Música, flashes, humo, curvas, pasarelas
Gente bailando como cintas de colores movidas por el viento.
Diálogos mudos y acentuados coordinados entre varios y alentados por el ambiente del lugar.
Nadie duerme pero tampoco abren sus ojos.
Se transportan en sus mentes, en sus barcos de pensamientos y sustancias sin esperar aterrizar. No hay puertos cerca, ni navíos de regreso y los rescatistas se han ahogado junto con el resto.
No hay tiempo mientras el momento parezca eterno y ahí esta ella.
Ángeles caídos que se internan en la masa sin poder confundirse, son diferentes y esa diferencia los resalta como rayas fosforescentes en esta larga y transitada acera.
Por muy humana que se vea me cuesta acercarme; todo se olvida en el momento en que decides permitir el impulso salir pero al relegarlo todo, el choque se hace mas fuerte y los recuerdos mas punzantes al retornar.
Cuando esto sucede, caes sobre tus rodillas y la impotencia se hace apreciar mientras quedas descalificado y regresas a tu soledad.
Entonces solo queda quererla desde la distancia; observarla en su cinta independiente y compartida en medio de un círculo vicioso del cual me arraigo.
Rumba, licor, centelleos de colores ácidos pegándose en la piel que absorbe estos y crea formas cual calidoscopio al girar.
Todos parecen niños sin pena de su expresión corporal. Unos ríen, otros cierran los ojos, unos saltan y otros solo se balancean; esta es la nueva zona de recreo para descargar la energía retenida durante el día.
Cuando la hora cero se posa sobre el lugar, las cosas comienzan a cambiar, todo sucede más rápido.
Para captarlas es difícil hacerlo, se siente como el vació cayendo de un edificio entre el cual cierras los ojos por un momento y pierdas tantas cosas que hubieses querido divisar.
A veces la vertiente se hace eterna y te preocupas al no poder salir de ella.
Es una emoción extraña e intrigante, como abrir las pupilas estando en un laberinto en plena noche y sentirse como el títere de algún ser que te tiene dentro de su casa de muñecas.
Sientes miedo, repeles el estado en que te hayas pero a su vez, te sientes atraído desmesuradamente por el mismo.
Pensar que no llegarás a casa hasta la madrugada; que tal vez te quedes encerrado en la calle, que te absorba, que te lleve hasta sus entrañas y luego te vomite en alguno de sus rincones. Todo esto hace parte de la digestión social e individual mezclada entre gases litúrgicos de moda.
Tal vez durante la celebración, uno o hasta varios invitados se descarrilen del sendero y se vayan. Suele suceder y muchos de ellos olvidan la mitad de lo sucedido o simplemente lo convierten en algo sintético y más fácil de guardar en el cajón trasero del cerebro.
¡Que cinta la que se desenvuelve! Es lo bastante larga como para hacer un moño, un corbatín o alguna otra especie de adorno
Ese será siempre uno de mis temores; ¿por qué dejar que me olviden si puedo dejar listones en los brazos, atados a sus muñecas?
No quiero que me olvide; dejaría de existir perdiendo el color como en una película en blanco y negro pasando al sepia de un retrato fotográfico guardado en el baúl del ático. Envejeceríamos hasta no poder con nuestro cuerpo y luego en un momento de nostalgia y cuando tu mente pida recordar, buscarás en esos vejestorios y tal vez me encuentres o simplemente me muevas a un lado junto con las partículas de papel arrugado.
Es mas, quiero que me guarde consigo, que me invite a recorrer sus cintas y que su imaginación siendo yo un producto de ella, nunca se agote.
-¿De qué color estas hoy? ¿Me soñaste?
Recuerdo que no me surgía palabra para acercarme, que eras una imagen como plasmada en el entorno. Alguien cuya esencia resaltaba; no por altura ni por llamados de atención sino por el aura que te rodeaba. A veces pesada, otras veces ligera pero siempre llamativa.
Para ser sugestivo no es necesario el habla que en ocasiones todo lo altera.
Desconocemos tantos conceptos que usualmente deberíamos recurrir a la expresión y no a la voz. Así, no nos veríamos como un afónico cantando sobre la tarima y no alejaríamos a quien nos escucha.
-¿Qué pasa con mis ojos, que tienen? ¿Te puedo mirar?
Dime si te molesta, no quiero hacerlo pero no puedo evitar cerrar las cortinas de aquellas ventanas.
En las noches también se hace difícil pero en ese momento no es la presencia que me despierta sino la ausencia; el temor a encontrarme con los fantasmas que moran en mi interior. Cerrar los parpados, cubrir la pupila dilatada, cegarse del mundo por unos instantes y enfundarse en cintas a veces oníricas, a veces hiper-reales arrancándole toda ilusión a la realidad.
-cuando cierras los ojos, ¿qué ves?
Suspiro pero no hay eco q responda. Estoy sola en un espacio atareado de cosas inservibles, de historias pasadas, de resonancias diferentes
Muchos dicen no ver nada. Pero yo si veo.
Una pantalla oscura; tal vez ocre, con pequeños disparos de luz;
A veces unos cuantos colores, piernas, caras, personajes, movimiento. No se como lograría dormir con tanto ajetreo. Se parece a la plaza central en pleno voleo.
Un grito esporádico podría brotar de mis labios cohibidos en público ocasionando un derrame de imágenes hipocondríacas y desconcertantes que se pegan a la pared del corredor.
Las sombras del pasillo se robustecen y se vivifican. Siento venirse la pared y el respiro del claustro que se achica.
Emparamada de nervios, abro la ventana para dejar pasar el aire y los escalofríos son múltiples.
Miedo, frío; no se sabe cual esta mas presente.
-Espera, voy a lavarme la cara
Solo espero no perder el rostro por el desagüe y terminar más confundida de lo que estoy.
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