Pasión Humana. Parte IV

    ¿Pero qué realmente veía Kiandro en Carmen? ¿Qué era sino un rostro interior cuyo cuerpo no tenía clítoris? ¿Qué era realmente, más allá del sudor, el orgasmo, la eyaculación y el placer físico?

    Lo hermoso no era verla desnuda; lo hermoso era verla desnudándose. Belleza era su manera de mirar, y sus gestos sin fingimiento alguno, dirigidos tales elementos, incluso conceptos humanos, a él, el cual jamás, ni tan siquiera imaginó, que una mujer así pudiera existir.

    Él conseguía estimular en su interior una idea, no física, que llegaba a provocarle una erección. Pero ella, tan humana y verdadera, sentía como su cuerpo se calentaba al verlo desnudo,aunado a lo que sentía por la cara interna de su hombre. Sin esto último, para Carmen nada de lo que pasaba tendría sentido; sin lo primero, no podría demostrarse que podía estar con un hombre apuesto en la cama.

    Pero en eso, ya cuando la desnudez y la excitación dominaban completamente el ambiente, al menos, el que era posible visualizar, por la mente de Kiandro pasó un pensamiento, tan humano como ingrato para el momento, el cual le remitía a esa figura femenina, natural, pero vacía, de alguna diosa, ídolos de la forma de la mujer, y razón del maquillaje y coqueteos pícaros y divertidos. 

    La verdad es que Carmen siempre había actuado como si su cuerpo no fuera importante, y sin embargo, mediante sus escritos, y esos momentos de desnudez, era evidente, y ella así quería que fuera, que disfrutaba abiertamente del cuerpo humano. Y eso era lo más extraño del mundo para Kiandro, y tan encantado con la personalidad de su novia estaba, que nunca le reprochó, durante su relación, que ésta no cuidara su cuerpo.

    Seguía pensando él, ahí desnudos, estando enormemente disgustado por su crueldad, al considerar, en cierto momento, salir del aposento íntimo, y dejar allí sola a Carmen. El enojo era porque, llanamente, así era ella físicamente, pero él sentía deseos de que fuera bonita.

   Claramente, Carmen notaba el estado dubitativo de su enamorado, y él estaba también enterado del suspenso en que se hallaba su novia. Los instantes de duda se hacían eternos, para ambos, y ella, aunque suponiendo el por qué de la penosa situación, no podía negarse que deseaba que él la tomara de una vez.

    Todo eso, todo, literalmente, por culpa de una cosa ajena a la decisión del ser humano: el cuerpo y su forma.

 

Continuará...

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Comentarios:

Escrito por: renanalvarez       13/02/08 15:34
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En este mundo cuando la fijación se basa en lo exterior nos queda a veces sabor amargo, muy buen relato y sigo leyendo.
saludos
Escrito por: Rina       12/02/08 18:52
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Y es triste que esto suceda...el cuerpo toma muchas veces un papel principal en cualquier pareja...sin saber que eso se ira...pero que la mente y muchos otros detalles si que quedaran...
Amigo, me tienes pegada a tu historia...
Nos estamos leyendo
Besos
Páginas: 1

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