Igual lo vi otear el mar desde la playa con su rostro acerado, cuadrando su quijada. Si vez un parpadeo enturbiaba sus rasgos, les juro que profunda su mirada brillaba en su blindaje; en el cristal cautivo del faro inconquistable de su luz interior. En el ágata gris del iris de sus luces, en el marmóreo eterno de su cornea, en el desfiladero de su recta nariz. En el profundo encono de su marcada fuerza corporal bronceada de auras.
Cuauh
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