Nuestra historia (3)

Categoría(s): Historia

 

Ángela llegó con 15 minutos de retrazo; yo estaba que echaba humos. No quería quedarme y hacer doble horario. Ya una vez me lo había hecho, y para colmo fue toda una noche y  el día siguiente, hasta que ella apareciese. Al menos recibí bonificación extra, eso era lo único bueno.

- perdóname natty, Estos transportes públicos ¡¡son unas tortugas!! ¡¡Salí media hora antes de mi casa!! Imagínate todo lo que se tardó- dijo dejando su abrigo en el perchero

- yo ya me hacia la idea de tener que volver a hacer horario continuado- dije burlonamente

- ya te había dicho el por que no pude venir, estaba muriendo de un dolor de estomago, tuve que ir a la clínica- dijo mostrando una cara de dolor. Le dediqué una sonrisa burlona y me levanté del escritorio

- tienes que ir a pedirle una firma a uno de los huéspedes nuevos- dije abriendo el libro y mostrándole el espacio vacío de las firmas – está en la 27C-

- ok, voy a ir ahora; puede que en un rato mas esté dormido- dijo y se levantó de la silla- está lloviendo afuera será mejor que te abrigues bien- dijo sonriéndome

- ya lo había notado ¡gracias!- la verdad ni cuenta me había dado, tampoco había visto el pronóstico del tiempo

- llévate mi abrigo ¡pero me lo traes temprano!- dijo mientras entraba al ascensor

- ¡de acuerdo Angie! Te quiero por eso ¡¡bye!!- dije y se cerraron las puertas del ascensor.

Tomé el abrigo que estaba en el perchero, aun estaba algo húmedo, pero no lo suficiente como para traspasar el material.

Afuera llovía a cantaros, parecía como si hubiesen dejado la llave del agua abierta, y para colmo había muchísimo viento. Esa mezcla era para que llegaras hecho sopa a la casa.

Corrí hacia mi auto, estaba estacionado en frente del Hotel. Era pequeño en comparación a los otro autos que habían y muy llamativo por lo viejo y desgastado. Lo adoraba, nunca me había fallado y me sentía muy segura en su volante.

Abrí la puerta del piloto, cerré la puerta, lo encendí y comencé a avanzar. La noche estaba muy oscura, y de no haber habido focos en las calles no vería casi nada, ni con las luces altas del auto.

Hice funcionar los limpiaparabrisas y con ello funcionó la radio. Era el único desperfecto que padecía mi autito.  Cambié de sintonía y me puse a escuchar algo de música bailable y me puse a cantar.

Me fui lentamente para mi casa, ya que era muy poco lo que distinguía en las calles, aunque no hubiese ningún auto en esa noche excepto el mío, además nunca me ha gustado la velocidad.

Me demoré menos de lo predicho en llegar, y eso que me fui lentamente. Salí corriendo del auto y me metí dentro de la casa. Estaba calentita a pesar de lo helado de la noche.

Dejé colgado el abrigo y prendí una de las estufas. Entré a la cocina y dejé encendido el hervidor con agua, mientras me preparaba algo para comer.

Vi el reloj que estaba en la cocina, marcaba las nueve y media de la noche. Normalmente llegaba a las diez, aunque no me molestaba llegar más temprano, al contrario.

Dejé las cosas que había preparado en la mesita de centro, encendí el televisor y  busqué alguna película en los canales del cable. Me detuve en una, estaba Johnny Depp como actor protagónico, era de un tipo medio desquiciado, que era escritor. Por el hecho de estar ese actor ahí la dejé. Que le iba a hacer, era mi actor favorito y mi amor platónico. Más de alguna vez soñé que lo desnudaba  y me aprovechaba de él, o al contrario, él se aprovechaba de mí. En ambos casos me parecía una idea estupenda. Se vale soñar, decía para mis adentros mientras reía.

Mientras estaba pendiente de la película tomé mi taza con un té que me había preparado y le di un sorbo. No me fijé que estaba caliente, así que tuve que tragar rápido y echarme aire. Por descuidada me había quemado.

Dejé el té a un lado y me acerqué el plato con la comida, sin despegar los ojos de la película, en más de alguna ocasión suspirando cuando veía al futuro padre de mis hijos.

Comí con algo de apetito ya que se me fue muy rápido lo que tenia en el plato y seguí viendo la película. Pero el cansancio y el sueño me estaban ganando, así que decidí que era hora de dejar a mi amor en la pantalla chica haciendo de las suyas eh irme a dormir.

 

Apagué las luces, la estufa y el televisor. Me metí al baño y cepillé los dientes, mientras lo hacia me miraba al espejo. Había veces en que encontraba que mi rostro tenía facciones bonitas, pero había otras en que era mejor ni siquiera  tener un espejo cerca. Me sentía fea.

Terminé mi cepillado de dientes, me lavé la cara y me puse la pijama, no era muy sensual, bueno la verdad absolutamente nada sensual. Era de de líneas horizontales blancas y negras, parecía reclusa de las de películas de vaqueros.

