El faraón acababa de ordenar al Nilo que creciera hasta que los canales laterales llevaran sus aguas hasta los campos más alejados, y como cada año, el Nilo obedeció. Lejos estaba la joven Nath´a´lhia hija de Nefrén el embalsamador o el sastre de Anubis como lo llamaban las pocas amigas que tenía, de ver con claridad aquella ceremonia.
Estaba acostumbrada a que el rechazo hacia su padre la alcanzara a ella. No obstante ella entendía a Nefrén: si bien nadie quería tratar con la muerte, alguien tenía que ocuparse del asunto.Ella temblorosa se arrodilló de inmediato e inclinó su cabeza, todo sin soltar la pluma. Levantó apenas la mirada y pudo ver a una imponente figura con cuerpo de hombre y cabeza de Ibis, por lo que instantáneamente supo que se trataba del dios Toth.
- ¡Devuélveme la pluma de la verdad! la increpó el .Toth se quedó callado un instante, preso de la confusión. Jamás mortal alguno se había mostrado tan desafiante ante un dios. En realidad ella sabía, porque su padre le había contado, que los muertos eran juzgados por la diosa Maat, y ante presencia de aquel dios, pesando el corazón del difunto en una balanza con una pluma como contrapeso. La pluma simbolizaba la verdad por lo que si luego de confesar sus pecados el corazón resultaba más pesado que la pluma...mejor ni acordarse.
- ¿Te pertenece a ti acaso? interrogó Toth aún desconcertado.
- Esta pluma la he encontrado yo, por lo que la respuesta es sí ¡oh, poderoso Toth!
- ¿Acaso ignoras que esta pluma simboliza la verdad?
- No lo ignoro ¡oh, poderoso Toth!
- ¿Entonces te crees dueña de la verdad? preguntó sagazmente la deidad.
- Nadie es dueño de la verdad ¡oh, poderoso Toth! Tampoco tu. Pero sí poseo esta pluma de ave que es tan solo un símbolo; sin embargo, si tal fuera en realidad la verdad, no la poseería aunque la tendría de mi lado, en mis manos, sería portadora de la verdad. ¡oh, poderoso Toth!
En este punto el dios no sabía si matarla de inmediato o reírse a carcajadas ante semejante irreverencia. Aunque tenía que admitir que era cierto lo que decía aquella joven.
- ¡Devuélveme la pluma entonces!
- No puedo devolverte lo que no te pertenece ¡oh, poderoso Toth! Esta pluma me pertenece porque cayó a mis pies y jamás podría pensar que una divina pluma del poderoso Toth podría posarse ante los pies de ningún insignificante mortal ¡oh tu, divino y poderoso Toth!
El Ibis estaba al borde de perder su divina paciencia y convertir a Nath en escarabajo, pero no podía retrucar un planteo tal. Asi que pensó que lo más justo era reemplazar la pluma por otra, asi fue como se arrancó a si mismo una pluma de su cabeza y volvió con Maat a continuar ajusticiando almas.
Pero como a los dioses les gusta tener la última palabra, y para quebrar la soberbia de la joven, dijo mientras se marchaba:
- ¡Oh pequeña e impetuosa Nath´a ´lhia! ten por seguro que nos volveremos a encontrar.
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