


| Escritor: | 2551938 |
| Públicado: | 27/12/2007 |
Estaban sentados alrededor de la mesa de estudio. Oxalé miró a su alrededor observando a sus compañeros de clase. Quería saber, si los otros seis estaban tan ansiosos como él. Parecía que no se preocupaban mucho que ese día se estudiara el planeta Tierra. Ya se habían dado en clase los otros planetas del sistema solar, al cual pertenecía también el suyo: Júpiter, que era el más grande de ellos. Él vivía en Ganímedes, que era un satélite de Júpiter. Había conocido los otros del planeta y, sinceramente el que más le gustaba era el suyo. ¿Quizás porque era su hogar? Es difícil para un niño de 10 años definir esa palabra. Pensó que hogar era un lugar de afecto, no importando sus dimensiones. El tamaño de una casa no influye en el amor de los que la ocupan. Uno puede sentirse bien en una pequeña habitación y mal en un palacio. Hogar no es un lugar físico determinado que se puede comprar y armar en instantes; es cualquier lugar donde sus ocupantes se quieran, se respeten y convivan en armonía. Sus pensamientos fueron interrumpidos por la entrada del maestro. Todos callaron al instante mirándolo; lo querían mucho por su forma de tratarlos y lo admiraban por sus conocimientos. Nunca les levantó la voz. Cuando alguien del grupo tenía que ser amonestado porque había hablado cuando no debía, o no había estudiado el tema a tratar, él sólo lo miraba. Esa mirada penetrante que parecía entrar al corazón del niño, reflejaba tanto amor y comprensión, que el aludido se prometía no repetir esa falta para no herir los sentimientos de su maestro. Después de todo, ellos venían a la clase para aprender y no a perder el tiempo.
Viola: Ab
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