Me metí a la cama, la que por cierto estaba helada. Tirité un poco mientras conciliaba calor y calentaba el espacio que ocupaba de ella. Miré hacia el lado izquierdo de mi cama, vacío como siempre.

Desde mi ultima experiencia con novios que había decidido estar sola por un tiempo, ya llevaba así 3 años y si era bien sincera, si necesitaba a alguien que me hiciese compañía y me quisiese, y por lo menos sentir lo mismo por el otro. Pero no había aun nadie que me hiciese sentir así, ni siquiera mis antiguos novios, los cuales ascienden a la módica suma de tres.

Con ninguno me sentí especial, querida, amada, solo era una más de las novias que ellos pudiesen tener. Al menos no había caído en la opción de entregarme a alguno de ellos, aun era un terreno virgen mi cuerpo, lo cual a pesar de mis 22 años me enorgullecía.

Pero necesitaba de uno, me sentía sola. De vez en cuando, las lágrimas salían solas por no ser una chica de las que llamase la atención de algún hombre. Era alta, de tez blanca, delgada de pelo muy negro y me gustaba reír mucho, pero siempre los más guapos eran los bajitos, y me sentía ridícula al lado de alguno así. Parecían mis llaveros.

Me acomodé hacia el otro lado de la cama, no quería seguir pensando en aquello, miré hacia la pared y de apoco comenzó a distorsionarse. Me había quedado dormida

 

Desperté asustada en la mañana, media hora antes de que el despertador sonara. Me senté en la cama, me estiré y me fui a la ducha. Mientras estaba ahí, me puse a pensar en el nuevo guardia, el que después de todo era bastante agraciado. Pero tenia una manera de mirar que me hacia sentir un poquito desprotegida. Recordé el penoso suceso con el poste de luz y me toque la frente

- por poco y quedo con un chichón, por estúpida y descuidada- dije mientras cerraba la llave.

Me puse una blusa café y unos pantalones negros de tela. Me veía bastante formal, para ser viernes. Pero decidí que así impartiría algo más de respeto. Tomé un desayuno bastante contundente, tenia tiempo suficiente para cocinarme algo decente, ya que la mayor parte del tiempo era un café solo. Preparé mi bolso, ya que me tocaba jornada hasta más tarde. Había pedido mas horario el viernes para evitar que Ángela me invitara a una de sus fiestas desenfrenada, no quería pasar por la experiencia de hace dos meses atrás en la que terminé coqueteando con un homosexual, el que no paraba de reír mientras bailaba, según yo de manera muy sensual. Eso es lo que sucede cuando una chica tiene exceso de copas en el cuerpo. Tiende a hacer torpezas de las que luego se arrepiente como si hubiese sido la causante de alguna explosión nuclear.

 

Miré el reloj, ya era hora de emprender rumbo al trabajo.

 

Salí de la casa y eché llave al cerrojo. Abrí la puerta del auto por el lado del piloto y tiré mi bolso hacia el asiento contiguo. Me senté y lo eché a andar.

Mientras iba conduciendo, miraba de vez en cuando mi bolso. Era bastante feo después de todo. Era de cuero con unas machas verdosas y el tirante para colgarlo estaba bastante desgastado, pero así me gustaba, siempre fui algo excéntrica  con mis gustos y mi bolso hacía un juego perfecto conmigo.

Me paré en un semáforo en rojo y miré hacia uno de las aceras. Había una señora parada mirando dentro de su bolso, preocupada de su vida. Fue cosa de minutos para que apareciera un chiquillo y saliera disparado con el bolso de aquella mujer, la que gritaba ¡¡Policía, Policía!! Mientras trataba de correr, pero sus años la traicionaban. El chico se perdió en la calle siguiente.

Dio luz verde y arranqué, dejando atrás aquella escena. Era vergonzoso tener que ser espectador de este tipo de situaciones, pensando después ¿Qué haría yo en una situación así? Pensando miles y miles de maneras para evitarlo, comenzando por siempre tener bien sujeto el bolso y no abrirlo mientras caminas por la calle. Mejor aún, no andar con bolso por la calle y llevar todo en bolsillos que estén dentro de la chaqueta. Lástima que somos mujeres y como tal, siempre llevamos más de lo necesario en nuestros bolsos. Estaba en nuestra naturaleza el hecho de llevar más cosas. Muchas más cosas

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Comentarios:

Escrito por: Rina       14/04/08 02:12
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Pues me sigo haciendo presente en tu historia. Ya tenemos mas detallitos de ella...ya esta cerca del trabajo de nuevo...que pasara?
Nos estamos leyendo
Besos
Escrito por: ari28       13/04/08 08:18
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hola has escrito muy lindo...creo que puedes para mas has otra segund aparte de esto linda y dejame leerla me he quedado facinado por tus interpretaciones.. TE FELICITO. SUERTE
Escrito por: jeison       13/04/08 04:05
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hoola
espero que estes muy bien corazon!!!
te felicito por tu escrito esta muy lindo. escribes super!!!
felicitaciones...
Páginas: 1

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