«PASEADORES»
NUEVOS OFICIOS:
«PASEADORES»
GUILLERMO SOUBELET
espués de todo tampoco hay tanto misterio. Quiero decir, ¿qué es «un negocio»? Básicamente dos cosas. La más conocida es comprar barato y vender caro. Pim pum pan. Después está la otra que ya requiere un poco más de imaginación: cuando en la sociedad aparece una nueva necesidad, enseguida hay tipos que se avivan antes que los demás e inmediatamente empiezan a vender la solución a esa carencia. Y si uno lo piensa un poco así deben haber empezado los taxis: la gente que no tenía auto no podía desplazarse con comodidad y entonces los tipos que sí tenían automóvil se avivaron y empezaron a cobrar para llevarlos. ¿Te acordás de la época del boom de las canchas de paddle? ¡¿Y el boom de los video club?! ¿Y te acordás cuando se pusieron de moda los videos de rock en la tele y a los diez minutos en todas las esquinas había un video-bar? Y así todo. Pensá: nadie que viva en una ciudad tiene una vaca ni una huerta en la casa. Entonces hace mucho hubo alguien que se avivó de eso y ahora vas al supermercado de la esquina y tenés todo como si vivieras en el campo. Así todo. O, a ver, ¿porqué te creés que nos pusimos de moda nosotros, los paseadores de perros? Pensá, hacete a la imagen: la familia ve un cachorrito en la vidriera de una veterinaria y ayyyy que dulce, cuchi cuchi cuchi, dale papito compralo, dale compralo, daaaaaaaaaaale, y el pobre tipo va y lo compra. Encima viste como son esos turros de los veterinarios que ni bien te ven la cara de gil sacan el cachorrito de la jaula y te lo ponen en los brazos ¡y ahí cagaste, hermano! ¡Pero cagaste, cagaste! Porque tener un cachorrito en brazos y que encima el pobrecito te mire con esas miradas de dale, llevame, que ya se llevaron a todos mis hermanitos, ahí no hay tu tía, lo comprás. Es así, firmalo: ¡lo comprás! Y claro, al principio todo es qué lindo qué lindo; pero cuando empieza a pasar el tiempo y ya el maldito perro te empieza a hinchar las bolas con dejarte la casa llena de pelos, con masticarte los sillones, con romperte la ropa y encima (mirá que atento) con dejarte la casa llena de soretes porque ya no tenés (ni vos ni nadie) más ganas de sacarlo a pasear, ¿qué pasa? pasa que ahí aparecemos nosotros, los paseadores de perros, a hacer lo que vos ya no tenés más ganas de hacer. ¿Captás la idea? Es como te decía al principio: surge una necesidad e inmediatamente aparecemos los tipos que (cobrando) nos hacemos cargo. Atenti que tampoco es tan fácil la cosa, eh. ¡Ah, no! Primero que en ésta actividad hay una serie de tejes y manejes que ya después te voy a ir contando. Pero además otra cosa. Porque, claro, al principio parece fácil: «¿Le paseo el perrito, patrón?» «¿Cuánto?» «Tanto», y se lo cuido como a mi vieja, se lo cuido» «ta bien
pero cuidámelo en serio, eh!» Plin caja. Ah, ¿pero entonces qué pasa? Pasa lo que pasa siempre cuando surge un negocio bueno y nuevo. Enseguida aparecen los tiburones. ¡Que les den con un caño, que les den! ¡De un día para el otro ¡Paf! ¡Paf! ¡Paf! Aparecen, no sé: cientos, mieles, millones de paseadores! De pronto por cada perro hay veinticinco paseadores que se lo disputan. Así que claro, como los quioscos de cigarrillos que se terminaron convirtiendo en poli-rubros, hubo que ir agregando servicios adicionales para que la cosa resultara tentadora y los dueños de los perros te eligieran a vos y no a los otros. Por ejemplo: «Además de paseárselo se lo baño», «Además de pasearle al perro se lo cepillo con shampoo antipulgas», «Además de pasearle al perro se lo tengo un casa cuando usted se tiene que ir de vacaciones» ¿Entendés? ¿Y querés que te diga algo? Eso es lo que se llama competencia desleal. Porque si uno es paseador no tiene porqué mierda tener que bañarlos, no despulgarlos ni, menos que menos, tenerlos en tu casa. El paseador pasea y el bañador baña. ¿Es así o no es así? No, no es así. Porque la cosa es que si no te adaptás a eso te quedás afuera. Encima, después, como pasa siempre, aparecieron los Paseadores VIP. Sí, macho: así como lo oís. «Paseadores VIP». Conchitumadre. Resulta que en determinados barrios, de esos muy snob, muy elegantes, muy nariz para arriba, a la gente no le gusta que su perro de súper recontra pedigrí de archialcurnia se junte con perros que no sean de raza. Qué sé yo, les jode. Racistas caninos, como si dijéramos. Y entonces aparecieron los tiburones que te decía antes, tipos que te pasean al perro vestidos íntegramente con ropa de las marcas más caras, ropas compradas en Shopping (jeans y zapatillas, sí, pero de esas marcas que cuestan como un traje de marca francesa). Bueno, éstos tipos solo pasean perros de raza (y no de cualquier raza: razas paquetas, perros elegantes. Les pedís que te paseen un pequinés o un pomerania y te mandan a la puta que te parió). Otra que antes de aceptarte al perro les tenés que demostrar que el animal está bien sano (y ya no hablemos de pulgas, que sino después los dueños de los demás perros los vuelven locos a ellos).
