Mortinatos III

Categoría(s): Intriga, Surrealismo

Se veía a lo lejos, anonadada y paralizada viendo con ojos saltones y tristes al bebe inanimado. Me acerqué de soslayo. Su postura corporal se modificó dándome a entender que me había visto llegar. A pesar que no contaba con la confianza, coloqué mi mano sobre su nuca y la acaricié, ella dejó caer los hombros, aliviada por el contacto humano. “Ves lo que te digo… estoy maldita…” dijo su voz quebradiza. Con un dramatismo que me hubiese parecido ridículo en otra circunstancia la sacudí de los hombros confrontando sus ojos con los míos. “No estás maldita, no hay ninguna maldición sobre ti, las estadísticas indican que en todas las salas de parto de hospitales tan grandes como este deben ocurrir muertes fetales, la concepción humana es difícil, la vida no le da chance a los débiles, la gestación es un proceso delicado, miles de mujeres mueren como consecuencia de la reproducción y miles de niños no llegan a ver la luz del sol…” perdiendo la vehemencia de mis palabras bajé el tono de voz “…además hoy es mi cumpleaños, deberíamos celebrar en vez de mortificarnos la vida”. Una pincelada de sorpresa impregnó sus facciones y sus ojos contemplaron nuevamente al recién nacido muerto. “Precisamente, eso es lo que más me asusta”. Por primera vez me dediqué realmente a observar al feto sin vida. Su cuerpo se disponía flácido sobre la mesa, sus ojitos medio abiertos contemplaban la nada, un nudo hizo nido en mi garganta, sus brazos parecían aferrarse a algún sostén de vida que le negó el apoyo… la vida es cruel. Junto aquella reflexión se despertó en mi un destello de comprensión de lo que ella había querido decir previamente… todos mis vellos corporales se pusieron de punta. De reojo aprecie su mirada condescendiente. Mi corazón latía con fuerza y pequeñas gotas de sudor salían de mis sienes. Logré calmarme con el convencimiento que yo era un científico que no creía en supersticiones. Ella debió verme pálido, porque sostuvo mi mano y me condujo sin decir palabra hacia la azotea del hospital. Desde allí se disponía la ciudad ante nuestros pies. Los ventarrones gélidos nos golpeaban obligándonos a tiritar. El clima nos dio la perfecta escusa para acercar nuestros cuerpos en un abrazo. La suave piel de su cara rosaba mi barba insipiente, la comisura de sus labios rozó la mía. Sin preguntarnos, nuestros labios entreabiertos se estamparon un suave beso. Nuestras caras ruborizadas se alejaron con timidez. Un ventarrón inclemente rompió con la continuidad del momento llevándonos al siguiente en la serie de momentos de la vida. Seguimos caminando sobre la azotea, con cada paso que dábamos el sabor del beso se diluía en la lejanía del  pasado, y con cada paso que dábamos la oscuridad latente en mi alma crecía en omnipresencia.  Su mano despegó de la mía impregnada por el sudor frio que ésta emanaba.

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Comentarios:

Escrito por: minerva       30/01/08 17:06
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Tal vez el protagonistas está viendo los sucesos desde el punto de vista científico, y los sentimientos?, Los científicos no tienen sentimientos?..... ella es mujery es o será madre y ella percibe los sucesos de otro, modos. Además vivimos en el siglo XXI, y aunque la gestación es un proceso difícil, no es justo que mueran miles de mujeres en el parto, o niños antes de ver la luz del sol.
Muy bien descritas las escenas, como una película aparecen ante mis ojos, puedo ver la tristeza en sus ojos. me gusta.
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