En
cualquier situación cotidiana no se olvide siempre, en beneficio del público,
aunque sea usted y yo, o solamente usted o yo, cambiar la música de fondo. Allí
donde va el coro del cumpleaños feliz, por ejemplo, ponga usted como
acompañamiento, la música
Por supuesto si alguien le habla desde la verdad, desde la razón o invoca el poder del amor para convencerlo de cualquier cosa no se olvide de reproducir aquella melodía que nunca ha dejado de sonar: el silencio.
[1] Ojo que la versión original es del mismo Beethoven, conocida como Marcha Turca de Las Ruinas de Atenas (opus 113, 1812).
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