Palabras inútiles.

Categoría(s): Liz Ahumada
Al despertar se quejó de más dolor que otros días, sin embargo aquel hombre que hace dos días le dijo que no la amaba, se lo demostró en ese instante, claramente, con una mueca de desafecto y palabras emanadas de igual fuente. Asumió quizás que como todo el embarazo su mujer se mostró quejosa, tal vez ésta era sólo una queja más, con la que intentaba acaparar su atención.  Lorena comprende y al quedar sola, solloza. Hace un gran esfuerzo por evitar aquellos sentimientos de abandono y trata de recuperar el sueño.
Dió vueltas entre despierta, oyendo el temporal que se desataba afuera, durmió media hora y despertó sobresaltada al oír en el árbol más próximo a su ventana un trinar. Se sorprendió del cantar del avecilla, nunca había oído antes a un pajarito en otoño y mucho menos un trinar tan triste. Asustada se sienta en su cama al intuir en  aquel evento un mal presagio.

Se alistó y se dispuso a asistir a un control médico. Salió sola a la calle  sintiéndose muy  mal, no disponía del auto en aquel instante, pero haciendo uso de la fuerza de voluntad que siempre ha encontrado en los momentos difíciles, creyó que podría llegar caminando hasta la clínica que estaba a tres cuadras de su casa, un trayecto que  comenzó a parecerle interminable. Al avanzar menos de cien metros, los dolores se acentuaron lo que la obligó a detenerse. 

 Nada ocupaba su mente, se sentía cada vez peor. Al llegar a una esquina abordó un taxi. Nunca mas recordaría lo que sucedió inmediatamente después, ni su ingreso a la clínica, ni las palabras suyas , ni las del personal de urgencias.  Sólo permaneció siempre imborrable, aquella ansiedad punzante por escuchar el latir del pequeño corazoncito y sus gritos descontrolados al saber que su bebé no abriría sus ojitos, ni apretaría con sus manitas rosadas las suyas.  

Tampoco olvidó que en aquel instante de más dolor, cuando su vida se convertió en un sollozo eterno, en ese momento en que  el frío de la muerte rozó sus carnes, cuando los visturíes y agujas le indicaban que su vientre ya estaba vacío,  estuvo alguien de rostro luminoso e indefinido que con sus manos grandes y cálidas la hizo sentir amada, mientras acariciaba paternalmente su cabeza desgreñada y mojada por incansables lágrimas. Un ser que la consolaba y le comunicaba sin palabras, que no estaba sola. Tan natural fue su presencia, que ella no le preguntó quien era, ni le agradeció la visita.

Alivió en parte su dolor, pero mas que nada le hizo sentir que se condolía con ella de la forma más empáticamente sincera, de un forma que no necesita ser intermediada por palabras.  

Sólo un mes mas tarde recordó ese episodio y cayó en cuenta de que nadie que pudiera ser visto pudo haber estado allí, y que aquel ser no fué parte de su imaginación, si no, alguien real,  muy especial, a quien sólo ella pudo ver. Alguien que pudo hacer suyo el peor de los dolores, él con su actitud tan profundamente comprensiva.

Lorena supo que sólo pudo haber estado ahí  un ángel.

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Comentarios:

Escrito por: Danilo       07/05/08 15:23
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mUY BUENA PROSA QUERIDA AMIGA, DONDE ADEMAS D LOS VALIRES DEL RLATO ESTA LA CONVICCIÓN DEL FINAL COMO COROLARIO DE UN SENSACIÓN LLENA DE COMPRENSION DENTRO DE UNA HISTORIA QUE TIENES MUCHAS RAICES TRISTES... bIEN LOGRADO EN LO LITERIARIO Y MUY BUENO EN SU CONCEPCION. GRACIAS POR PERMITIRNOS COMPARTIR TU ESCRITO QUE, EN MI NTENDER, ES MUY ESPECIAL Y SENTI MUY PROFUNDAMENTE.
Escrito por: betob       28/04/08 22:07
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Un relato obviamente triste. Momento vivido, cuyo recuerdo se perderá allí en lo días.

Es notable y aquí tenemos un ejemplo, a mi humilde entender, cuando el protagonista intercambia su papel con el relator. Los cambios de tiempo, vislumbran un des-encuentro típico en estos casos.

betob
Escrito por: Oscarhugo       27/04/08 22:57
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Hermosa historia que, aunque parezca increible, se repite en la humanidad. Para nosotros los creyentes es casi normal que una figura humana, aparecida vaya a saber de dónde, nos salve y desaparezca. Unos lo llaman ángel de la guarda, para el resto son los enviados de Dios para protegernos, aun dentro de nuestra condición pecaminosa; es el gran e incomprensible amor de Dios para con nosotros sus hijos.
Hermoso testimonios.
Un beso fraterno.
Escrito por: osito151065       27/04/08 19:37
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Grandiosa la historia, el guion perfecto, tan real en algunos lugares, vamos amiga requiere un modesto trabajo adicional, me entiendes.

El final, una frase especial para una historia real.
Un abrazo.
Omar.
Escrito por: GabrielaAgilda       27/04/08 16:58
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Liz,me resutó muy tierna la historia,muy bien dotada de un clima de soledad dosificada en su justa medida.
Creo que sería necesario un ajuste en el uso de los tiempos verbales, ya que por momentos mezclas el futuro y el condicional en un misma oración.En fin,estamos en presencia de un relato que con un pequeñito ajuste puede quedar perfecto,pues tienes un buen tema,lo desarrollas apropiadamente y el final realza esa necesidad de amor que el personaje arrastra desde la primera oración.
Un gran beso,Liz.
GABRIELA
Escrito por: pacomartin       27/04/08 13:57
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Buen guión, pero te noto como "forzada" a contarlo. Noto algo distinto en esta redacción, como si estuvieras menos segura (será cosa mía...).

Un enorme beso.
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