Yo fui una niña madre y madre de una niña,
la más hermosa de las flores entre tanto cardo y desierto.
Y cobijé en mi vientre la ilusión
siendo la más frágil....dí vida,
una vida poderosa que fluyó en mí como un inesperado torrente de milagros.
Conocí con ella la desesperación, el amor y la piedad ante la adversidad de cualquier criatura sufriente.
Jamás imaginé tener tanto amor para dar.
Jamás pensé que en mí existía una mujer tan fuerte.
Hoy soy la mujer madre de una niña mujer y me ha superado
lejos...aprendió que es poderosa y libre, sabe lo que yo no sabía de este mundo.
Ella sigue siendo la flor más hermosa del desierto.
Thais
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