En una convención de negocios, el empresario exclama con su espléndida convicción etílica: --Mi sueño es que se acabe la pobreza y que todos seamos ricos. Me acerco y le pregunto:--si todos vamos a ser ricos, ¿entonces quién cresta va a trabajar para nosotros?... Con renovada convicción me invita a que brindemos por la buena salud de los pobres.