Nada

Categoría(s): amor
 
Esperaron en la silla de aquel café mientras se iba otra tarde, una de tantas que se van sin mirara al cielo y sin cruzar los techos, siguieron fumando uno tras otro y sin hablar, el silencio era lo que mas les gustaba, no fingían, no disimulaban, sus fracasos, ya eran fracasos, para que recordarlos, si ganaron alguna vez escaparon cuando iban a cobrara el premio. así que arrollados por su destino y por el placer de sufrir y de aquella apatía disfrutaban aquellas tarde, de cigarros uno tras otro, mientras moría uno, surgía otro hasta agotarse y preguntarse por la falta de cigarros, por la falta de café y porque se iba otra tarde, otro día y no percibían los minutos, los pasos seguían y la gente iba a prisa, mientras ella hacia poemas con la silueta del humo del cigarro y se quedaba así distraída, detenida en los humitos que iban desapareciendo y a veces eran ligeros y otras solo eran el espejo que le mostraba sus ojos tan distantes, ellos andaban recogiendo nardos y cenizas, marchaban agotados, esperando café y algo de crema porque a el gustaba dulce, el pensaba en los días de sol y lo mucho que lo extinguían, prefiera el cielo nublado y gris, con esos tonos que le dan al cielo aires tristeza.Ella estaban sentada en aquel bar, esperando las copas, los vinos secos, algo cerveza, algo de noche fría, de brazos extraños que les sujeten la cintura y las penetre con su lengua, que les prometan días de colores y eternos capturados en un instante, en un lapso, las curiosidad se apoderaba de sus manos y sus caderas terminaban en un baño de algún concurrido establecimiento contra la taza, la puerta o el lavamanos, agarrada por tipos con manos grandes y fuertes que han pasado las guerra, le gustaba el sabor de la sangre y el olor del aceite, quitarse los tacones y caminar descalza por los puentes, mientras esperaba otra mañana, otro día seco, recogiendo latas de cerveza y fijándose en la gente, en sus sudor, en sus ecos, en el ego pisoteado, en los fluidos, las nauseas y las piernas cerradas.

Tan cercanos con esa sensación de encontrarse y otra vez perdidos van esparciendo periódicos mojados y salivitas frías, iluminándose el iris, con vasos dentro de sus gargantas, juegos de cartas, un vino seco, sus bocas melancólicas se dan la espalda y siguen.

-Esto es una trampa y solo es que te descuides un poco y dejas de ser vos, empiezas a llorar porque determinada mente enferma dijo que bello era un maniquí sin alma y que las mujeres en el intento de no ser objeto y tras el sueño de una liberación son la vaga imitación de un marinero con ropa pequeña, que la vida te tiene todo con las debidas indicaciones y antes de nacer ya tenes tu manual, por si te enfermas, por si pensas mucho, por si queres ser punto y aparte también esta, solo es cerrarte y aparte de todo pero siendo lo mismo con gente que se cree diferente, por si sos inteligente ya sabes que el futuro esta en otro país por que somos "subdesarrollados" y no merecemos ni crear o creer a falta de cultura, ese es el manual que dice “que esta bien nacer, educarte, trabajar, soñar con lo que querías ser y morir”, por si soñas pa eso esta el Tío Sam y la llamada moneda, por que un carro y el papel higiénico con colorcitos valen mas que tu libertad.- le dice el.

Es así como pasan las tardes, con silencios o largos pensamientos en cualquier momento, circulan en cada esquina. El tan forastero, desconocido, deja que sus ojos giren y recorre cada placa o anuncio de jabón, de zapatos de tacón, de gomitas, de palabritas, de burbujas, de limón o helados de carmesí, las noches llegan tan ausentes y dilatadas, cerveza de en mesa en mesa. Ella tan distante tan extraña no llega, no habla, no piensa, vegeta, se eleva.
Y acaso importa? te levantas y seguís con lo mismo, pensando en tener y no ser... importa?

