No sé como sería antes, en los tiempos de mi abuela, cuando una mujer se separaba. Al parecer todos la apuntaban con el dedo y la arrastraban del pelo por las callejuelas de la ciudad, pretendiendo esconderlas por atreverse a ser personas y de esta manera convertirse en vergüenza nacional.
Hoy no es tan diferente, ya no las apuntan con el dedo, pero para la sociedad se hacen invisibles, nadie las ve, es como si esas mujeres no existieran, ni ella ni sus hijos. Sea en cualquier clase social que se encuentre, una mujer recién separada es un peligro, es una enemiga, es una mujer necesitada, porque ya conoce el sabor de la carne, grrrrr!, el color del pecado. Entonces sus amigas no la invitan a sus reuniones sociales, porque creen que tienen el miembro dibujado en la frente y sus maridos lo van a leer de corrido y sin error de ortografías.
Las mujeres separadas tenemos ese coso ¡viste!, que las mujeres casadas no soportan. Por lo mismo, cuando se separa una mujer, es enemigo número uno, rival, maraca, perra, ¡bitch!, etc. Queda desterrada del mundo social. Menos se le invita los carretes de parejas, puede atacar en algún baño, o ser atacada en algún rincón oscuro de la socialité, por algún marido deseoso de consolarla, que no faltan obviamente. ¡Ese afán del hombre de estar siempre dispuesto!, de creer que aún pueden realizar hazañas de boys scout. Es como en los funerales, todos quieren consolar a la viudita.
El hombre separado en cambio es acogido por todos, hombres y mujeres. Las mujeres odian a la pécora que dejó a este pobre bicharraco, digno de cariño de todas las amigas. Mmmmm no sé porque se me ocurre que lo ven como un posible amigo con ventajas, guiñándole el ojo a escondidas de sus maridos. Los hombres felices, tienen de vuelta al amigo, es como un juguete nuevo. Lo invitan a todas partes y comienzan a presentarle a todo tipo de mujeres para que olvide, so pretexto para ellos salir a celebrar y a chupar como carretoneros.
Si la mujer sale a la semana con alguien, es condenada a muerte por santos y villanos, si el hombre sale con alguna mujer en igual fecha, lo aplaude hasta la ex suegra.
Si la mujer se queda con los niños que en el 99% de los casos es así, ella debe apechugar hasta la muerte y dedicarse a ellos por completo. Si tiene que trabajar también debe hacerlo.
Si el hombre se queda con los niños, se los deja a la mamá. Porque él debe trabajar. Entonces para que no se canse el niñito, la mamita se los cuida.
Si la mujer llega a tener un orgasmo con su amante y con su marido jamás ocurrió, porque, eso pasa no lo duden, ella lo comenta con la amiga que, indudablemente no guarda secretos quien correrá a contarle al ex. A éste sin dudas se le caerá el pelo. Pero creo yo que, no es precisamente el pelo lo que se le cae.
Si al hombre separado, una mujer lo hace pasar muy pero muy bien en los lindes del encamamiento, ¿qué creen ustedes que puede pasar?, ¿se queda o se va?, jajajja, se arranca, no vaya a ser cosa No se lo cuenta a nadie, borra el número de teléfono, pierde la memoria ipso facto. Ya no es el cancherito que llega donde sus amigos al otro día y afloja la noche anterior en que él, hizo arrancar pasto a la hembrita en diferentes poses y en los casi 21 polvos acostumbrados, ¡no!, ya no es así.
Se va en secreto, llega a su casa, enciende la lámpara, busca la fotografía de su ex para que lo ampare que es más seguro, no vaya a ser cosa que le muevan el piso. Va donde sus hijos para que le cuenten un cuento, de lo contrario, si no hay hijos esa noche, va donde su perro y le pide alojamiento.
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