Orgullo de acero

Capitulo 2:

 

Don Intendente, don Juan, don Nadie. No otra vez.

 

 

 Llegue al edificio, el casero no se encontraba, solo su esposa, que muy amable me entregó una fiambrera con lo que seguramente era mi desayuno. No es que fuese un muerto de hambre o limosnero, simplemente soy apreciado por la mayoría de los inquilinos del edificio y me he ganado sus favores. Doy gracias a mi madre por haberme heredado su buen corazón. El hecho de jugar el papel de intendente en varios departamentos, fue el boleto seguro a la bondad de las personas. Desde reparar una tubería del sanitario, pintar una habitación, cargar cajas y bolsas de víveres, hasta de hacerle de chaperón en una cita de una de las hijas de la señora Yang. No es que fuese una clase de empleado de ocasión, también tenía mi propio empleo, el cual era muy ligero y de vez en cuando recurría a él cuando necesitaba pagar con urgencia una mensualidad. Era el descargar cajas de los camiones que abastecían supermercados, aunque fuese simple, pagaban bastante bien. Lo suficiente para pagar mi alojamiento, comprar víveres e invitar a una cita a la hija del casero, lo anterior es otra historia.

 

 

Subí a mi departamento, deje la fiambrera en la cocina, me desvestí con premura dejando caer la ropa descuidadamente en el suelo a mi paso, ya en el cuarto de baño me mire al espejo unos instantes, contemple mi rostro de arriba abajo, así como mis marcados músculos, del tórax, espalda y brazos. Ahora sé porque la hija del casero y otras inquilinas me visitan en ocasiones, no es que fuera todo un Muscules, simplemente que mi complexión es agradable a los ojos de las mujeres. Entro a la ducha, procedo a asearme y a afeitarme rápido para vestirme e irme. Después de unos minutos salgo de la ducha con la toalla envuelta en la cintura y otra en la cabeza para secarla. Mi nariz percibe un delicioso aroma proveniente de la cocina, veo el suelo, la ropa deportiva ya no estaba, ahora estaba en un cesto junto a mi cama. Una sonrisa se dibuja en mi cara, me dirijo con naturalidad a la cocina, reconocía inmediatamente de quien se trataba al oler el desayuno y el melodioso tarareo que se escuchaba.

 

 

-Tu madre ya me había dado el desayuno- me recargo en el marco de la cocina con los brazos cruzados, contemplando de arriba abajo la exquisita fisonomía con cabello castaño que estaba frente a la estufa.

-Lo sé. ¿Está mal que quiera ayudar a un inquilino de vez en cuando?

-No, pero si tu padre nos descubre, ten por seguro que habrá muchas cosas que reparar más adelante.

-No hay problema con ello, mi padre con su enfermedad no puede llegar hasta el tercer piso, además no creo que sea suficiente lo que te dio mi madre -Miro entonces la fiambrera que estaba abierta, solo había un guiso y un poco de vegetales a un lado. Tenía razón, no es suficiente para el apetito que suelo tener.

-Así que- me dirijo al armario y extraigo la indumentaria para la academia extendiéndola en la cama –como buena samaritana viniste ha este departamento al azar, abriste con tu duplicado- termino de secar mi cabello y lo demás- limpiaste el desorden de este inquilino descuidado y aparte le cocinas para que no muera de hambre- ya medio vestido con los pantalones, los zapatos pero con la camisa a medio abrochar vuelvo a la cocina, Melanie ya me esperaba con una taza de café humeante en la mano y un desayuno completo ya en la mesa. Tomo la taza de café, y le planto un inocente beso en la mejilla. Me sonríe asintiendo a lo antes dicho.

-Lo agradezco mucho Melanie, pero me temo que esta vez no se puede, quizá en la noche- se tiñen de grana sus mejillas al escuchar mis palabras. Me hace gracia su expresión por lo que nuevamente planto un beso ahora en su frente. Me vuelvo a la mesa y tomo lo que preparó ya que me seducía con su aroma. Melanie sólo se limitó a observarme comer y a rellenar la taza de porcelana con café. Tal vez en el fondo ella sienta algo por mí, sin embargo, a este punto no puedo corresponderle, ya que hoy visitaré las instalaciones de la academia de las fuerzas especiales para después el día de mañana irme del edificio y vivir un tiempo allá, porque así lo requería.

 

 

Termino el desayuno y el café, dejo los trastos en el lavabo, me dispongo a ir a mi habitación pero algo me detiene, es Melanie que me abraza sorpresivamente, su mejilla toca mi piel descubierta, puedo sentir su calidez embriagante.

-Ve con cuidado- me sonríe de una forma muy peculiar, de una forma difícil de describir, tanta fue la calidez que llenó mi corazón que sin pensarlo tome el rostro de Melanie y rose mis labios con los suyos. Esta acción después fue posesiva, pero mi conciencia me hizo reaccionar de un momento a otro, cayendo en cuenta que si no me apresuraba llegaría tarde, no había tiempo para seguir. La tome de los hombros y me separé de ella lentamente, ella no miraba mis ojos solo miraba mi tórax en lo que abotonaba ella misma mi camisa. Tomé su barbilla con mi mano, mire sus ojos mares unos segundos para después besar su frente delicadamente.

