Pena de muerte

Categoría(s): Cuento fantástico

No estaba claro a quien se le ocurrió la idea, o por lo menos así pensaban todos. Sin embargo, el verdadero acreedor del mérito callaba, regodeándose en su silencio y observando divertido como unos se la atribuían y otros se la achacaban a sus contrario.

La idea fue la siguiente: debido a que la pena de muerte no parecía suficiente para frenar la escalada de delincuencia de aquel país, alguien (y ya sabemos quien) sugirió una idea que pronto caló entre los miembros más sádicos del gobierno. Se trataba de la pena de muerte falsa.

Conseguir que alguien fuese condenado a muerte no era algo tan sencillo, por mucho que la prensa demagógica se empeñase en difundir a los cuatro vientos las cifras de los ejecutados. La idea era flexibilizar los pasos para conseguir esa condena, pero sentenciar en realidad al reo a sufrir tan sólo las penurias de los días previos a la ejecución. Según quien la proponía, que unas veces eran todos y otras ninguno, estar al borde de la muerte es peor condena que la ejecución en si misma.

La propuesta halló gran acogida y se puso inmediatamente con el contubernio de los principales jueces del país. No se incluyo a todos, pues muchos no eran de fiar. La revelación del secreto de la pena de muerte falsa significaría la propia ejecución del juez o del miembro del gobierno que la diese a conocer. Los involucrados tenían conciencia de cómo los servicios secretos podrían urdir una trama perfecta que los acusase directamente de un terrible crimen. En más de una ocasión, había sido usado dicho método para deshacerse de un político especialmente molesto o de un sindicalista incordiante, y siempre había funcionado. Por eso, nadie abrió la boca.

La puesta en práctica fue lo más difícil. Apenas llegó la noticia a la prensa de que se iban a aumentar las facilidades para la imputación de condenas de muerte, todos los medios armaron un revuelo enorme. El gobierno afrontó la crisis con serenidad, a sabiendas de que tan sólo era cuestión de tiempo que el temporal amainase, como siempre había ocurrido y como, evidentemente, ocurrió.

Para poder llevar a la realidad el proyecto fue necesario realizar algunas modificaciones en las penitenciarías. Se crearon nuevos “corredores de la muerte”, pasillos lúgubres, desconchados y llenos de manchas de humedad. Estos corredores contaban con pequeñas celdas, verdaderamente minúsculas, en las que los supuestos condenados a muerte pasaban sus “últimos” días. No había ventanas, aunque las paredes poseían pequeños orificios de ventilación. Un desagüe abierto en una esquina, en el suelo, era el único lugar donde podía satisfacer el reo sus necesidades fisiológicas.

La estrategia era tan sólo hacérselo pasar lo peor posible. El entorno ya desmoralizaba considerablemente al prisionero, incrédulo ante la crueldad de un sistema que pensaba hacerle sufrir de esa manera durante sus últimos días. Pero después la cosa empeoraba. Las peticiones de indulto se continuaban una tras otra, seguidas invariablemente de su previsible negativa. El truco consistía en hacer que el prisionero creyese que existía la esperanza de salvación para luego negársela con la mayor rotundidad, sumiéndole en la desesperación. Cuando había algún gallito que creía que aquel corral era demasiado pequeño para él, bastaba una pequeña caminata hasta una habitación donde habían colocado una silla eléctrica destartalada, completamente inútil excepto por su aspecto de ser un instrumento que aseguraba proporcionar unos últimos minutos espantosos. Generalmente no aguantaban, desmayándose cuando ya estaban a punto de entrar o incluso cuando ya lo habían sentado. Inconsciente, devolvían al reo a su celda y cuando despertaba le decían que le habían concedido el indulto en el último minuto y lo devolvían con los demás presos comunes, donde se convertía en un modelo de dedicación y hasta salía en pocos meses en libertad condicional. Si esto no funcionaba, sencillamente se le pegaba un tiro al reo presuntuoso y santas pascuas.

El método fue efectivo, pero aquellos que estaban detrás de él previnieron que en un corto lapso de tiempo empezarían a circular rumores entre los presos. Para impedir esto, se formaron especialmente agentes de policía que se infiltraban entre ellos como si fuesen delincuentes más. Cuando alguno abría demasiado la boca, no tardaba en encontrarse con un cuchillo entre las costillas.

El tiempo fue pasando y la delincuencia disminuyó. Sin embargo, tras cinco mandatos en el poder, el gobierno estaba desgastado después de muchos escándalos y perdió las elecciones. Cuando llegaron al poder los nuevos mandatarios y se toparon con la triquiñuela, decidieron dejarlo correr. Aunque se seguían alzando voces en contra de la pena de muerte, de la que desconocían su falsedad, tras tanto tiempo la gente se había acostumbrado y no oponía resistencia a que su paz y tranquilidad se asegurase de manera tan salvaje. Sin embargo, en uno de esos consejos a los que son tan aficionados los políticos, alguien sugirió que ya que resultaba imperativo reducir el presupuesto, en lugar de emplear tantos recursos, tiempo y personal en tan sádica pero efectiva rehabilitación, directamente se ejecutase a los condenados. La propuesta fue aceptada por unanimidad.

Más tarde, en el ínterin gubernamental, de vez en cuando unos se echaban el mérito de dicha idea y, cuando convenía, se la achacaban a otros. De nuevo, el verdadero autor callaba y observaba divertido la situación. Era el mismo que había propuesto esa falsa pena de muerte que terminó siendo verdadera.

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Comentarios:

Escrito por: perrosabueso       23/09/07 16:20
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Demasiado largo, amigo. Creo que puedes cortar tres cuartas partes del texto y entonces seria, creo, un buen cuento, aunque muy debil al final. Yo cortaria las primeras cuatro oraciones, y el cuento empezaria por "Debido a..."
Esas oraciones primeras "No estaba claro a quien se le ocurrió la idea, o por lo menos así pensaban todos. Sin embargo, el verdadero acreedor del mérito callaba, regodeándose en su silencio y observando divertido como unos se la atribuían y otros se la achacaban a sus contrario.La idea fue la siguiente:" es un bla, bla, bla que no debe ir en un cuento. Y asi el cuento esta lleno de blas aqui y alla. Tienes talento, no te lo niego, y la idea me parece original. Pero necesitas cortar, cortar, o cambiar de genero a la novela historica, donde los blas son su razon de ser. Haz el experimento para que veas como el cuento gana en fuerza, en sintesis... corta, corta.
Escrito por: FranciscoARC       23/09/07 14:21
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Está escrito regular, la verdad, te tienes que esforzar. En cuanto al relato es bastante bueno, muy original y muy divertido. Te pongo un siete con cinco sobre Diez. Venga. Saludos, me ha gustado mucho.
Escrito por: Poesiacarnivora       23/09/07 09:35
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Un excelente relato,mantuvo mi atención desde el principio al fin.Un texto ionico muy bien logrado.

Me gusto muchismo.

Que las hadas te acompañen.
Escrito por: oscar       23/09/07 06:21
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Interesante, bien escrito, una historia que "agarra" . recomendada su lectura.-omn...Felicitaciones al autor.-
Páginas: 1

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