Olores desde el vacío (L.O.II)

Categoría(s): Cap 1: Lado Oscuro II

No nos han de contar siempre los vientos de los llantos más profundos del alma humana, pero sí han de transmitirnos ciertos olores, a todos nosotros los seres que sentimos en la soledad de un mundo que nos trae con nuestros cuerpos indefensos.
Mi memoria es tan extensa como todos los mares juntos, y mi tristeza es tan potente como la impresión que dejó en Jonás aquello macabro que pasó la noche de los olores que no habría de olvidar, ni de dejar de repudiar, en toda su vida.
Salió del albergue, y con otros niños como él compartió lo que era el realizar un asalto perfecto y, sin lugar a dudas, de su cuantiosa recompensa. Ignoraba las palabras de la trabajadora social, que tanto placer le causaba al escuchar su dulce maternal voz, lo cual le provocaba un incomprensible sentimiento de culpa, que no era otra cosa que su deseo natural de vivir en un estable hogar, del cual no tuviera que escapar como tantas veces sí lo había hecho del albergue para niños abandonados.
Aquel día de su milésima huida, en la noche fue raptado por unos hombres, que, entre sus pensamientos barajaban las imágenes y el placer que tanto les causaba los gemidos de los niños durante un abuso sexual bestial y destructivo.
Fue abusado, y no fue lo que sintió ni lo que vio lo que le perforaría el alma por siempre, sino ese olor de esos hombres, punzante para los pulmones, profundo para la memoria, dañino en todo sentido.
Al tiempo volvió al albergue, y al escuchar las palabras de la trabajadora social de siempre, no pudo contener el llanto frente a ella, sin ésta poder comprenderlo. Era la primera vez que lo veía llorando al niño, que siempre se había caracterizado por su frialdad y una hombría de la que se jactaba, pese a ser tan pequeño aun: 9 años.
Creció, y con una niña de la calle entabló una buena amistad. Ella, Leda, le confirió a él un secreto terrible: “Escuché a papi decir que yo le gustaba mucho. Escuché que en la noche nos quitaríamos la ropa los dos, y luego nos veríamos en la tele.” Ella 11 y él 12. Después, Leda le confesó a Jonás que por eso que le había contado se había ido de la casa, pero que desde entonces otros tipos le habían hecho propuestas parecidas en la calle.
“Contigo sí lo haría. Con esos otros, jamás.” Le dijo otro día la niña al niño de la calle.
Desde el primer abuso al que había sido sometido, Jonás, había sido frecuentado siempre por otros hombres, y se repetía lo mismo, y le aterraba lo que ocurría en su miserable vida, pero sobre todo ese olor asqueroso.
“No lo quiero hacer contigo, huele feo.” Le dijo al pasar del tiempo el niño a la niña de la calle, “Pero estás bonita”, agregó.
Instintivamente y harto de los abusos, un día Jonás ya no quiso salir del albergue y, aunque trató de convencer a Leda de que lo acompañara, ésta le dijo que afuera tenía amigas.
A Jonás lo aterraba algo que le evitaba dormir en las noches, y eran ciertas palabras de Leda, las últimas que escuchó de ella antes de dejar de verla por aislarse, temeroso, en el albergue: “Creo que volveré con Papi.”

 

*Novela conjunta. Foro:  http://escribeya.com/Foro/754

 

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Comentarios:

Escrito por: Rina       28/02/08 05:37
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Es una historia con mucho fuerza. La realidad tan triste que muestra nos adentra a un mundo que muchas veces ignoramos...
Muy bien amigo, excelente comienzo
Nos estamos leyendo
Besos
Escrito por: LizAhumada       28/02/08 04:09
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Un relato que juega con nuestras sensibilidades humanas, capaz de hacernos sentir complices de una historia llena de olores y maltratos.
Escrito por: poesiacarnivora       27/02/08 04:05
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Un buen comienzo, remarco el uso del recurso de la memoria olfativa para darle hilo a la narración.
Un relato cruel de una vida como tantas en las ciudades.
Será interesante ver como sigue.
Un abrazo amigo, que las Hadas te acompañen.
Páginas: 1

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