NO SÉ POR QUÉ

Era mi cumpleaños y me levanté muy temprano para alistarme e ir al colegio. Mi madre abrió la puerta de mi cuarto y, al verme despierto sobre la cama, me miró con ternura y se acercó para darme un abrazo tan cálido como los rayos del sol que se colaban por la ventana. Peinado con gomina salí rumbo al colegio. Recuerdo que siempre me llevaban de la mano y nunca me soltaban, a pesar que ya estaba ‘crecidito’ y podía andar solo.

Ese día llegué justo a la hora y, después de la oración matinal, el profesor me sorprendió cuando les dijo a todos mis compañeros con un tono muy raro –“Muy bien niños, hoy nos vamos a divertir porque es cumpleaños de su ‘amiguito’ Santiago”– lo dijo levantando poco a poco la voz, como si quisiera llamar la atención y haciendo unos gestos raros, tal vez para que se percataran de algo.

Yo estaba ruborizado al fondo del salón, pues ahí me sentaron desde el primer día de clases, y sólo atiné a pararme y abrazar fuertemente mi mochila; di una mirada panorámica y aterrada a todo el auditorio; luego, sonreí inocentemente, porque la verdad no sabía de qué se trataba todo eso. Enseguida todos voltearon a verme, y como si por primera vez se percataran que alguien estaba allí, me señalaron, y al unísono todos, inclusive el profesor, se rieron de mí. Algunos se levantaron de sus asientos, se dirigieron hacia mí y fingiendo abrazarme, me golpearon la espalda muy fuerte hasta hacerme toser; no faltó quien me pegara un papel en el suéter (del cual no me percaté) que decía “regálame un golpe porque hoy es mi cumpleaños”.

Al salir al recreo, los más grandes pasaban por mi lado fisgoneando mi espalda y después de leer el letrero, me daban golpes y gritaban: –¡Oye tarado, invitas torta!– y se alejaban burlándose.

Cuando llegué a la cancha de fútbol me invitaron a jugar. Uno de ellos me pegó una etiqueta hecha de papel y pintado un número con lápiz, justo en  medio de mi pecho;  me dijo que no lo sacara, pues era mi regalo y  con eso pasaba a formar parte de su equipo. Me emocioné por el gesto (aunque no lo creo), sino porque iba a jugar junto al capitán de la selección de fútbol del colegio.

Al iniciar el partido todos me pasaban la pelota, incluso los del equipo contrario. Y para quitármela (¡inclusive los de mi equipo!)venían todos a la vez y me asestaban patadas por todo el cuerpo. Al reaccionar por el dolor producido, entre risas me decían: –¡Así es el fútbol, chocherita! Tienes que aprender primero a recibir golpes, luego dominarás el balón.

Mi mami me dio tarjetas para repartirlas a mis compañeros invitándoles a mi fiesta por la tarde. Las repartí a todos cuantos pude. Debió ser que algunos eran descuidados porque encontré algunas tiradas en el piso y hasta en el basurero; pero bueno, sabía que si las botaron era porque ya las habían visto.

Yo esperaba como a cincuenta compañeros esa tarde. Eran las cuatro y sólo habían diez niños.

Qué raro– pensaba –si hoy es viernes y el profesor no ha dejado mucha tarea–. Comenzaba a oscurecer y sólo llegamos a ser quince. –De seguro que van a sobrar dulces y torta.

Con los pocos niños que llegaron se armó un alborotada diversión. Al corretear por toda mi casa, los más grandecitos subían y bajaban por las escaleras, ensuciaban las paredes, me empujaban, se jaloneaban, tiraban los dulces, rompían adornos por toda la casa, etc. ¿Era todo más que algarabía?

Mientras oscurecía, el juego todavía continuaba, no sólo ahora en el patio y en la sala, sino también en el jardín fuera de la casa. Mamá me prohibió que salga a la calle e inclusive al jardín de la frentera de mi casa, pero tanto fue el juego que en esos momentos de jolgorio nadie se percataba dónde estábamos.

