OTRA VERSIÓN DEL GÉNESIS (I)

Categoría(s): Relato bíblico.

 Apuntes para la historia crítica de la humanidad.
   
     Es sabido que nuestros primeros padres cultivaban la memoria verbal –el verbalismo–. Luego vino la palabra escrita, y así leemos: “Al principio creó Dios los cielos y la tierra. La tierra estaba confusa y vacía y las tinieblas cubrían la haz del abismo”. Las palabras iniciales del Génesis evocan tiempos y acontecimientos que sólo por la fe pueden representarse las actuales generaciones. Para los antiguos fueron verdades sabidas, pues el relato de la Creación era sagrado mucho antes de que se escribiera el Génesis. Con mil años de anterioridad había sido nombrado en una epopeya babilónica, en la Mesopotamia, tierra ancestral de los hebreos; y aquel poema se basaba a su vez en tradiciones que se remontaban, mito tras mito, hasta la prehistoria. Las dos narraciones, la babilónica y la bíblica, coinciden en cuanto a su cronología, desde la creación de la luz, el firmamento y la tierra firme, hasta la del hombre. Pero en aspectos muy profundos, el Génesis rompe con el pasado. En la epopeya, la Creación tuvo lugar a partir de una pugna cósmica, o, dicho de un modo más generalizado, después de una contienda entre los elementos del Universo: el enfrentamiento de los opuestos. En el Génesis se produce de una manera ordenada, en seis días y treinta y un versículos de brillante sencillez. El mensaje señala un gran salto en el pensamiento humano: en vez de la acción fortuita de muchos dioses, la Creación es el fruto de un acto deliberado de un Dios único, así como el telón de un fondo divino que dio sentido a la misión histórica de un pueblo.
    Los eruditos consideran que el relato bíblico de la Creación fue la obra maestra de escritores hebreos del género literario sacerdotal, quienes la perfeccionaron y depuraron durante siglos, hasta que alcanzó la grandeza esencial de un credo religioso. Pero ninguna comisión de sabios –coincido con San Agustín– podría haber escrito “El Jardín del Edén”, la narración que le sigue. Un poema tan lozano y espontáneo no pudo brotar más que de un solo espíritu inspirado. Nadie sabe quien fue el autor.  Los manuscritos los firma con una letra: “J”, y se cree que vivió en el siglo X antes de Cristo, en la época del rey Salomón. En una de las contradicciones que a cada paso surgen en el Génesis, este autor dice que el hombre fue creado al principio y no en el último día, como en la versión sacerdotal. Pero los escribas, que siglos más tarde compilaron el Antiguo Testamento, sentían demasiada reverencia hacia las viejas tradiciones como para corregirlas, y de ahí que subsista la discrepancia.  Al igual que los escritores sacerdotales, tan fieles a las tradiciones sagradas, el desconocido historiador bíblico “J” se preocupó más por la humanidad del hombre que por la divinidad de Dios. El propio Adán, según él, era bien terreno (“Formó Yavé Dios al hombre del polvo de la tierra”) y le habla el Padre, no como creador omnipotente, sino como padre cariñoso: le ordena con severidad que no coma del árbol de la ciencia del bien y del mal, para enseguida decirse a sí mismo: “No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle una ayuda semejante a él”, y abriendo con un ademán el costado de Adán dormido, saca de él una costilla y forma a Eva.
    El relato que hace de la tentación es, no obstante su sencillez, muy rico en matices. Por ejemplo, la actitud inicial de Eva ante la serpiente, cuando no sólo se acuerda del mandamiento original de Dios: “No comáis de él” –refiriéndose al fruto–, sino que, en su temor, agrega otra prohibición que el Padre no ha formulado: “ni lo toquéis siquiera”, lo cual es una forma de exageración en que puede incurrir cualquier mujer desconcertada. Pero, por encima de todo,  al autor desconocido preocupa el nacimiento de la conciencia moral. El  momento en que el hombre, por primera vez, se hace responsable de sus actos. Esto acontece en el Edén, donde la nueva conciencia adquiere forma física: “Abriéronse los ojos de ambos y, viendo que estaban desnudos, cocieron unas hojas de higuera y se hicieron cinturones”. Cuando es descubierta su desobediencia, Adán experimenta un sentimiento nuevo: el de culpa. «¿Dónde estás?», pregunta Dios, como si buscara a un niño perdido; y, oculto con Eva entre los árboles, Adán responde: «Te he oído en el jardín y, temeroso porque estaba desnudo,...» Y Dios replica: «¿Y quién te ha hecho saber que estabas desnudo? ¿Es que has comido del árbol?...» Adán confiesa y atribuye la falta a Eva, quien culpa a su vez a la serpiente; Dios maldice a ésta y arroja a todos del Edén. La desobediencia de Adán es la fuente de la doctrina del Pecado Original. Su expulsión es calificada, en los estudios bíblicos, como la “Caída del Hombre”. Me permito expresar la opinión que, en cierto sentido, fue también la Elevación del Hombre, pues el conocimiento que acababa de adquirir, del bien y del mal, lo situó por encima de las demás criaturas del Universo.  

 

Registrarte y comentar la historia

Comentarios:

Escrito por: Norberto       23/10/07 03:12
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Sinceramente, sombreroazul, te digo que no soy erudito en temas bíblicos, pero las fuentes que acuso en (II) eran lecturas de mi madre, muy creyente, fallecida hace tres años. Descansaba enferma y yo, a su lado, aproveché mi tiempo para leer sus lecturas que me hacían reflexionar y escribir lo mío, no sin cierta ironía, que intento respetuosa. Así fueron surgiendo los dos textos... Me alegro haber recordado en vos el simbolismo de la manzana y tus copias de ese gran artista y precursor (en mi opinión) del surrealismo siglos antes de su nacimiento que fue el Bosco de "Los siete pecados capitales" y "El jardín de las delicias"... y Velásquez, con "Las Meninas". Gracias pintor y poeta sombreoazul santafecino. Le comentaré a Lía tu recuerdo. Me llama a "picar algo" con un tinto Malbec del este mendocino (fino, pero de damajuana). Siempre cocino yo, pero me vio en escribeya y... Un abrazo.
Escrito por: Norberto       19/10/07 16:41
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
¡Qué simpático comentario!... Te sigo para allá, que para vos desde allá será acullá. ¡Cosas de buen humor!... Resplandores de la mente.
Escrito por: ysaiasnunez       19/10/07 06:11
Hacerse amigos Hacerse amigos                 Enviar correo Enviar correo
Me ha gustado... mejor sigo con la segunda parte... nos vemos allá...
Páginas: 1

Imprimir

Enviar historia
© Historias, poemas y otras contribuciones pertenecen al autor, el resto pertenece a Escribe Ya.
Condiciones    -     Privacidad    -     Acerca de Escribe Ya    -     Anunciar    -     Publicar poemas