Y atenti que así como te digo que hay paseadores culifrunci, paseadores high society, también te digo que están los otros, los paseadores hijos de puta y los directamente pelotudos. ¡Que les den con un caño, que les den! Porque si bien hay que reconocer que los paseadores caros se toman bien en serio su trabajo (porque todo hay que decirlo) qué sé yo: se te aparecen dos o tres veces al día a sacarlo al pichicho, lo llevan a una plaza y lo hacen correr y jugar, esas cosas (es decir: se ganan lo que te cobran); también están los otros, los Paseadores Ñoquis. ¡Mama mía! Esos los llevan a la plaza, los atan a un árbol y ahí los dejan todo el tiempo a los pobres bichos, mientras ellos estudian, le dan masa a la novia, leen o se aprietan los granos de la nariz.
¡Ah! Y pará que todavía no te conté lo peor. Porque además está lo otro: todavía no te conté de los patoteros, de la Mafia de los Paseadores. ¿Qué hay una Mafia de los Paseadores? ¡Y como no! Y cuidate, hermano porque son re jodidos. Por más gil que seas, te podrás imaginar que en las ciudades tampoco hay tantas plazas y parques como para que cada perro tenga su plaza/baño particular. No hay caso, no se puede. Así que imaginate que vos __ que sos nuevito en esto __ tanto le hinchás las pelotas a tus vecinos que con tal de no escucharte más te dan dos o tres perritos, y ahí vas muy feliz y sonriente proa a la plaza más cercana. Estás radiante: ¡que trabajo más fácil! Error. Cuando llegues a la maldita plaza te vas a encontrar con que ya hay veinticinco paseadores ocupándola (todos más altos y más musculosos y con más cara de hijos de puta que vos) y que ya tienen «sus espacios reservados» (es decir: toda la plaza). Y ni bien te ven llegar se te vienen encima y te amenazan con cagarte a trompadas y garcharse a tus perros de mierda si no desaparecés (y ya mismo además) de ahí. Ahora imaginate que por alguna razón que no se me ocurre (que tengas una hermana rubia y con unas tetas así de grandes, por ejemplo) y como única excepción por ser tu primer día y no conocer el reglamento de las jerarquías de los paseadores, les das pena y (por ese día y nada más) te permiten quedarte en la plaza por un ratito. ¿Dónde creés que te van a permitir quedarte? ¿En el pastito? Minga. ¡En la esquina más horrible, sin césped y llena de soretes! No, borrate esa sonrisa de la cara: en todas las plazas es lo mismo (en algunas incluso es peor, porque muchos jardines de infantes acostumbran a llevar a los chicos a jugar a las plazas y rezá a Dios que a ninguno de tus perros se le ocurra morder a algún chico, ¡¿qué digo «morder»?! ¡Que ni se le acerque! Porque inmediatamente se te vienen encima y a la yugular las maestras como Toros Miura y te hacen un escándalo tratándote de asesino insensible cuando ni vos (ni tus perros) hicieron absolutamente nada malo. Pero haceme caso: si hay chicos de por medio vos tenés siempre las e perder.
