Orejas

Categoría(s): Cuento

OREJAS

 

Manuel llegó con retraso al punto de encuentro con Rosa en el restaurante. La  encontró ataviada con sus vestiduras negras habituales. Rosa matizaba ese color con algún accesorio que le imponía un ligero toque de gracia a su tosca figura. Esta vez eran un par de aretes rojos, largos y pesados, con rubíes engarzados en un colgajo de monedas doradas que casi rozaban sus hombros. Eran de aquellos que se enganchan a las orejas con un pasador por el lóbulo perforado y que hacen que la piel luzca enrojecida, casi viva. Rosa se había recogido el pelo para dejar descubiertos sus aretes. Sus rizos oscuros se perdían enredados en un pasador del mismo tono que la hacía ver peor que de costumbre.

 

Manuel nunca había reparado en la orejas de Rosa. Los diez años que llevaba acompañándola a comer en el restaurante, no se había fijado en ellas. Manuel era la única compañía de Rosa, una mujer de mediana edad, inteligente, profesional pero solitaria debido a su excesiva gordura.

 

Manuel había conocido a Rosa en la Universidad, entonces Rosa era una mujer normal, de talla pequeña, medianamente atractiva. Tuvieron un romance que no prosperó, del cual nació su amistad. A Manuel le atraía la inteligencia y sagacidad de pensamiento de Rosa, por eso, cuando ella empezó a engordar se mantuvo a su lado. Los sentimientos de Manuel hacia Rosa se mezclaban aún entre la admiración y la misericordia. Él no podía distinguirlos con claridad, y aunque le costaba mucho asistir a estas charlas semanales, lo hacía por ser leal a su pasado.

 

Rosa en poco tiempo duplicó, casi triplicó su volumen. Primero sentía ansiedad por llevarse al estómago, cuanto plato le pusieran por delante, después empezó a sentir placer por la degustación y se desesperaba por probar cada bocado que salía retratado en los libros de recetas con los que llenó la biblioteca de su casa. Manuel fue el único de los amigos comunes que se quedó a su lado observando la metamorfosis de Rosa, al resto le resultó grotesca la deformación de la imagen y de la personalidad de Rosa y se alejaron.

 

Manuel vio cómo se rellenaban las piernas de Rosa, cómo su cintura desaparecía y daba paso a una suerte de carnes abultadas al límite de la resistencia física. Cómo los ojos y la nariz se hundían en el rostro, cómo los hombros y el cuello se transformaban en una sola pieza compacta imposible de delimitar. Pero, Manuel nunca había reparado en las orejas de Rosa. Le causó gracia que fuera lo único pequeño que albergaba en su cuerpo y le causó gracia el contraste con esos aretes de mal gusto que lejos de entregarle el pequeño toque de gracia que él tanto celebraba le infundían un sello aún más grotesco.

 

Habitualmente Manuel escuchaba muy atento la charla de Rosa. Charla que ella mantenía sin pausa, mientras terminaba los tres o cuatro platos que seleccionaba cuidadosamente la noche que cenaba con Manuel.

 

Esta vez Manuel, no la escuchaba. Asentía con la cabeza cada vez que ella le formulaba una pregunta y nada más. Tenía los ojos fijos en esas orejas pequeñas, demasiado pequeñas, se repetía, incrustadas a los costados de la cabeza de Rosa.  Quiso mantener la atención, pero no pudo. Algo incomprensible le molestaba de aquellas orejas. La imagen se le hizo lejana y difusa. Era como un borrón negro del que sólo sobresalían dos orejas diminutas sujetando los aretes rojos y destartalados.

 

Le empezó a faltar el aire, no pudo probar bocado. La forma de comer, de engullir de Rosa le resultó más molesta que otras veces. Ella no advirtió su incomodidad. Siguió metida en su comida y en su charla interminable. A Manuel se le secó la garganta, se le aceleró el corazón y una ola de impaciencia se alojó en su estómago.

 

En una pausa de Rosa pidió un vaso de agua que bebió de una sola vez. En la segunda respiró profundo, se incorporó encolerizado y trató de explicarle a gritos, las razones de su desesperación, pero se le atropellaban las palabras y no lograba esbozar una frase que fuera coherente. Ella lo miraba confundido. Él sintió lástima una vez más, la misma que le hacía continuar con la tortura de las charlas semanales. Por un momento titubeo, pero recordó su desagrado y continúo de pie ante la mesa tratando de dar con una explicación convincente a su comportamiento. En un segundo pasaron por su memoria los años que llevaba escuchándola, lo condescendiente que había sido, el tiempo que llevaba sin admirarla, las razones que sus amigos uno a uno habían esbozado para dejarla, lo costoso que se le hacía venir a estos encuentros semanales. Imágenes, palabras, gestos, risas, los ademanes grotescos de Rosa engulléndose la comida, la comida escapando por la comisura de sus labios, las mancha en la ropa, el vino rojo chorreando por entre sus dientes… Todo eso y más en ese segundo infinito, mientras observaba la silueta descompuesta de Rosa. Entonces totalmente turbado, terminó su perorata de palabras inconexas, gritando: son tus orejas Rosa, son tus orejas. Se limpió la transpiración con la servilleta, se dio media vuelta y se fue.

 

 

 

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Comentarios:

Escrito por: guadalupe40       02/10/07 00:29
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Buenisimo! que tragicómico, pensar que unos absurdos aretes elegidos por la pobre Rosa sacarian la careta de complacencia que durante tantos años llevaba Manuel sobre su rostro. . . Guadalupe de Santa Fe capital
Escrito por: Piegrande2       13/08/07 19:44
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Tensionante. Sabés crear mucho suspenso a partir de un argumento que de otra forma sería insípido. Tienes todo un arte en tus manos. Felicitaciones.
Escrito por: GABO666       03/08/07 02:25
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manejar el genero narrativo con maestria, diria yo, es un tanto dificil, lo haces muy bien, me mantuviste en vilo y de hecho imagine a rosa y toda la crisis de manuel, senti la angustia misma de Manuel al dar por terminada esa relacion, es un muy buen cuento, el final exquisito y abierto me parecio que la palabra grotesca esta de mas en algunas partes, con mencionarla una vez ya estaba sobrando en las siguientes veces, la narrativa descriptiva muy bien, hay mucho talento. en pocas palabras me encanto, de verdad un golpe seco a lo convencional.
Escrito por: perrosabueso       31/07/07 16:54
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Muy buen cuento, me gusto, me encanto, muy bien escrito, tienes material, madera, talento de gran narradora. Lo disfrute a plenitud. A ver que opinan los colegas. A mi me recuerda a "Bola de Cebo" de Masuppassant. Felicidades.
Páginas: 1

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