NACIMIENTO (parte segunda)

Federico terminó de leer la carta por décima vez y se convenció que era más que perfecta. No decía demasiado pero no era una de aquellas notitas hipócritas en las que pretendía explicar todo este tiempo con frases de cajón.

 

 

“ya era hora” pensó, no en vano realizó aproximadamente veinticinco borradores… era gracioso leerlos ahora, cada uno de ellos parecían dirigidos a diferentes personas. Uno estaba tan lleno de rencor que temió por aquel sentimiento reprimido que en este momento se encontraba dormido pero vivo; luego había otro tan lleno de amor y tristeza, que por un segundo sintió compasión por aquella mano que trazara tan lamentables palabras, olvidando que había sido su dolor el que deletreaba cada verbo. Le causaba risa esta tonta variación de ánimo.

 

 

Al día siguiente se despertó arrepentido por su entupida decisión de enviar ese pedazo de papel que de seguro seria leído y destrozado al instante. Era muy posible que ella hubiera aprendido a olvidarlo, mientras que él seguía siendo tan “cabeza dura”, así lo llamaba Ema cuando lograba sacarla de quicio… si, seguía siendo igual, se aferraba obstinadamente a su pasado y sus recuerdos. Nada en la vida había más valioso, para él, que esas imágenes lejanas. Cada olor, cada gesto, cada sensación, cada beso, cada palabra y cada caricia habían quedado intactamente dibujados en su cabeza. De nuevo comenzó su ritual anual, cada año invocaba al Federico de hace veintiocho años, para vivir de nuevo ese mágico momento.

 

 

Él jamás creyó en las casualidades pero aquel día de Abril supo, desde que puso sus pies en la fría baldosa, que su vida no seria la misma por el resto de los días. Como de costumbre se levantó para preparar un día lleno de ilusiones, pero de esas ilusiones patéticas que alimentan los sueños sin sentido, su ilusión era poder salir de la miseria en la que se encontraba sumido y poder, por fin, encontrar un empleo que le permitiera tener una vida libre y no de esclavo. Una pequeña mirada en el periódico organizo su itinerario, primero llegaría a una complicada dirección para aspirar a un puesto medianamente bueno… nunca logro llegar. La siguiente parada era decisiva, tenia dos opciones una casi aseguraba una nueva estabilidad económica, pero la otra implicaba mucho más dinero pero la inestable alternativa de ser rechazado, al final su ambición terminó decidiendo su destino.

 

 

Una fila enorme salía de un moderno edificio, sin pensarlo tomo su puesto detrás de un hombre muy alto. Casi al tiempo llegó una mujer, de esas que no pasan desapercibidas, comenzó a hablarle tan rápido que no podía comprenderle, pero no le importo parecía como si estuviera hechizado por esos ojos inquietos que no paraban de buscar algo en su cartera, por esos cabellos negros que cubrían su rostro por el viento, por esos labios que articulaban palabras sin sentido y por ese hermoso sonido que escapaba de su boca, que más bien parecía una hermosa melodía instrumental. Era como si sus oídos jamás hubieran escuchado nada maravilloso, como si por primera vez un mundo de silabas se despertara.

 

 

- … Ema y tú? – fue lo único que alcanzo a entender, quería decirle que era hermosa… no hermosa no, tendría que crearse una nueva palabra para describir a aquella criatura que lo estaba mirando… lo estaba mirando, claro de seguro esperaba que él dijera algo, pero no encontraba palabras pensó que las ya existentes serian demasiado vulgares para ella y lo único que salió de su boca fue.

 

 

- ¿qué? – ella se hecho a reír y fue la imagen más magnifica que podría haber visto en su vida, sentía como si estuviera estrenando todos sus sentidos, como si nunca antes los hubiera usado, o al menos no adecuadamente.

 

 

Ninguno de los dos consiguió el empleo, pero al salir del edificio ambos sintieron como si hubieran conseguido algo muchísimo más valioso que el dinero.

 

 

(DESEO)

 

 

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Comentarios:

Escrito por: rauler       08/04/08 17:42
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Es primera vez que te leo y me pareces interesante. Tu historia cuenta con una excelente redacción. Te seguiré leyendo. ¡Saludos!
Escrito por: Ben       22/02/08 23:34
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que bien escribes
Escrito por: Rina       19/02/08 15:35
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Entre Ema y Federico se siente gran fuerza, son dos personas que a pesar de no obtener el trabajo, consiguieron algo mas, como bien escribes. Por eso al leer de esa separacion, em quedo un poco triste...la indesicion de mandar aquella carta, temiendo que hara...es muy comprensible...las dudas siempre nos inundan cuando algo realmente nos importa.
Nos estamos leyendo amiga
Besos
Escrito por: betob       19/02/08 01:09
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La rapidez de las escenas, introducen al lector en un torbellino que, de momentos, no le permiten centralizar el pensamiento.

Un estilo muy especial.

betob
Páginas: 1

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