Aún amándolo ni su propia madre pudo nunca comprenderlo, tal vez el medio hizo de él un ser descreído, hosco, rencoroso y resentido.
Su padre no le dejó un buen recuerdo, el vino borró cualquier rastro de ternura y sólo ofreció golpes e insultos; su muerte prácticamente fue un alivio.
Pero ese hogar no mejoró, solamente trabajaba la madre, quién, tal vez acuciada por las necesidades, no prestó atención a su salud y en estos momentos tiene una grave deficiencia sólo solucionable con un transplante de hígado.
El barrio que lo vio nacer y donde vive actualmente queda al noroeste de la ciudad de Santa Fe, marginado, y sus habitantes se automarginan siendo campo propicio para servir de ocultamiento a delincuentes de otros lugares.
Estos hechos agravan la situación y la gente humilde trabaja y quiere vivir en paz, no logrando salir adelante ni mejorar su forma de vida.
Los niños nacen mamando el dolor, necesidades económicas y, ansiosos de amor y comprensión, José representa a esos niños que siendo hombres contrarrestan esas falencias transformándose en cuasi-delincuentes.
Hace algunos años parecía que su vida se encaminaba; luego de estar encerrado por vagancia, salió de ese deformante lugar encontrando en el Cura Jesuita que estaba al frente de
Su vida signada por errores propios y ajenos, recibe como un cachetazo la noticia del traslado a otra ciudad del cura que tanto había influido en su cambio. José, como el barrio, se sienten desprotegidos y de ahora en más ya nada importa.
Todo lo dicho sirve de introito para el suceso que tiene a José como protagonista.
Junto a marginados personajes, desocupados como él, atacan a un comerciante para robarle; la mala suerte, el destino o la violencia que ciega a los hombres, descarga el arma de uno de ellos que, por querer resistirse, hiere gravemente al dueño del negocio.
Mientras
Los culpables (con José entre ellos) son detenidos y horas más tarde llega la noticia que a la madre de José la están preparando para inmediato transplante de hígado, horrorizado su hijo se entera que el donante es el comerciante que murió al ser atacado, entre otros, por él.
Sólo Dios sabe que para JOSE ésta es la última opción; mientras purga su condena, comprender con dolor que aunque él no empuñara el arma, la muerte de este hombre trajo, -vaya paradoja-, el órgano que mantendrá con vida a su madre.
Difícil, triste y desesperada lección de vida que ojala sirva para elevarlo a un arrepentimiento por todas las malas acciones cometidas, y a nosotros, volver a creer que hasta el ser más despreciable merece otra oportunidad.
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