para -haciendo caso omiso del golpe y el subsiguiente dolor invisible pero cierto- evitar que aquel muchacho de su misma edad y que no aparentaba estar tan podrido por dentro atrapara a través de la ropa la bolsa del escroto y apretara los testículos de Mikel con todas su fuerzas.
Un quejido sorpresivo escapo de la garganta cuando golpeó con una de sus manos el brazo enemigo que aún se movía en el área general de ambas caderas como buscando una segunda oportunidad de encajar las uñas en las partes nobles de Mikel.
- ¡Pero a ustedes les encanta! ¡Eh! ¿No te gusta? ¿Y todos los granos? ¿Por comer chocolates? ¡Mierda! ¡Son por tragar seme...!-
Mikel se movió con toda su fuerza y levantando un brazo violentamente lo hizo volar y cuando ambos se percataron del movimiento, un puñetazo se encajó de manera directa en el rostro de aquel desconocido y brutal jovencito que respondía positivamente al más nuevo y firme reflejo social: atacar al Mikel debilitado.
Un crujido se escucho inmediatamente debajo de los nudillos que impactaron la carne de aquel rostro. Un sonido a músculo reventado como en desgarre, a fisura microscópica en lo lateral del cráneo.
De inmediato el sonido de líquido al interior de la boca.
- ¡Suéltame maldito...!- Mikel explotó con una voz que no era la suya; mezclaba la tesitura de un niño terriblemente asustado y el estruendo de un anciano en caída libre; una lija de agua y una brutal toma de aire.
El enemigo aflojó las manos y se alejó de inmediato. En su movimiento inercial escupió sangre sin proponérselo; El suelo debajo de aquellas dos figuras de inmediato percibió el suave rocío de plaquetas y leucocitos.
El momento era el preciso; la oportunidad, sagrada.
De haberse aferrado a la circunstancia, los acontecimientos inmediatos hubieran sido diferentes para Mikel. Si hubiera tenido un momento para pensárselo hubiera reaccionado de la mejor manera, la cual no era sino irse encima de su contrincante y romperle la cara y el cuerpo hasta dejarlo hecho pedazos.
Todos hubieran hablado, asumido.
- ¿Escuchaste lo que le sucedió a Marco? ¿El de la escuela? Mikel, el que pensábamos era un putete le rompió toda la cabeza a puño limpio. Sin ayuda y a plena luz del día. Quizá no deberíamos fiarnos de ese impostor. Hay que invitarlo a caminar por los pasillos, o rumbo a casa. En cualquier momento nos domina, hay que tratarlo como a par...-
Pero eso no sucedió, claro que no. Mikel, mirando que el enemigo retrocedía herido, optó por la salida fácil y echo a correr de inmediato sintiendo una punzada de dolor en la entrepierna.
"Huye, protégete", fue lo único que escuchó proveniente de su cerebro.
Mikel de pronto ya estaba en el remate final de la calle, moviéndose con toda rapidez y alejándose cada vez más de su casa. Un dolor nervioso bailoteaba en alguna sección entre la delicada piel del prepucio y el área de los testículos, ahí en donde todo se fundía en el mero y simple concepto de masculinidad genital. No habían conseguido atraparlo, pero si golpearlo, y de una manera violenta aunque breve y solo de rebote. Pero aunque la sensación física resultaba suficiente como para ir a buscar refugio, el grito que solo un momento después se escuchó a la espalda del muchacho en fuga atizó el hogar de su desesperada carrera.
- ¡Malditooo...! ¡Cobarde cabrónnn...!-
Las piernas tuvieron un acceso de duda inmediata. Hubieran preferido descoyuntarse o en todo caso dar media vuelta y enfrentarse directamente con la fuente de ira que bramaba detrás suyo. Hubiesen preferido mediar, pedir calma e intentar arreglar el asunto de cualquier otra manera. Pero la sorpresa y hasta cierto punto un miedo a las disputas -cualquiera que fuese su naturaleza, temor arraigado en Mikel desde siempre- les obligaron a seguir corriendo.
El señor "Voy A Follarte Duro" comenzó a correr inmediatamente. Mikel lo escuchó con toda claridad y no hizo sino fortalecer su carrera. Giró en una esquina e inmediatamente en el doblez de la que vino a continuación. Las calles se le abrieron y cerraron en muy pocos segundos. Apenas y miraba por dónde iba y de momento solo le interesó cualquier resquicio que pudiera otorgarle unos cuantos metros más de escape. No se percató que las calles muy pronto se le hicieron desconocidas, que las esquinas que utilizaba como escudos que lo perdieran de vista estaban ya conformadas de una manera que no reconocía de primera instancia.
Tres o cuatro minutos después Mikel comenzó a dejar de correr. Miró en todas direcciones y se aseguró antes de detenerse por completo que ya no lo siguieran. A su alrededor reinaba el silencio y la calma aparente, la cual solo era interrumpida por su propio corazón que latía furiosamente. El muchacho todavía se movió unos cincuenta metros a simple paso veloz, tenso y pendiente de cualquier movimiento agresivo a su alrededor. Pero nada sucedió, nada ni nadie lo atacó.
Se sentía completamente fundido. Buscó el muro más cercano y se recargó en este mientras un acceso de tos comenzaba a sacudir su cuerpo exigido al máximo. Colocar la espalda contra la pared le ayudó a no sucumbir cuando delante de sus ojos comenzaron a desfilar una serie repentina de puntos blancos y brillantes que desenfocaron toda su visión periférica. Una parte de su cerebro padeció un desvanecimiento y amenazó con contagiarlo al resto del organismo, y aunque tal cosa no sucedió, Mikel no pudo evitar que un profundo mareo le nublara los sentidos que todavía permanecían a la expectativa.
Se sentía mal, como si en la frenética huida hubiese consumido todos los carbohidratos que tenía disponibles en su interior; como con una baja de azúcar, así se sentía.
Estaba profundamente pálido, al grado que sus pupilas habían perdido un toque de su color característico, lo cual es solo posible en descompensaciones físicas tales como desangramientos o amputaciones. Pero tal cosa se manifestaba en Mikel sin mayor explicación posible.
Pero ahora eso no importaba. Tenía que regresar a casa.
Fue un evidente martirio comenzar a andar. Incluso tuvo que vencer el ánimo de volver el estómago que le provocaron sus primeros pasos realizados en cualquier dirección posible. Alzó la mirada aún afectada y buscó el nombre de la calle en donde se encontraba.
- ¿Escudero? ¿Dónde estoy?- dijo para sí mismo incapaz de ubicarse de momento. Sacudió la cabeza intentando disipar el mareo y aunque solo consiguió cambiarlo de ubicación al interior de su cerebro, concretó la idea de que apenas y estaba lejos de su casa. Seguramente estaba en un barrio aledaño, cosa de regresar algunas calles, pero mierda, ese dolor de cabeza no lo dejaba pensar con claridad.
La tarde evidenciaba aparentes trazas de debilidad, como si una incipiente oscuridad amenazara con venirse abajo en cualquier momento, hundiendo a la ciudad en la negrura correspondiente.
Continúa...
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