En la fiesta estaba Nicolás, el más grande y abusivo del salón. Jugábamos a la pesca y a él le tocaba atraparnos. Tal vez porque yo era el del cumpleaños se empecinó en pillarme y se la pasaba persiguiéndome cada rato y al atraparme me daba un golpe muy duro en el cuerpo donde sea que me cayera, hasta puntapiés recibí en una de las atrapadas que me dio.

Decidí escapar de una vez por todas y para que no me pesque, salí hacia el jardín, lugar prohibido por mamá; no obstante en ese momento más interesaba escapar que obedecer. No veía por dónde zafar, sólo quedaba la pequeña puerta de metal que era la salida de la casa y que colindaba con la avenida principal. ¡Pero si mamá me había prohibido ir por ahí! Pensaba.

Al ver que Nicolás seguía tras de mí, al no tener escapatoria y a pesar de que iba a desobedecer a mamá, di con temor unos pasos hacia afuera de la casa y me detuve al filo de la vereda junto a la avenida. En ese momento voltee hacia la casa inmutado, porque sabía que hacía mal al desobedecer, y sólo vi a Nicolás que se abalanzó sobre mí a toda velocidad; con fuerza más que brutal, y yo; desesperado por huir y que no me atrapara, sólo atiné a agacharme casi acurrucado en cuclillas, tratando de protegerme con mis brazos y cerrando con fuerza los ojos, creyendo que así escaparía de mi perseguidor; sentí un empujón vehemente que me sacó de la vereda y me tumbó en medio la pista; ahí fue donde perdí la noción de espacio y tiempo. Después de percibir un corto periodo de silencio y oscuridad, oí gritos de desesperación y lamento, enseguida abrí mis ojos y me vi debajo de un automóvil; no me podía mover; me dolía mucho la espalda tanto o más que ahora, en que estoy tirado sobre esta cama del hospital, inmóvil y con heridas por todo mi cuerpo. Vi al doctor hablar con mamá e inmediatamente ella se puso a llorar.

No sé por qué, pero una tarde vinieron unos señores con trajes oscuros trayéndole a mamá unos papeles en los que decían que, luego de mi recuperación, me llevarían a un lugar llamado ‘reformatorio’, porque el Fiscal Alcázar, papá de Nicolás, hizo un documento donde me acusó de haber empujado a su hijo contra el automóvil que lo mató.

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Comentarios:

Escrito por: shafandros       19/04/08 23:08
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Camarada Vincho, no sé si te has dado cuenta de que tu trama es estupenda. El tópico del débil, del abusado por todos. Lo encontramos en Ribeyro, en Bryce(recuerda Cano de Julius), en Vargas Llosa(Ricardo Arana de la Ciudad y los perros), en Paco Yunque de Vallejo. Pero aquí el destino que ha maltratado al protagonista, venga su suerte contra el más poderoso, el abusivo.

Es decir, el destino se reserva una justica dentro del caos y la exclusión.
Buena historia que va más allá de un argumento y atrapa al lector con un lenguaje suave y sencillo.
Esperamos tus siguientes historias...
Escrito por: Guilian       17/04/08 15:32
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Wow, me impacto mucho tu historia de principio a fin, y el fin fue el más violento de todos los episodios!. En las escuelas se vive mucha violencia, creo que siempre ha sido asi, sobrevive el chico mas audaz o fuerte, la inteligencia es razón de burla, en una comunidad en donde hay niños muy crueles!. Tu historia se lee tan real!, que temi, tú hayas pasado por eso, ojala que no, como nadre me senti afectada, porque cuando se es madre, todos los niños del mundo pasan a ser tus hijos!.
Felicidades, mi opinión particular es que cautivas la atención del lector, fuiste explicito y nuy claro en tus relatos, tanto en espasio y tiempo, no me desfase en ningun momento porque mantuviste el hilo de tu historia!.
Gracias por compartirla! y te invito a leer mis historias, poemas, etc.

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