Y ni sueñes con pensar ¿y a mí qué? No los llevo a las plazas, los llevo a caminar por la vereda (la acera). ¡Ja! ¿Vos te pensás que a la gente le encanta, es fanática, de que les lleves diez perros a cagarles la puerta de la casa? Ol-vi-da-te. Y todo esto sin contar con otros detalles que no ayudan a ver más linda la vida. ¿Cómo que qué cosas? Contame cómo te las arreglás si tenés que pasear, junto a los demás perros, un rodweiller asesino y fanático devorador de perritos mansitos? ¡Ahí te quiero ver! O por ejemplo imaginate que tu querido grupo de perros esta formado por una perra y además cinco o seis enormes machos violadores y productores de veinticinco litros de semen por hora
y la perra (la muy puta) está en celo y quiere que le revuelvan el estofado tus seis sementales uno atrás de otro en plan que pase el que sigue (y de paso todos los otros perros que vayan apareciendo).
No, macho, no. Se complicó demasiado el asunto de los paseadores de perros. Y fue precisamente por éste asunto de ir, ¿como te digo? puliendo las actividades, buscándoles una nueva beta, aggiornarlas, como si dijéramos, de actualizarme con los tiempos que corren, que a mí se me ocurrió (sin salirme del rubro) encarar la actividad desde otro ángulo. No te voy a decir que es fácil, porque fácil no es. Además de que hay que invertir más plata. Pero como dicen; el que quiere celeste que mezcle blanco y azul. Además ésta nueva manera de paseador tiene sus bemoles y encima solo se pueden pasear de manera individual. Pero da buena guita
por ahora; que gracias a Dios todavía no se corrió la voz y no aparecieron (aunque ya van a aparecer) los tiburones de siempre a hacerme la competencia. ¿Qué cómo se me ocurrió? Fácil: hay que volver a las fuentes. ¿Qué habíamos dicho hace un rato? ¿Cuáles eran las causas que propiciaron la aparición del rubro de los paseadores de perros? Acordate. Lo de siempre: un tipo se compra un auto nuevito y al principio todo qué lindo qué lindo y lo lava todos los domingos en la puerta de la casa ¡y hasta cera con silicones le pone! Al tiempo el pobre auto tiene dos posibilidades: o vive hecho una roña o lo de siempre «el tipo le paga a otro para que haga lo que él ya no tiene más ganas de hacer» Lo lleva a un lavadero de autos. Paga para que se lo laven ellos. Lo mismo cuando te comprás una casa nueva. Al principio qué lindo qué lindo y hasta discutís con tu esposa porque los dos quieren cortar el pasto del jardín. Al poco tiempo contratan a un jardinero (a un morocho que les corte el pasto, bah) y le pagan para que él haga lo que ustedes ya no tienen más ganas de hacer. O lo que decíamos hoy de los que se compran un perrito y mientras es cachorrito está todo bien; todos se pelean para bañarlo, cepillarlo, darle de comer y sacarlo a pasear. Pero en cuanto el pobre perro dejó de ser un cachorrito ya no lo saca a pasear nadie y terminan contratando a un paseador y le pagan para que él haga los que nadie tiene mas ganas de hacer.
Fue entonces que a mí, viendo todo esto, se me ocurrió el laburo que tengo ahora: soy «Paseador de Esposas»
jajajaaajj!!!! renuncio antes de empezar!!!!...me desmoralice.
jajajajjajajajjaj
superrrrrrrrrrrrrrrrrrr
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jajajajajajajajajajajaj
genialllllllllllllllllllllll
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jajajajajajajjajaajja
de locuraaaaaaaaaaaaaa
te felicito
solo cuidate BYE
jajaja, buenisimo!, y como paseas a las esposas?, donde le pones la cadena? uiss, estaria bueno pasear esposos tambien no?, yo le pondria la cadena en la billetera jiji
jajajajaja ironia la tuya jajaja hace tiempo que no leia nada de tu creación
y como siempre me provocas esa risa en cada una de tus expresiones
Un Beso!
ya lo termine que comicooooooooooooooooooooooooo
no la termine de leer pero lo que lei que fue casi todo me cago de la risa, cuando me vuelva a conectar lo termino. bienvenido al grupo.