Estacioné en la calle frente al hotel, ya que la que normalmente usaba estaba repleta. Saqué mi bolso y crucé la calle, en la puerta de entrada ya se encontraba Roberto. Vestía un uniforme negro con un revolver al lado, tenía una radio que se sujetaba al lado izquierdo de su pecho, se veía bastante atractivo, el negro le favorecía. Inspiré una larga bocanada de aire, cualquiera diría que me estaba resignando a algo, y caminé hacia la puerta.
-buenos dias señorita Nataly- dijo muy cortés,
pero aquella mirada de soberbia que lo destacaba según mi perspectiva, se
mantenía ahí
- buenos días Roberto, que bien se ve vestido
como guardia- dije y sonreí me sentía mal haciendo piropos, eso no era lo mio
- muchas gracias, usted siempre se ve muy
radiante- dijo y me abrió la puerta
Sentí que me enrojecía, pero traté de
disimularlo agachando la cara y entrando con rapidez al hotel.
Adentro se encontraba Ángela, hablando de manera
muy acalorada con el nuevo huésped. Sentados en los sillones, acercando mucho
sus rostros, como si no se oyesen, siendo que el lugar estaba casi vacío, el
único ruido era el del restaurant del hotel que estaba en la sala siguiente.
Reían muy animados, ni siquiera notaron mi presencia cuando pasé cerca de ellos
para dirigirme al escritorio.
Dejé mi bolso en el piso, saqué la basura que
había dejado Angela, ya que normalmente cada turno de noche que hacia dejaba
lleno de esos papelitos de comida chatarra encima del escritorio.
-¡¡Estúpido Mc Donnalds!!- Decía para mis
adentros, aunque el local solo cumpliese el rol de venderle la comida y ella
fuera la desastrosa dejando todo tirado.
Caí en la cuenta de que no tenía por que limpiar
su desastre, así que le interrumpí los aires de conquista para que viniese a
ordenar antes de que se fuese
- ¡hey angie! ¿Puedes venir un segundo?- dije
subiendo el tono de voz. Ella me miró con unos ojos fulminantes, como quien
fuese la impertinente que le arruinase el momento. Mantuve mi postura seria y
molesta.
- de acuerdo natty - dijo resignada. Se levantó
y guiñó un ojo al hombre que cruzaba una pierna y sonreía. Se dirigió a mi y me
habló lo mas bajo posible
- que quieres!!- dijo apretando los dientes
- ven a ordenar tu chiquero!..Siempre dejas esos
papeles de comida ahí, es el colmo que tenga que llegar y limpiarlos cada vez
que llego!- dije subiendo el tono enojada
- de a cuerdo!- dijo y tomó los papeles
amuñándolos en su mano y se dirigió al papelero. Luego se volvió a meter al
escritorio y ordenó las hojas tiradas que habían. Yo me quedé parada mirándola
pero luego, me moví al perchero para dejar colgado mi bolso.
Sentí un pequeño escalofrío en la espalda,
cuando me voltee vi la razón de por que se me sacudía el cuerpo. El nuevo
huésped estaba con los ojos clavados en mí y eso me estremeció aun más.
Lo miré y le dediqué una sonrisa lo mas cortés
posible
_buenos días_ dije con un tono de seriedad
_Muy buenos días señorita_ dijo subiendo
notoriamente el tono de voz. Aquél tipo no me agradaba, era demasiado molesto.
Ángela terminó de sacar sus papeles y salió del
escritorio, recogió su bolso y se volteó a mirarme, con una sonrisa algo
hipócrita
_ ¿trajiste mi abrigo? De seguro lo habrás
dejado en tu casa con lo despistada_ dijo y rió, era como si me quisiese dejar
en ridículo frente de aquel hombre
_ no nos veamos la suerte entre gitanas Ángela,
mira que sales perdiendo. Lo traje no te preocupes, se me quedó en el auto_
dije y salí prácticamente corriendo a las afueras del hotel.
Me sentí mas aliviada afuera, el ambiente era
menos denso, y no tenia los ojos de él sobre mío
_ ¿sucede algo?_ dijo Roberto que se había
quedado mirándome, quizás por cuanto rato por que no recordaba que estaba
afuera
_ Solo tonterías, Roberto, descuida_ dije eso y
avance hacia delante. Crucé la calle y me metí al auto, pero para mi sorpresa,
no había abrigo. Lo había olvidado completamente, Ángela tenía razón, era una
maldita despistada.
Cerré de un portazo el auto y volví a la calle
de enfrente, enfurruñada, me imaginaba lo que iba a decir Ángela cuando supiese
que si lo había olvidado.
_ al parecer no son tonterías_ dijo Roberto que
me había abierto la puerta nuevamente para entrar
_ créeme
que si, se me olvidó el abrigo de la otra recepcionista, anoche me lo pasó para que no me mojara con
la lluvia_ dije avergonzada
_pero ¿por que no vas por el?_ dijo y sonrió. Me
había gustado esa sonrisa, así que también sonreí, pero agachando el rostro
_ si voy, llegaría tarde al trabajo, Ángela se
iría más tarde y todo un problema_ dije
moviendo la cabeza negativamente.
