La luz que se colaba por las persianas se estrelló en el rostro pálido y maltratado de Sandra. Obligada a abrir los ojos por la intensa luz del día, abanico los parpados, todo estaba borroso pero empezaba a distinguir, empezaba a acostumbrarse y vio a su madre justo al lado suyo, acariciándole con una mano el cabello y con la otra apretando un pequeño rosario con el crucifijo ausente.
Había personas desconocidas alrededor suyo, el ambiente era pesado, se oían gritos de dolor en lo que ella pensó era un cuarto contiguo. Del techo colgaba bocabajo un frasco de vidrio que al parecer contenía un líquido, pero parecía más bien vidrio dentro del vidrio, tenía una etiqueta pero no alcanzó a distinguir que decía y un pequeño tubo bajaba serpenteando hasta la cama cubierta de sabanas frías y sin color donde Sandra yacía tendida.
── Madre. ¿Que paso ? ¿Que hago en este lugar ?. ¿Por que todos me miran ? ¿Es un hospital?. ¡¡¡Estoy en un hospital !!! Pero que carajo fue lo que ocurrió, odio los hospitales, el olor a antisépticos me pone nerviosa, no quiero estar aquí Madre, sácame de aquí ── Dijo Sandra al momento que pensó en levantarse.
── Oye, oye no, espera no siento las piernas. ¡¿Por qué no siento las piernas ?! Y mis brazos, que pasa no puedo moverlos, no puedo moverme. ¿Por qué lloras madre que me paso por que no me escuchas ?. ── Replicó con pánico y desconcierto.
Todos excepto su madre dejaron la habitación, Sandra sentía la impotencia de no poder siquiera sentir las caricias de la gran señora a su lado, sus ojos ya se habían acostumbrado a la intensidad lumínica y pudo leer la etiquita del frasco. Tenía escrito su nombre, un termino raro que no comprendió, un lapso marcado en horas y al final: Dx. Traumatismo general con fractura multifragmentada en ambas piernas + desviación lumbar + fisuras en el parietal del cráneo + P.M.C.. Pudo haber gritado, si tan solo le fuera posible, estaba paralizada de pies a cabeza, tenia una difusa percepción de lo que pasaba alrededor pero no había interacción, solo podía ver y vagamente escuchar, pero no sentía mas que una pena inmensa.
── ¿Cómo sucedió ?── Indago en su mente. Llegaban trozos de recuerdos pero ninguno concreto, solo eran como destellos de la memoria, se concentro un poco mas, ató los cabos sueltos ── Si ya recuerdo me desmayé, y las escaleras, caí por las escaleras. No, no es posible, debo estar soñando, esto debe ser una pesadilla, una broma de mi subconsciente ──
Sandra había estado acostada en el sofá, viendo la televisión por un buen rato, estaba pasando por la etapa mas difícil del resfriado común, su temperatura rebasaba los 40 grados. Su madre la llamo, Sandra se levanto casi al instante y subió la escaleras corriendo, su madre buscaba en una pequeña cajita, un par de antibióticos y analgésicos.
── Se me acelero el corazón, como que me falta el aire ── dijo llevándose las manos al pecho, su madre le advirtió que era por subir muy rápido y siguió buscando los medicamentos.
Comenzó a sentir que su corazón latía mas fuerte, no mas rápido sino mas marcado, era como estar a lado de una bocina a todo volumen, los tamborazos subieron a su cabeza, casi podía sentir que explotaría.
── Me palpita la cabez ── no terminó de decirlo cuando todo se oscurecía poco a poco de un tono verdoso que paso a ser un negro abismal. Después despertó en el hospital.
Cada tres segundos un pitido ensordecía sus sentidos, casi podía oír como caía gota a gota del frasco la solución, dos pequeños orificios en una manguera impulsaban oxigeno puro en su nariz. Su madre le había dado tantas vueltas al pequeño rosario como para cubrir un kilómetro de distancia, no se había separado del lado de Sandra ni un segundo desde que sostuvo en sus brazos el cuerpo inerte y ensangrentado de su hija, sus gritos de auxilio y terror se esfumaban en el silencio inmenso de la noche. Como pudo arrastro a Sandra hacia el sofá, corrió por el auricular de teléfono y buscando alcohol solo encontró un envase lleno de una loción barata. Empapó un trozo de papel con el perfume y lo paseo por la cara de Sandra mientras llamaba a la ambulancia que tardo una eternidad en llegar.
