Nath´a´lhia y la pluma del dios


  

El faraón acababa de ordenar al Nilo que creciera hasta que los canales laterales llevaran sus aguas hasta los campos más alejados, y como cada año, el Nilo obedeció. Lejos estaba la joven Nath´a´lhia hija de Nefrén el embalsamador o “el sastre de Anubis” como lo llamaban las pocas amigas que tenía, de ver con claridad aquella ceremonia.

Estaba acostumbrada a que el rechazo hacia su padre la alcanzara a ella. No obstante ella entendía a Nefrén: si bien nadie quería tratar con la muerte, alguien tenía que ocuparse del asunto.
Desde su posición apenas divisaba el brillo dorado de las ropas de su señor, pero adivinaba que aquel a quien rodeaban los sacerdotes no era que el hijo de Amón.
Cuando terminó el espectáculo siguió la dirección del viento que agitaba levemente las ribereñas plantas de papiro hasta toparse con las aguas mismas del Nilo que corrían por uno de los canales de riego. Se sentó un instante y se vio reflejada en ese espejo que fluía sin descanso arrastrándolo todo menos su inquieta imagen.
Le gustaba sumirse en sus meditaciones, por lo que le fue fácil entrar en cavilaciones y pensar que la existencia diaria no era mas que el empeño humano de reconocerse como un ser continuo, coherente y singular. “Aunque la vida es más bien como las aguas de este abrevadero”, pensó, “fluye sin detenerse devolviéndonos tan solo una fugaz, temblorosa e imperfecta estampa de un rostro hecho de muchos rostros, en un gesto que cientos tuvieron por suyo y susurrando un nombre igual al que ostentaron miles antes y después de nuestra corta existencia”.
Pero aun ante un cuadro tan pesimista ella sabía que algo había de singular en cada uno de nosotros; algo muy pequeño que nos era propio, una diferencia que nos volvía únicos e irrepetibles.
En estas cosas meditaba Nath cuando alcanzó a ver una pluma sometida al capricho de la brisa y que fue cayendo lentamente a sus pies. La tomó entre sus dedos para observarla cuando escuchó un vozarrón como el azote de un rayo.
-         ¡Arrodíllate ante ante la presencia de tu dios! –

Ella temblorosa se arrodilló de inmediato e inclinó su cabeza, todo sin soltar la pluma. Levantó apenas la mirada y pudo ver a una imponente figura con cuerpo de hombre y cabeza de Ibis, por lo que instantáneamente supo que se trataba del dios Toth.

-         ¡Devuélveme la pluma de la verdad! – la increpó el .
-         No te pertenece ¡oh, poderoso Toth!– Le replicó Nath audazmente y sin levantar la cabeza.

Toth se quedó callado un instante, preso de la confusión. Jamás mortal alguno se había mostrado tan desafiante ante un dios. En realidad ella sabía, porque su padre le había contado, que los muertos eran juzgados por la diosa Maat, y ante presencia de aquel dios, pesando el corazón del difunto en una balanza con una pluma como contrapeso. La pluma simbolizaba la verdad por lo que si luego de confesar sus pecados el corazón resultaba más pesado que la pluma...mejor ni acordarse.

-         ¿Te pertenece a ti acaso? – interrogó Toth aún desconcertado.

-         Esta pluma la he encontrado yo, por lo que la respuesta es sí ¡oh, poderoso Toth! –

-         ¿Acaso ignoras que esta pluma simboliza la verdad? –

-         No lo ignoro ¡oh, poderoso Toth! –

-         ¿Entonces te crees dueña de la verdad? – preguntó sagazmente la deidad.

-         Nadie es dueño de la verdad ¡oh, poderoso Toth! Tampoco tu. Pero sí poseo esta pluma de ave que es tan solo un símbolo; sin embargo, si tal fuera en realidad la verdad, no la poseería aunque la tendría de mi lado, en mis manos, sería portadora de la verdad. ¡oh, poderoso Toth! –

En este punto el dios no sabía si matarla de inmediato o reírse a carcajadas ante semejante irreverencia. Aunque tenía que admitir que era cierto lo que decía aquella joven.

-         ¡Devuélveme la pluma entonces! –

-         No puedo devolverte lo que no te pertenece ¡oh, poderoso Toth! Esta pluma me pertenece porque cayó a mis pies y jamás podría pensar que una divina pluma del poderoso Toth podría posarse ante los pies de ningún insignificante mortal ¡oh tu, divino y poderoso Toth! –

El Ibis estaba al borde de perder su divina paciencia y convertir a Nath en escarabajo, pero no podía retrucar un planteo tal. Asi que pensó que lo más justo era reemplazar la pluma por otra, asi fue como se arrancó a si mismo una pluma de su cabeza y volvió con Maat a continuar ajusticiando almas.

Pero como a los dioses les gusta tener la última palabra, y para quebrar la soberbia de la joven, dijo mientras se marchaba:

-         ¡Oh pequeña e impetuosa Nath´a ´lhia! ten por seguro que nos volveremos a encontrar. –

 
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Comentarios:

Escrito por: aliali26       10/07/08 21:06
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Al leerte, no puedo dejar de asombrarme. Pienso qué textos se habrán arremolinado en tu cabeza, cuánto has razonado cada uno de ellos para darnos este relato que nos lleva a conocernos y a darnos cuenta de que de veras, de veras, la verdad absoluta no tiene dueño. Verdad?
Escrito por: ferruz       21/05/08 23:02
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Muy interesante tu personaje de Natalia ¡Felicidades!

Saludos
Fernanda
Escrito por: Piegrande2       20/05/08 20:31
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Gracias Loreto! Este cuento pertenece a mi libro aun no editado "16 maneras de ser Natalia". Me alegra que te haya gustado, ya que valoro mucho tu opinión.
Escrito por: Loreto_Silva       20/05/08 09:22
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Bueno, bueno, me encanto, de principio a fin.

Loreto
Páginas: 1

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