Un día ella se fue por el camino de las lunas violetas, descaso entre uno que otro sol y extendió su esencia, su olor a eucalipto en las cuerdas de la estación, él siguió en la misma tienda con aquellos humitos, con aquellas cervezas, esperando el café y con el eco de su silencio, por un tiempo le quedo la sensación de sal en sus labios y de sequedad en la nariz, de la brisa que quería salir de sus poros, de sangre, de alientos y de uno que otro llanto. Ella no era de este mundo y el tan terrenal no sabia como construirse alas, las palabras se fueron escaseando y en cada ocaso el silencio iba a aumentando, un día el construyo unas alas de madera y al intentar besar sus lóbulos quedo rodeado de cenizas y devuelto a las alcantarillas, las ratas, al vomito en las aceras, los orines en los muros y los polvos de madrugada.

Corrían y caminaban todo el tiempo, se miraban largas horas, se sentaban en las tiendas desoladas, buscaban gusanos en las piedras y en las noches se revolcaban en los bosques oscuros, se amaban en los árboles y en las terrazas, seguían caminando y el tiempo se escapaba, no importaban los carros, ni las inclinaciones, ella pensaba en la agonía mientras el observaba casas, se miraron una noche al bailar sin saber bailar, se besaron y los demás no importo.

-Hemos vendido nuestro cuerpo, insisto que somos una estirpe enferma, un pueblo que baila sobre la sangre de sus indígenas por no tener ojos claros, un pueblo sometido y con delirio de esclavos, un pueblo que le besa el culo al llamado primer mundo y seguimos aforrándonos a esperanzas de tiempos mejores, y seguimos adorando aun cristo ausente, y seguimos de estoicos recibiendo latigazos, es sencillo reducir la vida en unos estándares básicos para ser uno mas, una masa grande, unas ovejas brutas, una homogenización total, una vida reducida en un billete, en una casa, en una profesión, en una boda, en el tiempo que no se acaba sin hacer nada, frente al televisor viendo novelas baratas o programas enlatados, confiados en nuestra calida casa que la vida es bella y que la felicidad existe – decía ella mientras se acordaba de su madre.

Ella se lamentaba del a ausencia de su alma, de la partida de su esencia, tan desconocidos y a la vez tan propios que sus lamentos se iban intensificando, ya no había brandy, ni tabacos cubanos, ni bicicletas antiguas, no había salsa, ni naranja o Fania, azules o saxofones, quedaban escaleras y el vació del deseo corroído de las esquinas rotas, de esos besos homicidas, minutos y caricias suicidas, aceleran los pasos que quedan en no quedar, en nadar, en dejarse llevar, no quiere promesas que queden inciertas, ni palabras apresuradas, nada de chocolates en días de lluvia, ni la muertes de rosas, ni el secuestro de mariposas, ni apagar el cielo.

-No me crees que el tiempo es corto, no es un anuncio suicida, en unas noches de copas, es el tiempo de las ranas como el de los gatos que no tienen tiempo o si lo tenemos pero lo dividimos en cada respiro.- le dijo ella.


Ella guardo sus alas y El fingió que tenia, con los bolsillos vacíos se acurrucaban en los huecos y contaban hojas secan, abrazaban y montaban uno que otro árbol, se besaban en la madrugada, seguían dando vueltas en los buses y contando la señales, sin bancos, sin peluquerías, sin vías. Se cortaban la boca, se besaban y seguían sabiendo a sal, el espacio que los dividía se diluía entre el silencio mientras ella hacia poemas con el humo de su cigarro y el contaba las líneas de su café, agotaban su tardes blancas y negras, sin colores, sin esperanzas, sin tiempos mejores.
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Comentarios:

Escrito por: guadalupe40       16/02/08 15:51
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Mas que un relato me suena a reflexión, muy bien escrito pero me gustaria dejarte un cachito de esperanza, sólo un poquito para que el estar juntos, con las alas puestas, sea más placentero. Guadalupe
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