PARA EL QUE SUFRE POR LA MUERTE DE UN SER QUERIDO

Esta charla es para tí. Ya sé que estás desesperado y no hay consuelo a tu dolor. Pero tal vez, viendo la tragedia desde otro punto de vista, aprendas a comprender la muerte como parte de la vida. Llorar tanto y extrañar tanto al ser que se fue, es no darle al amor su verdadera dimensión. Tampoco le das a la vida su verdadera dimensión y, por supuesto; tampoco a la muerte. Una vez, en época de Buda, una mujer cargó a su hija muerta por todo el pueblo, buscando quién le devolviera la vida. Como no encontró respuesta fue a ver a Buda. Este le dijo que golpeara a la puerta de todas las casas del pueblo y donde hallara una familia en la cual no hubiera muerto nadie, le pidiera una semilla. Si le traía la semilla, reviviría a su hija. La mujer hizo la indicado, golpeó todas las puertas de las casas, preguntando si allí no había muerto nadie. Las respuestas eran todas iguales, en todas las casas había muerto alguien. La mujer se dió cuenta que nunca conseguiría una semilla, por lo que enterró a su hija y fue a ver a Buda para decirle que había entendido la lección. El mensaje es claro, todos pasamos y/o pasaremos por la muerte, propia y ajena y creeremos que nuestro dolor es el más grande. Sin embargo, el dolor es muy grande, porque nuestra mente hace énfasis, solamente, en la pérdida. No valoramos el beneficio que hemos recibido a travéz del amor de la persona que murió. No registramos el privilegio que hemos tenido de ser amados y de amar. Pensémoslo de este modo: si él o ella no hubieran existido, no hubiera nacido el amor en nosotros y no hubiéramos sido amados. ¿Prefieres, acaso, que éstas dos últimas situaciones no existan? ¿Prefieres no haber conocido al ser amado, para así evitar el sufrimiento? Yo sé que la respuesta que me vas a dar va a ser que sí prefieres haberla conocido y haberla amado. Pero entonces ¿por qué me respondes así? ¿Quiere decir que pensándolo un poco, el sufrimiento lo toleras, antes que no haberla conocido, antes que no forme parte de tu vida?  Es decir, que eres conciente, ahora, que valió la pena compartir momentos de tu vida con el ser que lloras. ¿No será que tanto llanto y tanta compasión no son para ti mismo? Tanto sufrimiento no será el resultado de verte a tí mismo durante mucho tiempo? ¿LLoras tu soledad? ¿LLoras la ausencia? No eres capáz de darte cuenta de lo afortunado que fuiste. Amaste y te amaron. ¿Acaso pensaste que era para siempre? Es un poco infantil de tu parte olvidarte de la muerte. Negarla no te ayuda a ser. Es inevitable y debe estar dentro de tus cálculos. Tenerla presente, es perderle el miedo, es vivir de un modo más profundo y verdadero. Es poner a la vida, a las circunstancias y a las personas, en su justo lugar. ¿Cuál es el lugar? El del equilibrio, es decir; no irse hacia los extremos. Razónalo así: si el amor te ha dejado llanto, hay algo que no lo piensas bien. Seguro que  no has entendido nada; amén de ser, tal vez, un desagradecido de la vida. El amor no debe dejar llanto, sino gratitud. Una vez, concurrí al velatorio de la madre de una conocida, cuando llegué la ví, desde la vereda de enfrente, abrazarse angustiosamente a su cuñada, llorando con tanta intensidad, que sentí envidia por ella; cuando no, envidia hasta por la misma muerta. Era indudable que entre la viva y la muerta, se había gestado un amor inquebrantable. En aquél momento, yo era una apátrida de afectos y hubiera cambiado mi sentir por el de esa mujer. Era lógico, en su vida existió una madre que la amó y una madre a quien amó. En el fondo de mi corazón se me reveló una verdad: la dicha de llorar. "LLora el que tiene, el que no tiene, nada tiene que llorar". En mi vereda, dentro de mí, convivían el vacío, el desamor, la ausencia. Era un ente sin mundo, el mundo estaba en la vereda de enfrente. En la vereda de enfrente estaba la verdadera vida, estaba el amor. Dime ahora, tú que sufres tanto ¿de qué lado de la vereda prefieres estar? Recuerda que el gozo y el sufrimiento son las dos caras de una misma moneda. Una no existe sin la otra. La buena vida es una moneda. Atesórala y sufre un poco menos. Todo mi amor para ti.

FIN

ALICIA MATVIU 

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