
OTOÑO.
La ventana estaba constelada de la pequeñas sombras que producia la cortina, vagaban los tenues reflejos diminutos con forma de polilla.....
Ahí estaba la anciana en la silla mecedora consternado a las luces débiles,
con su postura firme.....Un tono violeta giraba levemente en el piso gris,
cortando la sombra de ella en la mecedora.
A medida que el aire hacia levitar la cortina, podia ver unos niños corriendo en semicirculos al otro lado de la acera, El cielo simulaba un mantel redondo, celeste y opaco con briznas blancas.
Un árbol se desmantelaba el enbarazo de las hojas en ese suburubio sin nombre,
ella permanecia sentada y pensativa, a medida que el reloj guiñaba el tiempo, a su lado una mesita a la altura de la silla, con un encendedor plateado y una cajetillla de cigarros. El tiempo se deslizo mas tenue que de costumbre, la cajettila que habia permanecido inmaculada, luego, de ser desempacada, giro unos segundos despúes que ella la lanzo suavemente en la mesa bordeada de madera fina. Era el primer cigarro del día, tomo el encendedor y titilo el borde del cigarro, en la semi oscuridad que la rodeaba, el espiral de humo levitò.
Su rostro tenia una expresión de espera, y en realidad no esperaba a nadie, simplemente su rostro había ido moldeando ese aspecto despúes de cinco años de vivir en otra soledad, todavía recordaba con anhelo su ultimo día en el faro donde trabajo tanto tiempo, para darse cuenta que ya estaba vieja, cuando comenzaba un periodo de libertad que concluyo en un suburbio de la ciudad, lejos del puerto que entendió su soledad como ningún otro lugar.
Ella comenzaba a aprender que la soledad ahí era un amueblado ajeno a sus soledad decorada de barcos, con las bienes raíces de las olas, perforando la distancia, reduciéndola a tomar una lancha despues del almuerzo, revisar los radares,...Ah pensaba..Revisar los radares, era el preambulo de su soledad absoluta, cuando su compañero, preguntaba ¿todo bien? y ella con una sonrisa que fingia seriedad, pero era de alivio, sí podés irte.
Más allá de la la calle donde pasaba el tiempo como una tenue rueda dentada, que no volveria... La casa de enfrente, ella veia hacía allá, y en su mirada fue bajando como un
telón sutil de nada,con una expresión de enigma frágil, como afirmando que el mundo es demasiado grande porque su hija vive ahí y hace dos o tres semanas que no sabe nada de ella, como sí estuviera en un país temporal al frente, justo al frente de su casa.
El mantel del cielo se desempolvó la tarde, y las briznas fingieron estrellas, a esas alturas ella comenzaba a prepararse la cena, el teléfono sonó y lo dejó sonar, dejo rodar el tinteneo hasta la indiferecia de saber quien llamaba, sin el menor rasgo de curiosidad, cenó tranquilamente, se sirvió dos o tres veces, luego se dirigió a la mesita, vio unos segundos por la ventana, bajo la persiana y la cortina gruesa, el otoño susurraba en su piel como una sensación fresca,luego comenzó el cigarro que marcaba la cajetilla a la mitad.
Todo fue un instante, o nunca lo sabrá realmente, porque antes de sentir los latidos fuertemente apagandose, hasta sentir que el pulso se detenia para luego detenerse por completo. Un instante antes de eso, vio el mar, recordó un marinero alejándose, y la satisfacción que le producia la despedida, vio el mecanismo interno de su embarazo, y por fin el zenit de su soledad, vio a los pescadores y escucho el ultimo canto que surgia de todo eso, era un canto de recuerdos personales, todo vino como una ráfaga, o como una esfera que la rodeó con sus viejos procesos para llegar a ese momento, fue como una descarga interna.
Su hija llegó para asegurarse si ella había salido, porque no respondió la llamada, dos días despúes tomaba uno de los cafés mas amargos de su vida, y recordaba entre lágrimas con su familia y sus amigos.
Comentarios:

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Un excelente relato, donde vas marcando el paso del tiempo y de la vida.Un paralelismo psicocosmico se marca a lo largo de la narración, un cielo, un tiempo que acompaña el ocaso de una vida.
Imágenes que desbordan de poesía, como: "El mantel del cielo se desempolvó la tarde, y las briznas fingieron estrellas...", o este parráfo genial:"Más allá de la la calle donde pasaba el tiempo como una tenue rueda dentada, que no volveria... La casa de enfrente, ella veia hacía allá, y en su mirada fue bajando como un
telón sutil de nada,con una expresión de enigma frágil, como afirmando que el mundo es demasiado grande porque su hija vive ahí y hace dos o tres semanas que no sabe nada de ella, como sí estuviera en un país temporal al frente, justo al frente de su casa.".
Te felicito realmente, un texto humano, con claros rasgos de prosa poética.Una historia de vida y soledades muy bien logrado.
Que las Hadas te acompañen.
Hermosísima narración, aunque cargando las nubes de la pena, para mí. Las de lo inevitable, tal vez, las del desamparo, la de la vejez sin remedio y a solas. Las del desprendimiento, que son tan visibles en el otoño, en cualquier ser vivo.
Un abrazo!
Escrito por:
omenia
14/05/08 23:18
Muy lindo cuento aunque deje un sabor amargo, a soledad.
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