_ Yo te cubro nataly, ve_ dijo y quitó la mano
de la puerta, cerrándola
Me quedé helada ahí parada mientras el me seguía
mirando a los ojos. Metí las manos al bolsillo de mi pantalón y sonreí.
_ ¡Gracias Roberto! Con esta ya van dos_ le
toqué el brazo con amabilidad. No me atrevía a agradecerle de ninguna otra
manera. Di vuelta y corrí de nuevo hacia el auto. Lo encendí y salí casi
volando. Iba a una velocidad bastante más alta de lo normal
Quince minutos me tarde en llegar. Corrí hacia
el interior de mi casa y saqué el abrigo, aproveché y eché una ojeada por todo
el lugar por si se me hubiese olvidado apagar algo. Todo en orden
Salí y eche nuevamente llave al cerrojo, entré
al auto y me fui con más velocidad de la que había usado anteriormente.
Un total de media hora. Llegué nuevamente al
hotel, Roberto estaba parado donde mismo y cuando me vio bajar del auto, abrió
la puerta de entrada. Prácticamente volé al interior del lugar.
Ángela parecía no haber notado mi ausencia, por
que seguía hablando con el huésped de la misma manera que cuando llegué la
primera vez.
Dejé el abrigo sobre el escritorio y me senté en
la silla.
Ángela luego de un rato se levantó de donde se
encontraba y tomó su abrigo, volvió la cara donde estaba Fabián, el nuevo
huésped y este se levantó.
_ nos vemos natty_ dijo y sonrió, al parecer esa
media hora en soledad con el le habían mejorado el ánimo.
Salió del
hotel y tras de ella iba el nuevo huésped, pero antes, devolvió su rostro hacia
donde estaba yo; menos mal el escritorio era bastante alto, y apenas se veía mi
cara. Pero si pude ver como me guiñaba el ojo antes de salir
Me sentí aliviada cuando cruzó la puerta. Me
levanté del escritorio y salí del hotel, me sentía asfixiada dentro.
Afuera se encontraba Roberto con una posición
bastante incómoda, brazos cruzados en la espalda y piernas algo separadas una
de la otra. Parecía un militar.
Definitivamente se veía muy atractivo. Más por
que era muy alto y tenia una espalda muy amplia. Me encantaban los hombres así,
era una maldita costumbre la de fijarme si tenía o no aquella contextura.
Me apoyé en la puerta un instante, y lo seguí
observando, estaba algo embobada
_ ¿sucede algo Nataly?_ dijo sin voltearse, como
si supiese desde un principio que estaba ahí parada mirándolo
_ nada, solo vine a tomar algo de aire_ traté de
no sonar sorprendida, pero por mi tono se notaba que había fallado
_ debe ser sofocante estar dentro_ seguía
mirando hacia el frente, como si no le importara mirarme
_ pues si la verdad, más aun con la parejita que
salió recién_ dije y carcajeé, el solo agacho la cara y esbozó lo que podría
casi asegurar, fue una sonrisa
_pues si_
se había volteado. Se quedó mirándome por un largo rato sin decir nada,
su mirada había cambiado. Eran unos ojos negros, que demostraban pasión,
ternura y algo de tristeza. No pude desviar la mirada, me sentía bastante bien.
Se me acercó y quedó frente mío, levantó una de sus manos y sacudió mi hombro
_ vas a
tener que pedir que fumiguen, hay arañas en el lugar_ dijo y retrocedió
Ni siquiera fui capaz de mover un músculo,
estaba atolondrada. El sonrió con más ganas y hizo sonar los dedos frente a mi
cara, haciéndome reaccionar
_nunca había visto a alguien que se quedara dormida
de pié_ dijo y comenzó a reír animado.
Sentí que mis mejillas habían agarrado color,
estaba avergonzada.
_ ¡no me había quedado dormida tonto!_ dije
tratando de no demostrar mi vergüenza. El seguía riendo mientras volvía a
adoptar su posición de militar, ahora algo mas relajada que en un principio.
_ yo habría jurado que si_ dijo mientras me
miraba de reojo. Agaché la cara y reí.
_ De acuerdo mi general, como diga_ dije y
entré. Adentró alcancé a escuchar sus risotadas. Al parecer si le había echo
gracia mi comentario
Estuve sentada en el escritorio por dos horas,
ordenando cuentas y revisando la lista de los huéspedes, por una orden que
había impuesto el dueño del hotel. Consistía en tener una lista de todos los
hombres prófugos de la justicia y revisarla conjunto con el libro de
huéspedes.
Personalmente lo consideraba una soberana
tontería, ya que, a que clase de prófugo se le ocurre tener una reservación en
un hotel con su nombre verdadero. Le
sería mas útil tener un nombre falso para hacer este tipo de trámites. Pero
como decía el jefe hay que estar prevenidos en caso de
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