 

 

-No te angusties, volveré, no me iré para siempre –Dicho esto solo asintió y me volvió a abrazar. Entonces nos separamos, salió de mi departamento dejándome ahora completamente a solas para terminar de arreglarme. Fajo mi camisa, peino mi cabello, tomo mis llaves y me dispongo a salir y enfrentar a lo que me depara. En lo que bajaba las escaleras, los y las inquilinas me saludaban y me deseaban buena suerte. Entre ellos se encontraba Melanie, que con un ademan se despidió de mi. Ya afuera me encamine a tomar un taxi, ya me quedaba poco tiempo para llegar y el punto de reunión para ir a la academia estaba un poco retirado. Ya en camino, llegó a mi mente el recuerdo de mi padre, cómo él también pertenecía a esas fuerzas especiales, fue un reconocido agente, yo le admiraba mucho, constantemente le decía mis sueños de niño, que quería ser como él, quería ser igual de valiente y admirable que mi padre. Aunque fue trágica su partida, lo hizo con honor, por proteger a la patria. Ahora era mi turno de seguir con el legado de mi padre.

 

 

Llegando pude notar como otros jóvenes como yo arribaban a la central donde nos llevarían a la academia de fuerzas especiales. Solo atiné a mirar a todos lados sin encontrar caras conocidas, sólo seguí la dirección en la que iban los demás. En lo que caminaba sin rumbo para mi desgracia tropecé con un oficial, al parecer perteneciente a la misma academia solo que de rango mayor.

 

 

-Fíjate por donde caminas novato- exclamó con molestia y altanería ese sujeto tan pesado. Aquí vamos de nuevo, primer día y me encuentro con el que sería el brabucón de la academia. No comprendo por qué diablos hay gente como este imbécil. No respondí a su insulto, solo acomodé mi chaqueta y cabello y seguí mi camino. Éste me miró amenazadoramente, como si quisiese grabarse mi cara para después restregarla contra el suelo, como uno de tantos rituales que me contaron, las famosas novatadas. Podía sentir la mirada asesina de ese sujeto, no voltee para verle solo sentía la pesada mirada que se me clavaba en mi nuca. Seguí caminando lo más rápido que pude hasta llegar al punto de reunión donde yacían varios nuevos reclutas, fue una fortuna porque me adentre en el tumulto para perder de vista a ese Neanderthal. La joven encargada de los autobuses dio la orden de abordar los mismos, me adentre en el primero que tuve enfrente sentándome hasta el fondo. Esperando que pronto partieran, de repente me llamó una voz.

 

 

-Disculpa ¿este asiento está ocupado?- negué secamente con la cabeza. Sentándose entonces intento hablar conmigo – ¿Nervioso?- solo asentí torpemente sin dejar de ver por la ventana –yo igual, Alexander Owen- extiende su mano amistosamente, tratando de romper el hielo al notar que no se trataba de algún pesado al ver su sincera sonrisa, acepte su saludo tomando su mano presentándome.

–Robert Eldwin.

–Vaya, no esperaba encontrarme con el hijo del legendario “Pantera”- exclama sorprendido este sujeto, que para mí personalmente se comportaba muy raro. Si quisiese hacer predicciones, me imagino que se enfocará mas al manejo de la tecnología cibernética, o algo parecido al departamento de rastreo digital.

-¿Por qué dices legendario?- la curiosidad de saber lo que hizo mi padre invadió de un momento a otro mi atención. Fue entonces que el joven del asiento de enfrente se inmiscuyó en la conversación. Un tipo aún más raro que éste que está a mi lado. De cabellos largos y cara fina como de mujer, de ojos orientales.

-Que ignorancia señor Eldwin, cómo no conoce las hazañas de su propio padre- le miro con molestia, cómo se atrevía a llamarme ignorante –mil disculpas, dónde están mis modales, soy Jake Wong, un placer- no respondo al saludo, sólo me limito a mirarlo –disculpa mi atrevimiento de hace un momento, pero me sorprende el hecho que no sepas nada de tu propio padre. Pero el que seas su hijo de nada te servirá, así como tu apellido para avanzar, una vez que entras a esta academia empiezas como un “don Nadie”, no te respetarán por ser hijo de fulano, tendrás que hacer que tu nombre valga con el tiempo- no respondo a ninguna de sus palabras solo intentaba predecir el destino de ese sujeto tan altanero, tal vez su destino seria, el ser un tipo “lame botas”, nunca faltan, pero quién soy para juzgar. Se escucha entonces la voz de la señorita encargada del los autobuses, era el momento de emprender el viaje.

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Comentarios:

Escrito por: MANTIS       05/07/12 06:06
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Interesante, me gusto leer mas este capitulo que el primero, parece que esta mucho mas libre. :)
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