El recurrente pitido se volvió de pronto uno solo sonido agudo, como el rechinido de las uñas contra la pizarra.
── Dios me veo horrible ── dijo Sandra cuando se vio acostada con los ojos abierto, vacíos, la piel tan pálida que se veía a través. Vio también a su madre, parecía estar gritando, parecía estar llorando, parecía estar muriendo
Vio como todas las extrañas personas que antes habían salido de la habitación, regresaban a prisa, después de un rato de algo parecido a un grupo de caníbales sobre un jabalí, se fueron retirando con la cabeza gacha y balbuceando términos médicos incomprensibles. Sandra podía ver como su madre se deshacía en llanto sobre ella, se vio sin vida, totalmente desconectada de tubos y demás aparatos.
Dos enfermeras entraron y difícilmente pudieron sacar a la madre de Sandra que sujetaba a su hija como si estuvieran pegadas, cerraron la puerta de la habitación y comenzaron a envolver a Sandra con las mismas sabanas percudidas sobre las que estaba.
── ¡Déjenme en paz, que creen que hacen !── gritó Sandra queriendo hacer a un lado a las enfermeras, pero no podía tocarlas, grito y grito cada vez mas fuerte y se lanzaba en contra de las enfermeras que sellaban el lúgubre envoltorio con de trozos de cinta adhesiva. Después de la fatídica lucha de Sandra por detener la momificación improvisada de su cuerpo, se tiro al suelo y con lagrimas en los ojos maldijo a dios por habérsela llevado tan joven. Mientras yacía en el suelo dos hombres con camisas blancas entraron, pasaron sobre ella, llevaban una camilla, una camilla que no tenia colchón, era solo el frió y escarapelado metal. Sandra se puso de pie y vio como los dos tipos la pasaban a la vieja camilla y salían de la habitación empujando un cuerpo antes lleno vida, ahora solo eso un cuerpo.
Cuando Sandra quiso seguirlos volvió a sentir los tambores en su cabeza, esta vez un poco más débiles y más pausados pero ahí estaban, la oscuridad se apodero de su vista otra vez y vago en el limbo por un rato. Cuando volvió en si, estaba recostada, peinada de la manera mas hábil para resaltar su belleza, portaba el vestido mas elegante que jamás hubiera portado, su rostro era impecable, casi parecía que sonreía, jamás se había visto tan bien, como jamás se había visto en una caja.
── ¿Dónde estoy que paso por que estoy en este ataúd madre ? Aun no he muerto ── dijo Sandra, su madre estaba llorando ya sin lagrimas, recostada sobre l pecho de su hija, pensado que esta se había ido sin darse cuenta que había abierto los ojos, sus propios gemidos no la dejaron escuchar el débil corazón de Sandra que volvía a latir. Alguien retiro a la destrozada mujer y comenzó un desfile de familiares, amigos y desconocidos, parecía que todos tenían algo que decir. Algunos se lamentaban, otros solo movían los labios, otros se signaban y el resto solo la observaba. Sandra vio a cada uno que paso, nadie hizo caso al hecho de que sus ojos estaban abiertos y si lo hicieron, el miedo no les permitió hacer nada.
── No estoy muerta ── gritaba sin conseguir articular una sola palabra, comenzó a desesperar, quería sacudir su cuerpo, moverse, llamar la atención, pero era en vano seguía totalmente paralizada. Una lagrima de resignación escapó de su mirada helada, la prueba fehaciente de que aun vivía. Antes de que alguien lo notara cerraron el ataúd, la sentenciaron a morir.
── Tal vez lo merezca ── pensó. Había aceptado que la hora del fin había llegado, pero llevaba en su corazón el rencor a ese dios, ese dios que permitió que sufriera tanto antes de irse, sus lagrimas siguieron brotando, ya no sentía miedo de morir, ahora temía que no pasara. Un golpe la saco de su profunda concentración luego otro, era tierra, la tierra que cubriría su muerte tardía.
── Aun no estoy muerta ── susurró por última vez, sus ojos se cerraron, y esperó paciente a que el aire se agotara, a que su corazón dejara de latir de nuevo, quería que fuera rápido. Todos arriba se fueron retirando poco a poco, al final solo una persona quedó, abrazando una lapida improvisada con el nombre de su hija, tomo su pequeño rosario y lo enterró en la tierra aun fresca, Sandra se durmió esperando la muerte, y hasta que su madre dejo el cementerio, Sandra se vio por encima del mundo al fin liberada de su inmenso dolor y rencor.
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