
Me escondo de ti, pues me atraviesa tu mirada. Me oculto entre mis vestidos rosa, las hebillas de carey, mi agenda floreada, mis lápices de color.
Me refugio en la monótona melodía de mi caja de música, te miro a través del plástico de mi collar de fantasía. No puedo hacerte frente aún, mis poros sudan una inocencia sonrojada.
Amor, no puedo aún mirarte a los ojos, no puedo escuchar con coraje tus palabras anheladas, no puedo tomar tu mano sin pudores ni dejar mi ansiedad al desnudo.
Aún soy joven para seguir tus perfumes. Me cubro la boca para no dejar que me beses ni atreverme yo a nombrarte en voz alta.
Vergüenza, desengaño, dolor...son los tres rostros del feroz cancerbero que vigila tus puertas. Y yo, tan débil, tan cobarde... te doy la espalda y vuelvo a mis juegos de niña.
Nada dicen mis novelas de amor, ni las revistas. No hay armas en la cajita de cristal donde guardo mis sueños más preciados, ni una palabra, consejo o advertencia acerca de aquel guardian que me mira desafiante. ¿Será tal vez tu mascota, tus verdaderos rostros, o serás tal vez tú mismo, Amor?







